La paradoja del mercado

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Jesús Manuel Sierra Parada

Postular al mercado como el mecanismo más eficiente a la hora de coordinar la actividad económica (a través de los precios) es uno de los logros más destacables de la teoría económica tradicional. Su fuerza es tal, que en la dinámica contemporánea su aplicación ya es de índole política. Desde el modelo neoclásico de mercado se “supone que los productores y los consumidores aceptan los precios como dados” (Milgrom & Roberts, 1993, p 85), donde cada uno, actuando bajo sus propios intereses egoístas, busca su máximo beneficio y la utilidad personal, respectivamente. Estos postulados ampliamente desarrollados en los siglos XIX y XX tienen sus cimientos en las expresiones intuitivas de Adam Smith sobre la “mano invisible” y se resume en el teorema básico o fundamental de la economía de bienestar.

A partir de allí se asume este teorema como un axioma de la ciencia económica y se crea un constructo matemático que valida al mercado como el sistema más eficiente, no solo para solucionar el problema de la coordinación sino, también del bienestar de la sociedad, pues admite que un equilibrio de mercado es a su vez un óptimo de Pareto socialmente eficiente. Siguiendo con las ideas de Milgrom, los atributos del sistema de mercado residen en que para su buen funcionamiento no hay que halagar, inducir artificialmente u obligar a la gente a que cumpla su papel; se permite, en cambio, que cada uno persiga sus propios objetivos como considere más conveniente. Esto es así porque, las fuerzas impersonales del mercado, la mano invisible, llevan a las personas a realizar las acciones necesarias para alcanzar un conjunto de elecciones eficiente y coordinado (p. 34).

No obstante, para autores como Sen (1997), la utilización de modelos matemáticos que demuestran que las asignaciones que genera un sistema de precios son siempre eficientes para el conjunto de la sociedad es una presunción reprobable pues en la realidad el mercado no es todo lo que se necesita para conseguir el bien común. El carácter abstracto de los supuestos y el valor moral del mercado entran en su crítica (p. 16).

Otros autores como Polanyi (citado por Prieto) sugieren que el atomismo —cada uno de los sujetos que participan en el mercado  existen y actúan por cuenta propia— está mediado por el dinero de cada transacción, convirtiéndose así la maximización dineraria en el fin último de cada individuo, no como una consigna natural sino como resultado de una estructura institucional de mercado. (p. 25). Así mismo, Polanyi no desconoce el valor integrador que tiene el mercado dentro de la actividad económica pero también considera que es este el que determina a la política, a la sociedad y a la cultura, (p. 25). Por lo tanto, las actuaciones del mercado se justifican como un modo de vida racional dentro de la cotidianidad de las sociedades.

En defensa del mercado, hasta que no aparece Ronald Coase con sus “costos de transacción” todas las externalidades que afectan al sistema de precios, a la coordinación y a la eficiencia sólo eran consideradas como ausencias de mercado. Es decir, el mercado tenía la habilidad de solucionarlo todo, o por lo menos de la forma más eficiente. Ya una vez establecidos los costos de transacción en la teoría económica, se encuentra que ahora las instituciones (organizaciones) asumen el papel de reducir estos costos y lo mismo que con el teorema fundamental de la economía de bienestar, se busca alcanzar fines individuales y colectivos. En este punto, aún persiste la idea del mercado como mecanismo más oportuno para realizar dichas transacciones.

Pero, a diferencia de lo que muchos piensan, el mercado no es eficiente, no logra regularse por sí mismo. Esta es una enseñanza clara que dejó la crisis del 2008, en tal medida, es necesario replantear ciertos puntos de la economía y la política que se vienen implementando en los últimos años y que son considerados como verdades absolutas. Esta invitación no es un capricho, pues tiene la magnitud de ser realizada por algunos de los más recientes premios nobel de economía —Robert Solow, Michael Spence y Joseph Stiglitz—. Este último enfatiza la ineficiencia e inestabilidad del mercado, tal como lo expone en su obra el precio de la desigualdad.

Se supone que la gran virtud del mercado es su eficiencia. Pero, evidentemente, el mercado no es eficiente. La ley más elemental de la teoría económica —una ley necesaria si una economía aspira a ser eficiente— es que la demanda iguale a la oferta. Pero tenemos un mundo en el que existen gigantescas necesidades no satisfechas. Al mismo tiempo, tenemos ingentes cantidades de recursos infrautilizados (trabajadores y maquinaria que están parados o que no están produciendo todo su potencial). El desempleo es el peor fallo del mercado, la principal fuente de ineficiencia y una importante causa de desigualdad (p. 26).

En suma, este andamiaje, en el que se sostiene la teoría económica, se ha alejado cada vez más de una interpretación real y lejos de la rigurosidad científica, coherente con el ser humano y su relación con el ambiente, se ha sustentado en ideas abstractas y conceptos ambiguos que son reforzados con matemáticas y supuestos. El mecanismo de mercado muchas veces se desarrolla bajo estas perspectivas, redundando y excluyendo variables que aporten un sentido verdadero a la misma condición humana. La cuestión no es saber si esta condición puede ser entendida y explicada por la economía, la cuestión es que, lo que se ha hecho es distorsionar y limitar su misma condición, que ha sido encasillada por la facción dominante de la economía y utilizado para someter a los más desprotegidos y sacar los mayores beneficios posibles, a tal grado que se nos han arrinconado ser solo un número dentro de las estadísticas; los problemas sociales, políticos, culturales y evidentemente económicos, no son más que problemas de aleatoriedad dentro de algún modelo de esta estadística.

Referencias

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Madrid: Editorial Ariel, S.A.

Stiglitz, Joseph E. (2012). El precio de la desigualdad. El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. Editorial Taurus.

Sen, Amartya K. (1997). Bienestar, Justicia y Mercado. Ediciones Paidós.

Prieto, Carlos. (1996). Karl Polanyi: crítica del mercado, crítica de la economía. Política y Sociedad. (21), 23-34.
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