Cría fama y échate a la cama

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Laura Victoria González Chacón

Roberto Rangel

Existe un dicho popular, como esas concreciones sintéticas de la sabiduría popular, con el que las abuelas insistieron a sus nietas, las madres a sus hijos y solo después de que se vieron las consecuencias de ignorarlo se aprendió a sobrellevar. Cría fama es contemplar que la fama se ve configurada a través del tiempo, es cultivada y definida como reflejo de nuestras acciones y decisiones, o por lo menos, de lo que los otros pensaron que fueron nuestras decisiones y acciones. Pero, ¿échate a la cama? ¿Acaso la fama trabajará por mí?  ¿Me puedo fiar de ella para que realice un trabajo regularmente por mí? Al parecer mi abuela quería decirme con eso, que la fama tiene fuertes implicaciones sociales, pero responder esas preguntas solo será posible a partir del entendimiento de la fama como reputación en el marco de interacciones estratégicas.

Mi familia fue por algún tiempo proclive a las celebraciones y las fiestas, se realizaban en la casa de algún tío o de algún amigo del barrio, variopinta gama de bailadoras, gorreros, galanes, quinceañeras y bufones transitarían por algún pasillo y dejarían las cervezas a medio tomar en la pila del lavadero. En tal variedad y con el paso del tiempo, noté que una de mis primas desaparecía repentinamente junto con algún allegado. Desaparecía con alguno que alguien había traído, con un amigo de un amigo, o con el hijo de la amiga de doña zutana, caras poco reconocidas y novedades en el círculo parecían ser los preferidos por mi prima.

Esto sucedió algunas veces sin que incomodara a alguien, pudo ser la tradición liberal o la tolerancia al hedonista, no pasaba de ser un hecho divertido o material para un chiste ligero cuando se estaba en confianza. Un día de una fiesta de aquellas, uno de mis amigos había caído en la tusa más inmunda del cochino mundo romántico, como buen amigo, supe que lo que le hacía falta a él, era un clavo que le ayudara con ese que tenía clavado en el Cora (Con eso de que un clavo saca otro clavo). El clavo, rápidamente, supe que sería mi prima, una inversión confiable pues mi amigo seria novedad en la fiesta, además de que los presentaría yo mismo con cierta picara intención.

Plan infalible, pero solo sobre la base del conocimiento del comportamiento previo de mí prima en algunas otras interacciones. Entre chiste, chanza y guaro se dieron las cosas, el plan se consumó en la cama de algún infante ausente. Lo fatídico seria que mi amigo no solo se sacó el clavo que traía, sino que se dejó este otro nuevo clavito enterrado. Él se encarretó con mi prima, le quedo gustando, y al ver que mi plan tomaba nuevos horizontes decidí intervenir temprano. Comenté a mi amigo de cierta inclinación mostrada por mi prima y de las precauciones que podía tener para con su malherido corazoncito. De pronto, por las suaves palabras mi amigo decidió ignorar mi aviso. El caso no terminó bien, resulto mi prima con un amigovio intenso y enamorado; y el pobre aquel terminó con una novia bastante dicharachera y valegüevista que le dio más de un dolor de cabeza y dudas sobre su salud sexual.

Ahí entendí todo. Mi prima buscaba compañeros que no tuvieran reputación que los precediera en nuestro círculo social frecuente, así se evitaba uno que otro inconveniente, se aseguraba la sorpresa, se evitaba chismorreos de las viejas, y el deslinde se podía producir rápidamente, en la mayoría de los casos. Mi amigo ignoró la reputación alegre y desordenada de mi prima, se entusiasmó con ella y al final quedo con otro clavo en el corazón. Ella no sabía que mi amigo era un enamoradizo fatal y apasionado, no conocía su reputación. Si todos hubieran atendido a cierta información contenida en la “fama”, pudieron ser menos las pataletas y los clavos en los corazones.  De pronto el error fue mío, al confiarme de la reputación de mi prima e ignorar la de mi amigo, nunca pensé que el plan fraguado tendría consecuencias posteriores. El plan se mantuvo en secreto para todos, casi me lo llevo a la tumba como una lección privada sobre reputación.

Pero la lección sobre reputación no podía parar aquí dada su importancia. La reputación toma forma en la medida que participemos de juegos repetidos o con determinada frecuencia en donde los otros jugadores posean un banco de memoria, individual, o colectivo, ya sea un voz a voz, un sistema de puntajes, o un seguimiento estadístico. En todo caso las predicciones que ellos pudieran hacer referentes a nuestras decisiones las elaborarán sobre la base de nuestra conducta previa, este comportamiento esperado se configura como nuestra reputación, o como dice el dicho, fama.

Para Thomas Schelling la reputación es una de las respuestas a la pregunta: ¿Cómo se las arregla una persona para hacer creer algo a otra? Naturalmente sería más fácil si lo que se debe hacer creer al otro es verdad (Schelling.1964. p-38). Mi amigo me pudo hacer creer fácilmente que era un enamoradizo corta venas, pero mi prima no hubiera podido convencerme de su castidad y falta de candidez. La reputación es un capital que se cultiva, y si bien, a pesar de la imposibilidad en el largo plazo, podría edificarse sobre mentiras, tendrá repercusiones a la hora de cualquier negociación y la resolución de cualquier conflicto, pues es parte de la información con la que debe contar el negociador antes de arriesgarse.

Cuando se entiende así, y se es consciente de su valor, la reputación puede ser un poderoso medio de compromiso en aras de la credibilidad, y puede empeñarse como prenda dentro de una negociación (Schelling.1964. p-44), cuando esta se da ante algún público o serán públicos sus resultados. Es por esto que un ámbito vital en el buen uso de la fama es la presencia o no de público en las negociaciones. Secreto vs público es una de las primeras decisiones que debe tomar un negociador, y le será ventajosa su reputación en la medida que se mantenga con firmeza en la postura adoptada, esto define el “valor reputación” y está íntimamente ligada con el uso y eficacia de amenazas y promesas contando con que está asociada a la credibilidad en juegos repetidos (Palacio.2015.p-5).

No hubo más ganancia que la del aprendizaje aquí condensado que atestigua que en ausencia de reputación, cuando no se cumple lo esperado o acordado, “disminuye la eficiencia de la interacción estratégica para todo el grupo” (Palacio.2015.p-19), ya no pude hacer chistes con mi prima y recurrimos junto con mi amigo en nuevos costes para tratar la tusa, además no lo pude volver a invitar a la casa. Muy seguramente la reputación de mi prima le convenía conforme sus divertidos fines pues abarataba los costos de transacción para ambas partes, mientras mi amigo ahora duda de su heterosexualidad, y ya se está haciendo fama.

Referencias:

SCHELLING, Thomas. La estrategia del conflicto. Traducción de Adolfo Martin. Madrid: Editorial Tecnos, 1964.

PALACIO, Luis; CORTÉS, Alexandra y MUÑOZ, Manuel. The bargaining power of commitment: An experiment of the effects of threats in the sequential hawk dove game. En: Rationality and society. 2015. Pgs. 1-26.

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