El costo social y la moralidad de la parapolítica

2317

Jose L. Moreno Castellanos

Resumen

El conflicto armado en Colombia se acentúa con la entrada en escena del paramilitarismo. Lo cual hará de la resolución de este un proceso más complejo y de mayores costos para el grueso de la población, principalmente la campesina. Desde esta perspectiva este artículo argumenta que los parapolíticos carecen de moral. Sobre la base del teorema de Coase se sostiene que la demanda de paramilitares por terratenientes fue un costo que tuvo que asumir las víctimas del conflicto. Por último, se pone en evidencia la existencia de un mercado de principios morales. Reflejado en las instituciones extractivas.

Palabras Clave: Teorema de Coase, paramilitarismo, instituciones extractivas. JEL: H21, H23

El teorema de Coase y el paramilitarismo colombiano

Cuando Ronald Coase en 1960 se interrogaba por “las acciones de las empresas de negocios que tienen efectos perjudiciales sobre otros”, formulo una teoría del costo social que pretendía una formulación más eficiente de las acciones emprendidas por las partes (Cassidy, 2013). Lo anterior requeriría suficiente información y que las partes involucradas en el conflicto se pudieran reunir: Con el cumplimiento de ello la negociación se daría sin hacer uso de la intervención del gobierno.

La necesidad de contar con información completa y la reunión de las partes hace que en situaciones (complejas) sea difícil su operación. Una situación de esta índole fue la que quisieron resolver por vía propia los ganaderos y terratenientes que se vieron afectados por la “vacuna” guerrillera, la extorsión y el secuestro. En este sentido, los demandantes de seguridad interpretaron el teorema de Coase en los siguientes términos: dado que A ocasiona daño a B tiene que interrogarse por: ¿Cómo se puede restringir a A? La respuesta es que “esto es erróneo (…) La cuestión real que debe decidirse es: ¿Debe permitirse que A dañe a B o que B dañe a A? La cuestión es evitar el daño mayor” (Coase, 1960). La complejidad de lo anterior radica en reconocer que si bien Coase admite que la primera interpretación es incorrecta, es inmediato pensar que esto se debe al costo social que hasta el momento ha sufrido la población víctima del paramilitarismo, sin embargo, ¿cuál ha sido el costo asumido por los creadores de estos grupos? Es decir, ¿quiénes han sido los realmente perdedores? Otra de las interrogantes que podrían surgir es: ¿los nefastos resultados se encuentran correlacionados por la participación del gobierno en este escenario?

No cabe duda que lo que buscaba Coase era someter a las partes a la negociación con el fin de que se obtuviese un dictamen entre ellas favorables a las dos, es decir, un arreglo voluntario. En este sentido y teniéndose en cuenta que la reunión y la información se obtiene, inmediatamente se infiere que la participación del gobierno como juez no representa utilidad, por el contrario genera mayores pérdidas. Entonces ¿hubiese sido conveniente dejar a los interesados negociar sin que en esta negociación o contrato hubiese participado el aparato estatal? Esto es muy contraituitivo. En cuanto a que los servicios que se estaban comprando no eran compatibles económicamente hablando, esto es: ¿quién piensa en comprar policías o soldados? En un sentido estrictamente económico. No hay un mercado de policías y soldados. Sin embargo, las políticas y la gobernabilidad corrupta dan origen a este tipo de mercados, es decir, a instituciones extractivas por usar la terminología de Acemoglu y Robinson. De aquí que la participación tan activa del Estado como promotor y socio de estos grupos tuviesen los efectos tan nefastos en la población más neutral, es decir, en aquella que solo LUCHA por la subsistencia.

La moral de los parapolíticos

El conflicto armado colombiano es complejo en la medida que involucra escenarios poco comunes en otras naciones, dentro de estos cabe destacar a la parapolítica. La interpretación que cualesquiera puede hacer de ello es que no hay moral. Siguiendo a Thomas Scanlon la moral individual no es otra que un estándar aplicado a cualquier persona cuyo objetivo se traduce en determinar la permisibilidad y la reprochabilidad de las acciones individuales (Scanlon, 2010). Este concepto supone que los actos emprendidos por políticos tales como aquellos que acordaron el pacto de Ralito caen dentro de la categoría de una moralidad individual que hay que reprochar y someter a justicia.

Destáquese que la forma de actuar moralmente no depende del sentirnos observados. Más allá del que “nadie esté viendo” se encuentra lo que es justo. Esta es una regla aparentemente deontológica, es decir, un comportamiento por principios. Sin embargo, se enmarca más dentro del conocido consecuencialismo ya que la importancia de la moral individual debe encontrarse en consonancia con el compromiso de propiciar el bienestar social más allá de la “acción por los principios que encarna o lo inspiran” (Hernandez, 1998). Es decir, la regla a seguir debe ir más allá de estos principios, precisamente dentro del escenario parapolítico colombiano que estamos analizando vemos como esos “principios” se venden o se compran. En términos económicos una vez más: hay un “mercado de principios”.

Scanlon nos dice: “Seguirá siendo incorrecto atacar a una persona que no representa una amenaza para nosotros incluso si la mayoría deja de observar este comportamiento” (Scanlon, 2010a). Esta acción en el sentido que queremos mostrar aquí debe darse por tener como consecuencia el bienestar. Lo cual nos ubica dentro de la llamada teoría bienestarista. Siguiendo una vez más a Hernandez (1998) cabe aclarar que nuestro escenario no hace uso de la teoría económica normativa propugnada por Amartya Sen en cuanto a que los actores: víctimas de la violencia y el conflicto son vistos desde nuestra perspectiva como agentes por defender y proteger (de las masacres y violaciones a sus derechos vitales) contrario a brindarles posiciones más elevadas como podría ser garantizarles mejores salarios, vivienda digna y salud de calidad.

La parapolítica es el reflejo de que las acciones de una persona se encuentran en función del grado de relación que tenga cada individuo con ellas, en otros términos, por regla todos optamos por decir la verdad. El consecuencialista tiene en cuenta la cantidad de mentiras que se pueden desatar por el engaño, por su parte, el deontológico dice la verdad siguiendo sus principios, es decir, más allá de las consecuencias que la mentira acarrea se encuentra el no actuar de forma hipócrita (Cejudo, 2010). Los parapolíticos no han sido ni lo uno ni lo otro. No importan las consecuencias, ni tampoco dejar de lado los principios propios y constitucionales que están llamados a seguir y a obedecer. Sus acciones están encaminadas a su beneficio propio.

La moral institucional de la parapolítica

La parapolítica no debe ser vista como el ejercicio de “unos cuantos” funcionarios. También reclama analizar las instituciones enteras que permeó. De allí que nuestro análisis moral para-institucionalista empiece por concordar en que: una institución es una práctica generalizada o de mutuo acuerdo, es decir: “Una institución existe allí donde las personas no sólo actúan en conformidad con ciertos estándares, sino que además tienen la convicción de que muchos otros también lo hacen” (Scanlon, 2010b). Definido lo anterior esclareceremos que nuestro objetivo radica en mostrar un análisis moral-institucional-económico, de allí que para efectos de este cumplimiento, destaquemos la obra de los economistas James Robinson y Daron Acemoglu: por qué fracasan los países.

Para entender la formulación de Acemoglu es importante comprender que la naturaleza de las instituciones “se refiere a las reglas, tanto formales e informales, que gobiernan nuestra vida económica y política” (Acemoglu, 2012). Es el cumplimiento de estas reglas el que determina la naturaleza de la pobreza o riqueza de los países. Pero sin introducirnos en el tema de la pobreza, podemos señalar sin ambigüedades que la moral de las instituciones colombianas involucradas en el tema parapolítico ha contribuido al aumento de la pobreza expresada está en su forma más extrema: desplazamiento. Acemoglu destaca que la regla son las instituciones extractivas y la excepción las inclusivas. Pues las primeras permiten concentrar el poder en las manos de una elite, en nuestro caso elite paraestatal.

James Robinson (2013) expone el caso del congresista Fabio Valencia Cossio. Quien en 1998 logró la segunda votación más alta votada por un senador, superado sólo por la votación de Ingrid Betancourt quien fuera posteriormente candidata presidencial y luego víctima de un largo secuestro. Valencia Cossio, fue posteriormente Ministro del Interior bajo el gobierno de Uribe, supo exactamente cómo “apilar” votos como lo sugirió Ramón Isaza el líder de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio cuya ayuda él solicitó en elecciones “ganadoras”. Entonces, una explicación para la durabilidad del caos en la periferia es que, facilitando acuerdos como el que Valencia Cossio trató de hacer con Isaza, el sistema hace mucho más económico para las élites la consecución de votos. Las élites en todo caso ven muy costoso construir capacidad estatal en las áreas rurales y prefieren éste tipo de pactos (Robinson, 2013).

Lo anterior permite observar, siguiendo a (Estrada, 2009), que la racionalidad de los paramilitares involucra alcanzar objetivos tales como influir políticamente, es decir, el logro de representación. Concluye Robinson diciendo: “Fundamentalmente, todos los problemas que Colombia tiene se derivan de la forma como ha sido gobernada” (Robinson, 2013 a).

Conclusiones

En el prefacio de Libertad, Igualdad y Derecho Sterling McMurrin menciona: “en los últimos años ha habido un notable aumento del interés por las cuestiones fundamentales de la moralidad, tanto personal como social (Rawls, Fried, Sen, Schelling, 1987).” Es precisamente esto a lo que Thomas Scanlon identifica con “la moral individual y la moral de las instituciones”. Por otra parte, se ha demostrado que los parapolíticos carecen de moral, lo cual resalta la existencia de un mercado de principios. La justificación de esto obedece a la estructura corrupta que ofrece privilegios en las cárceles. Por su parte las estructuras paramilitares obedecen a lógicas de alta racionalidad, las cuales le permiten obtener representación estatal.

Bibliografía

Acemoglu, D. (2012). Los origenes del poder, la prosperidad y la pobreza. El Cato, www. elcato. org/los-origenes-del-poder-la-prosperidad-y-la-pobreza.

Milgrom P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Madrid: Editorial Ariel, S.A.

Cassidy, J. (2013). Ronald Coase y el mal uso de la economía. Revista de Economía Institucional, 15(29), 321-325.

Coase, R. H. (2011). El problema del costo social1. Economía y Desarrollo, 10(1).

Córdoba, R. C. (2010). Deontología y consecuencialismo: un enfoque informacional. Crítica: Revista Hispanoamericana de Filosofía, 3-24.

Gallego, F. E. (2009). Evolución estratégica del conflicto armado en Colombia.Análisis político, 22(67), 156-181.

Hernández, A. (2010). Amartya Sen. Ética y economía. Cuadernos de economía, 17(29), 137-162.

Rawls, J., & McMurrin, S. M. (1987). Liberty, equality, and law: selected Tanner lectures on moral philosophy.
logo-emar-lab

¡Porque tus decisiones cuentan! ¡Inscríbete al Laboratorio de Economía Experimental del Grupo EMAR y podrás descubrir el valor que tienen tus decisiones! Contáctenos al teléfono (7) 634 4000 Ext. 1152 o al correo electrónico emarlab@uis.edu.co. Estaremos compartiendo información sobre los experimentos, juegos y talleres que organizaremos.

Formulario de inscripción

Facebook EMAR LAB

Columnas relacionadas

2065. Las influencias psicológicas, sociales y culturales que afectan las decisiones

2174. Deliberando alternativas de desarrollo económico y social para el municipio de California-Santander

2312. El cómplice de la ineficiencia social

Anuncios

4 pensamientos en “El costo social y la moralidad de la parapolítica

  1. Pingback: La reconciliación de los intereses individuales | Racionalidad Ltda

  2. Pingback: Los Bula, los Moreno y el riesgo moral | Racionalidad Ltda

  3. Pingback: Los acuerdos informales | Racionalidad Ltda

  4. Pingback: Las tentaciones del riesgo moral | Racionalidad Ltda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s