¿Qué tiene que ver el sexo?

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Giselle N. Ávila Marín

Que la economía se cuela en todos los aspectos de la vida cotidiana es cuento viejo. Cuento sí,  pero bastante abstracto, y realmente no todos se lo saben. Me refiero a que, preguntarle a alguien que no estudia la ciencia, sobre qué piensa que es la economía, es obtener una respuesta apresurada sobre bancos, dinero, recursos, inversiones, variables, modelos… en fin, algo lejano y ajeno, pocas veces se le ve como una herramienta para entender las relaciones del hombre con los incentivos a los que responde todos los días de su vida.

Pensemos, por ejemplo, en el sexo. Es una forma sencilla, práctica y cotidiana de mostrar cómo la economía está en todos lados. En el sexo (generalmente) hay dos participantes que llamaremos “agentes racionales”; cada uno interactúa a fin de satisfacer una necesidad, da lo mejor de sí esperando recibir, por lo menos, lo mismo que da, pero cuando esa forma de satisfacer una necesidad se vuelve riesgosa, es decir, más costosa que lo que solía ser, ¿qué hace un agente racional en un mercado, digamos, “tradicional”? Exacto, reemplazar o sustituir.

Las relaciones coito-genitales empezaron a ser percibidas como más riesgosas con la difusión de la información sobre el SIDA y en general sobre las ITS; información a la que tienen acceso todos y en especial personas en la adolescencia que es la etapa donde más inician la vida sexual. Dado que la gente pocas veces opta por abstenerse del sexo, el sexo oral vendría a hacer el papel de lo que la economía conoce como bien sustituto que provoca una disminución en la demanda del otro bien. Sí, como cuando la carne se encarece y compramos pollo. El sexo oral representa una alternativa que evita embarazos e incluso disminuye los efectos de ITS como la gonorrea que, mientras en una relación sexual con penetración puede dejar estéril a mujeres, en el sexo oral produce un simple dolor de garganta.

Con respecto a los embarazos, también existe evidencia recogida en un experimento propiciado por las leyes de Estados Unidos en los que en unos estados los abortos en menores tienen que ser notificados a sus padres y en otros no, y resultó que en los estados donde se debía notificar, los adolescentes eran más propensos a evitar las relaciones sexuales riesgosas. Claramente no solo se trata del sexo oral, sino al uso de anticonceptivos o incluso la abstención y, además, mostraban una baja en los casos de gonorrea entre adolescentes que es a quienes aplica las leyes de notificación.

El punto entonces no es incitar a la práctica o no del sexo oral sino evidenciar, como lo expresa el autor de La Lógica Oculta de la Vida que “la gente racional responde a las compensaciones y a los estímulos. Cuando los costes o los beneficios de algo cambian, la gente modifica su comportamiento. Las personas racionales piensan —no siempre conscientemente— en el futuro tanto como en el presente, ya que intentan predecir las probables consecuencias de sus acciones en un mundo incierto.”.

Y si se permite entender a la información y su disponibilidad (como en el caso en que los adolescentes saben que si se embarazan y quieren abortar, tendrán que consultarlo con sus padres, lo cual no es algo deseable) como un  factor clave o incluso como un estímulo al momento de tomar decisiones, tiene aún más sentido hablar de la economía en la cotidianidad.

Referencias

Harford, Tim (2009). La lógica oculta de la vida: como la economía explica todas nuestras decisiones. Presentando la lógica de la vida.
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2 pensamientos en “¿Qué tiene que ver el sexo?

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