El mayor pecado de las mujeres es ser mujer

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Tatiana Trujillo Lagos

Como nos lo han venido mencionando en el transcurso de nuestro pregrado, la economía forma parte de todo. Desde las decisiones que tomamos al despertar, el que desayunar, que ropa usar para salir, que tiempo invertiré en mis actividades, entre otras, forman un conjunto de comportamientos que nuestra ciencia estudia. En este sentido, nosotros como individuos formamos parte, por medio de nuestras acciones y condiciones, de un círculo que involuntariamente direcciona la economía y la vida en general, hacia el horizonte en donde hoy nos dirigimos. La mujer y el hombre como agentes principales de esta ciencia permiten estipular las normas bajo las cuales en la actualidad actuamos, sin darnos cuenta de los grandes errores que en el transcurso del tiempo se han venido evidenciando.

El concepto de las mujeres, por ejemplo, siempre ha estado limitado a una dependencia total por los hombres. La delicadeza, las características corporales y físicas de las mujeres se han convertido en su principal enemigo, interrumpiendo desde muchas décadas atrás su aprendizaje, crecimiento y vocación. Hoy, aunque su papel lentamente ha tomado relevancia, siguen estando presentes las diferencias en la voz, participación y remuneración salarial. Estos comportamientos son los que, en la actualidad, permiten aminorar el papel las mujeres, aunque legalmente se encuentren con igual derecho que los hombres.

La prostitución, por su historia, se considera una de las ocupaciones más antiguas. Desde siglos atrás, el sexo ha sido uno de los negocios más fuertes del mundo. Las mujeres, su más valiosa materia prima, han contribuido desde tiempos lejanos hasta hoy para que esta actividad no se detenga y tome importancia en la vida humana, tanto así, que en algunos estados esta ocupación ya es legal. La pregunta sería: ¿Hemos aportado cada uno de nosotros para que actividades como éstas se fortalezcan tanto a pesar de los años? La mayoría de personas trabajadoras de este oficio son mujeres y así como aquí predominan ellas, en otros oficios es todo lo contrario, y si no lo es, simplemente su sueldo se reduce por el hecho de ser mujer.

“A lo largo de la historia, ha sido invariablemente más fácil ser hombre que ser mujer. Sí, es una generalización muy grande y, sí, hay excepciones, pero desde todos los puntos de vista, las mujeres lo han tenido más difícil que los hombres. Aunque los hombres se encargaban de la mayor parte de la actividad guerrera, la caza y los trabajos de fuerza bruta, las mujeres tenían una esperanza de vida más corta” (Dubner, S. Levitt, S. 2011). Así como lo afirma el autor, la vida personal y profesional de las mujeres tiene aspectos que traban su proceso de desarrollo individual. La remuneración la vemos reducida por ser mujer, las oportunidades de igual forma, pues ahora, por políticas gubernamentales que se están ejecutando en varios países, tener a una mujer en un cargo resultará mucho más costoso que un hombre, por el “riesgo” de quedar embarazada.

De esta forma, los comportamientos humanos han estado atados a leyes “espirituales” que han permitido el señalamiento hacia las mujeres. De la biblia por ejemplo, uno de los textos internacionales más importantes, podemos destacar muchos ejemplos en donde la mujer se ve aminorada, reducida, puesta como un servicio para el hombre, únicamente. Estas “enseñanzas” han manipulado cientos de mentes humanas para seguir creyendo esto. Sin irnos muy atrás, ni un ejemplo muy lejano, el creer involuntariamente que las mujeres no sirven para el futbol, para jugar videojuegos o simplemente realizar una labor masculina.

Como estos casos existen muchos más, no solo vulnerando la mujer quien es nuestro tema en este texto, sino incentivando actos que para este tiempo deberían estar tirados en la basura. A partir de esto podemos darnos cuenta de cómo la mente humana está abierta para recibir cualquier tipo de información, opinión, que involucre demás personas de su entorno. El comportamiento humano es diferenciado del de los animales, según expertos, por su racionalidad. Aspectos como el anteriormente comentado puede descartar esta hipótesis, involucrando aspectos económicos y lucrativos que mucho creerán complicado relacionarlo con un tema como estos.

El papel de la mujer en la sociedad, la economía y el comportamiento humano en general forma parte de nuestro día a día y es tarea de cada individuo cambiar eso que por años ha venido estorbando el camino de las que ahora ocupan más del sesenta por ciento de la cobertura universitaria. Cambiar los sesgos es prudente y necesario hacerlo. No nos dejemos llevar por una irracionalidad humana que ya está mandada a recoger, destacando por el contrario, contribuciones en materia económica como la hecha por Dubner y Levitt, por la cual me permitió realizar este texto.

Bibliografía

Dubner, S., & Levitt, S. (2011). Superfreakonomics: Enfriamiento global, prostitutas patrióticas y por qué los terroristas suicidas deberían contratar un seguro de vida (p. 320). Debolsillo.
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