El coste de las normas sociales

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Yelitza Ernestina Caicedo Vera

Las trampas del deseo: Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error, escrito por Dan Ariely, cuestiona comportamientos clásicos del ser humano, que muchas veces nosotros mismos no sabemos por qué lo hacemos, como prometernos hacer dieta y no llevarla a cabo nunca. Pero en el cuarto capítulo, El coste de las normas sociales: por qué nos gusta hacer cosas, pero no cuando nos pagan por ello, ha llamado específicamente mi atención, debido a que explica que en la vida existen normas sociales y normas mercantiles, las cuales no pueden convivir simultáneamente, pues pueden crear un mundo caótico para nosotros.

De esta manera, inicia este capítulo recreando una escena de una cena familiar, en donde la madre de la protagonista ha preparado su receta favorita, por lo que la hija en agradecimiento le ofrece dinero, lo cual hace que se cree tensión en la familia. Es así como se explica el subtítulo del capítulo, debido a que la madre hacía esto por amor, pero al ofrecerle dinero, ya no siente el mismo entusiasmo, o termina siendo una ofensa, esta recreación es para mostrar que la norma social adecuada hubiese sido llevar un obsequio, como una botella de vino, con lo que la madre hubiese quedado feliz, pero al ofrecerle dinero, se convirtió en una norma mercantil, la cual, evidentemente no va muy bien en estos casos.

Otro ejemplo que da el autor, es el caso de una cita, si el chico invita varias veces a una chica a cenar, evidentemente lo hace con una intención de conseguir algo a cambio, pero si al cabo de 4 citas no ha acontecido nada, y este decide decirle que él ya la ha invitado a salir y que espera un beso a cambio, esto hace que las normas sociales, se conviertan en mercantiles y termine realmente nada favorable para él. Es así como se muestra que estos dos temas diverjan completamente, pero también estas normas pueden ser utilizadas inteligentemente.

De esta manera, jugó la Asociación de Jubilados de Estados Unidos (AARP), pues les consultó a un grupo de abogados si bajarían sus tarifas a 30 USD, para lo cual estos se negaron, debido a que era muy bajo para su trabajo, ya que se les estaba hablando en términos de normas mercantiles, pero esta respuesta dio un vuelco, cuando les preguntaron si asesorarían a jubilados necesitados gratuitamente, a lo cual respondieron de manera mayoritaria que sí, lo que es completamente inesperado y pues fuera de toda racionalidad, pues ahora no tendrían ningún incentivo para hacerlo, simplemente no tendrían beneficios monetarios, pero en este punto eso ya no tiene importancia, debido a que esto ya corresponden a normas sociales.

Finalmente, Dan Ariely, se enfoca en la importancia de las normas sociales, más que las mercantiles, pues estas logran mover los sentimientos de empatía de los seres humanos, pues demuestra que nosotros estamos dispuestos a hacer más por los demás de una manera gratuita o a cambio de un pequeño detalle, que a cambio de dinero, evidentemente bajo ciertas condiciones, el hecho es que nos recomienda volver a la antigua urbanidad, donde ser cortés vale más que algo monetario, ya que el dinero físicamente no puede expresar los sentimientos humanos.

De esta manera, este escrito y en particular este capítulo, logra compaginar completamente con la teoría de juegos, en donde el comportamiento humano es el punto central, debido a que muchas veces aunque como individuos creemos que podemos sacarle el máximo provecho a todo, en particular un provecho monetario, se muestra que vamos mucho más allá donde los sentimientos tienen un gran campo de acción, pues en repetidas ocasiones en realidad no esperamos un intercambio monetario a algo que hacemos de ‘corazón’.

Es así como Dan Ariely demuestra que el comportamiento humano es todo un acertijo, de esta manera nos lo hace ver en el capítulo siguiente, que aunque él no lo ligue directamente con el que hemos hablado en la presente columna, tiene mucho que ver, y es que cuando el ser humano se ve enfrentado a ciertas emociones sus normas sociales cambian por completo, como lo evidencia en el experimento que hace sobre la excitación sexual, en el cual muestra que si una persona está excitada puede hacer cosas fuera de la ley o de lo ‘moral’ como sentirse atraído sexualmente por una niña de 12 años, o conservar la posibilidad de forzar a una mujer a tener relaciones sexuales, cuando ella se opone, o suministrarle drogas o alcohol para hacerla sexualmente más vulnerable, donde se superó por encima del 100% las respuestas afirmativas estando excitados que cuando no lo estaban, lo que deja mucho para pensar y estudiar respecto a la influencia de los sentimientos en las decisiones de los seres humanos, y como pueden afectar a otras personas de forma negativa.
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