¿Y usted en dónde quiere estar?

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Lukas Francisco Muñoz Rueda

El sol salía en la ciudad, iluminando poco a poco las frías calles que comenzaban a llenarse de somnolientas personas, todas ellas rumbo a sus lugares de trabajo o estudio. A pesar del ajetreo inherente de las grandes urbes, el ambiente allí era de absoluta serenidad, calma que sólo podía ser entendida como la confianza en el otro, la seguridad de que se llegará a destino sin mayor contratiempo. Sin duda alguna la implementación de un sistema de vigilancia capaz de medir el coeficiente criminal de cada individuo había sido el mayor avance en cuanto a convivencia respecta.

Este coeficiente, medido como un valor en una escala numérica, exponía la propensión de un ser a cometer un crimen, importante herramienta que permitía poner bajo custodia a aquellos que, independientemente de si habían o no cometido una violación a la ley, mostraban valores superiores a los permitidos. Así la elección de obrar de cierta manera se veía imposibilitada por el sistema, y el tomar ventaja de otros o cualquier acción netamente egoísta era evitada por el miedo a elevar su grado de maldad y terminar así preso, o peor.

Con todo lo anterior, los días allí transcurrían a paso seguro, predecible, controlado. Aquellos aptos para gozar de “libertad”, entendida esta únicamente aquí como no estar preso, tenían trabajos asignados por el omnipotente sistema, y en él se desempeñaban hasta el ocaso de sus vidas. Es este el hipotético futuro que presenta el anime Psycho Pass (2012), escrito por Gen Urobuchi, que permite a su espectador sumergirse en un debate interesante acerca del papel de la voluntad y la toma de decisiones del individuo.

Visto superficialmente, el sistema absoluto que rige la “utópica” nación podría ser alabado como el fin de las preocupaciones sociales, una vida asegurada, para bien o para mal, por una fuerza externa a las voluntades humanas. En una estructura tan organizada, profesiones como la abogacía desaparecen, ya que el software emite un juicio definitivo, sin posibilidad de apelación. De igual manera, el trabajo policiaco se transforma en un rol de verdugo que se encarga de ejecutar las sentencias que el sistema dicta.

Sin embargo, semejante nivel organizacional resulta en una terrible pérdida para los seres humanos, ya que la capacidad de elección se ve diezmada. Se nota aquí la imposibilidad de pensarse a sí mismo. El elegir un rumbo y darle un significado a la vida se presenta como un absurdo, y lo único importante es mantenerse dentro del sistema, para poder así gozar de sus beneficios. Quizá un mundo así donde no se tenga un poder de elección, a pesar de los beneficios, carezca de todo sentido, sobre todo si se es profesor de teoría de juegos.

Pero el debate sobre la renuncia de ciertas libertades a favor de un bienestar social no es cosa reciente: ya la necesidad de reglas sociales y la abolición de las “libertades naturales” fueron expuestas por los contractualistas del siglo XIX, quienes afirmaban unos valores comunes para la convivencia (Fabra, et al. 2015). Ahora bien, el derecho que impone limitantes, se debe aclarar, no regulan ni la moral ni las creencias particulares, sino que se limita únicamente al estudio de la norma jurídica válida desde la razón como fundamento del estado. Por consiguiente, el accionar humano, a pesar de las limitaciones que impone la norma, aún decide sobre su moral, sus preferencias y su comportamiento propio.

Entonces, la pregunta así se muestra centrada sobre si es conveniente condicionar y someter la libre elección a favor de un mundo como el presentado en la serie tomada a manera de ejemplo. Este tema se sale ya de las manos del derecho, y la responsabilidad de llevar a cabo un análisis recae más bien en ciencias sociales como la economía, sociología y la filosofía. Así, desde esta nueva óptica, lo primero sería encontrar cómo la estructura social repercute en la formación de un único ente, para luego determinar o intentar hacer una aproximación a una respuesta para este tema.

Y respecto a esto se encuentran un sinnúmero de ejemplos que demuestran la compleja relación entre el uno y la totalidad. Así, como interesante ejemplo desde la psicología, la universidad de Harvard ha encontrado luego de décadas de estudio poblacional, que las relaciones sociales les proporcionan a los seres humanos una mejor y mayor calidad de vida a largo plazo (Waldinger, 2014). Así mismo, desde la economía resultan evidentes las necesidades de la convivencia en grupos.

Sólo basta con ver la obra de Adam Smith quien en su libro investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones (1776) explica las bondades de la división de trabajo para aumentar los niveles de producción, lo que implica la necesidad de aglomeraciones. Empero, esto no le significa a la comunidad un papel absoluto dentro del desarrollo humano, y así lo demuestra Levitt (2005) en su libro freakocomics, donde, luego de un estudio que pretendía investigar sobre un posible vínculo entre el desempeño académico y las condiciones de vida de estudiantes en Estados Unidos, no logró encontrar una correlación entre las calificaciones y el estrato socioeconómico.

Dado lo anterior se puede deducir que la sociedad, a pesar de establecer una serie de parámetros para todos (dada a la existencia de la norma jurídica) y de ser necesaria por las ventajas que ofrece frente al aislamiento total, no le impone al individuo que tome por sí mismo las decisiones de su vida, siempre y cuando estas se encuentren dentro del marco normativo. Sin embargo, sí se aprecia en la realidad un sometimiento voluntario de la unidad frente a la masa, y esto se debe a la sensación de protección y a la simplificación de las decisiones al estar con el grupo.

Respecto a esto, curiosamente en el mismo texto de freakonomics, y tal vez a manera de mostrar que no existe un parámetro absoluto social, el autor narra la historia de dos hermanos viviendo en condiciones paupérrimas, pero que a pesar de las adversidades uno de ellos logra superarse, salir adelante y convertirse en un destacado economista, mientras que el otro termina en el mundo de crimen, alimentando así ese contexto en el cual creció (Levitt y Dubner, 2005).

Igualmente, y a manera quizá de ejemplo más cercano a la realidad colombiana, hace poco un post publicado en Facebook, en una página de estudiantes de la universidad Nacional, preguntaba por el motivo por el cual los lectores de la publicación seguían viviendo. Fue muy sorpresivo encontrar que, a pesar del nivel de formación de los integrantes del grupo, un poco más de la mitad de los que respondieron (50 estudiantes) argumentaban no haber pesado sobre ello, o bien esgrimían una respuesta de conformismo con su situación actual. ¿Qué significa esto? Un rechazo a salir de la zona de confort, donde los contextos y la sociedad tienen mucho peso y facilitan la toma de decisiones. Parece ser que resulta más fácil dejarse llevar por la corriente que atreverse a moverse más allá. No sin motivo la filosofía de Nietzsche propone, aunque ya de manera algo radical, un rechazo a la imposición de valores dados por un sistema, a favor de la búsqueda individual de principios. (Lopez, 2013)

Ya no hace falta nada más para entender que es imposible homogeneizar a la población en cuanto a una única manera como la sociedad ejerce su influencia. Aquel grado de dominio de sí mismo aparece entonces como diferenciador que permite observar la existencia de dos grandes grupos: aquellos que se dejan llevar por las fuerzas de las mayorías y aquellos que desean imponerse sobre estas. Dirigentes y dirigidos, pues, interactúan a diario, pero son los primeros quienes dan las pautas que crean y comandan las acciones de los otros o, en otras palabras, forman en mayor o menor medida valores. Y estos que comandan acciones lo hacen movidos o bien para su propio beneficio, o bien para el beneficio tanto suyo como de un grupo en general.

Aunque esta diferenciación de la población pueda resultar algo incómoda, parece ser la particularidad de las interacciones humanas. Es así como los conceptos de puntualidad, listas de asistencia y muchas otras medidas suelen ser, por un lado, impuestas por aquellos con el poder y la voluntad de hacerlo (cada quien con su motivo particular) y, por otro lado, aceptadas sin mayor problema por parte de la multitud. Las ventajas de admitir estos mandatos sin mayor oposición resultan claras, en el sentido en que simplifican la toma de decisiones hasta el punto de que resolver entre opciones tales como asistir / no asistir terminan por ser un mero cálculo de utilidades impuestas por un sistema de incentivos o castigos, mas no el resultado de una valoración propia y a conciencia.

Ahora bien, una vez planteada la estructura, sólo falta nombrar a la herramienta que permite a un pequeño grupo dominar en cuanto a sus valores, comportamiento y moral a uno tan grande. El responsable: nada más y nada menos que la teoría de juegos y le economía conductual, que al descubrir en qué se basan los ítems anteriormente nombrados, deja la posibilidad de su manipulación. Derecho y economía se muestran, entonces, como las formas eficaces de control, que parecen complementarse y hasta abrir la puerta al imaginario mundo del anime Psycho Pass.

Finalmente, y para responder la pregunta sobre si es mejor o no un sistema que limite las posibilidades de elecciones y estrategias, parece prudente afirmar como beneficioso socialmente el mantener a la gran mayoría, que parece así desearlo, en la paz que proporciona la implementación de los valores, aquel ideario del “coeficiente de criminalidad”.

Bibliografía:

Levitt, S. D., & Dubner, S. J. (2005). Freakonomics: A rogue economist explores the hidden side of everything. New York: William Morrow.

López, F., (2013) Metafísica y nihilismo. Bucaramanga, Publicaciones UIS.

Escritor G. Urobuchi; Director N. Shiotani; (2012) Psycho Pass. Fuji TV

Smith, A., & Wight, J. B. (2007). An inquiry into the nature and causes of the wealth of nations. Petersfield Hampshire, England: Harriman House LTD.

Fabra, J., Núñez, A., (2015) Enciclopedia de filosofía y teoría del derecho, volumen uno. México D.F. UNAM.

Waldinger, R. J., Cohen, S., Schulz, M. S., & Crowell, J. A. (2014). Security of attachment to spouses in late life: Concurrent and prospective links with cognitive and emotional wellbeing. Clinical Psychological Science August 18

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