La racionalidad en juegos políticos

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Maria Fernanda Soler

Durante los últimos días alrededor del mundo nos hemos encontrado con la propagación de la noticia sobre el ataque químico por parte de Estados Unidos contra una base aérea en Siria. Existe gran controversia e incertidumbre respecto a dicha situación, para algunos este ataque representa el primer logro político de Donald Trump en el poder, otros afirman que se está poniendo en riesgo toda la población mundial. Así mismo señalan que el golpe genera tensiones en la relación con Moscú, cambia la configuración del conflicto sirio, lanza una advertencia a Irán y Corea del Norte, además, el acto ha sido catalogado como irresponsable e idiota. En síntesis todos están manifestando diversos tipos de reacciones en un sinfín de especulaciones. Lo cierto es que se trata de un juego en el cual cada participante simplemente adopta las estrategias que maximicen sus pagos.

En este caso específico los jugadores son Donald Trump, en representación EE.UU y Bashar al Assad como representante de Siria, de manera que las decisiones que este par de personajes tomen van a repercutir sobre la sociedad, por lo cual, cada uno de ellos debe procurar tomar las decisiones que desperdicie la menor cantidad de recursos posible. Si bien es cierto, este juego para muchos puede parecer absurdo y suele cuestionarse la racionalidad de los jugadores por el hecho de que la cantidad de víctimas inocentes que surgen de este tipo de atentados no es justificable de ninguna forma, todo esto debido a la concepción de que el Estado es el encargado de velar por el bienestar de los individuos de un país en términos de seguridad, salud, educación, entre otros.

Por consiguiente, cuando la sociedad observa que los intereses gubernamentales son otros y que los resultados de las decisiones políticas son contrarios a un estado aceptable de calidad de vida, empiezan a preguntarse si realmente es racional la forma en que los dictadores mueven sus fichas, es natural que se pregunten: ¿Cómo pueden los gobernantes ejecutar acciones que perjudiquen a las personas bajo su mando? ¿Acaso éstos no tienen algo de intelecto? ¿No tienen sentido de pertenencia? Y en otros casos se llega a cuestionar la moral de los mismos.

Considero necesario traer a colación los análisis desarrollados por Ken Binmore al abordar algunos dilemas sociales diarios a partir de un modelo básico denominado por los politólogos como la Tragedia de los Comunes, que según el autor, capta la lógica de una serie de desastres medioambientales que nosotros mismos hemos causado, como por ejemplo la emisión de dióxido de carbono en la atmósfera, la contaminación de los ríos, tala de árboles, entre otros.

En consecuencia, los teóricos de los juegos suelen ser atacados por negar la irracionalidad en el comportamiento individual que genera este tipo de desastres, debido a que no conciben la idea de que una sociedad que diseña su propia ruina sea racional. Preguntándose con indignación: “¿Es que no nos damos cuenta de que todo el mundo estaría mejor si todos utilizáramos en menor proporción los recursos comunes?” Lo cual Binmore cataloga como un error de razonamiento, argumentando que todos somos individuos separados, cada uno con objetivos y propósitos propios, con una forma particular de hacer las cosas y por sus propios motivos.

Dicha afirmación deja claro que en este caso no cabe la discusión de racionalidad, porque las personas hacen lo que quieren, es decir, escogen la alternativa que más les gusta entre aquellas que tienen disponibles. Es cierto que prima el egoísmo ya que indiscutiblemente cada ser humano tiene gustos, preferencias y actúan acorde a ellas. Lo mismo sucede con el juego entre Donald Trump y Bashar al Assad, en el cual cada uno de ellos toman las decisiones más idóneas dentro de sus concepciones aunque parezca cruel; por ende, es posible afirmar que lo más probable es que dichos personajes se estén comportando de forma racional independientemente de las consecuencias nefastas que sus acciones y su forma de jugar generen sobre la sociedad.

Bibliografía

Binmore, K. (2007). La teoría de juegos: Una breve introducción. Madrid: Alianza Editorial.
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