Pescar en río revuelto

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Diana Marcela Méndez Durán

Uno de los debates dentro de la teoría económica que ha tomado gran importancia en las últimas décadas sobre el desarrollo económico de un país, es la forma en cómo están interactuando las instituciones gubernamentales y las organizaciones. La razón principal de aquellas discusiones es el grado de intervención estatal sobre el sector privado y su mercado, cuyas decisiones de gobierno suelen distorsionarse en la medida que genere consecuencias redistributivas en las organizaciones, quienes intentan influir sobre las mismas, en búsqueda de su propio beneficio.

Dicho de otro modo, se hace necesario cuestionar las reglas de juego que se establecen en un marco institucional formal e informal (contratos, derechos de propiedad, sistemas políticos, cultura organizacional, ideologías…), las cuales están sujetas a trabas burocráticas que privilegian y apoyan los intereses de aquellos que tienen el poder de negociación sobre las reglas de juego, dando paso a comportamientos oportunistas, que dan origen a fenómenos que afectan la eficiencia del sistema social, tal  como la búsqueda de rentas. Si bien es cierto, que las organizaciones y las  instituciones del Estado buscan su eficiencia, también es cierto, que éstas no reflejan el interés de la sociedad  en general, “las instituciones no son creadas necesariamente –ni siquiera normalmente– para ser socialmente eficaces” North (1993).

Es tan cierto lo anterior, que su representación está a la luz de nuestros ojos cada día, a través de corrupción, desigualdad, pobreza, miseria, entre otros perniciosos efectos sociales, como resultado de esa interacción entre agentes estatales y de organizaciones que se crean para el disfrute de sus irónicas reglas de juego institucionalizadas e instauradas por ellos mismos, obteniendo altas rentas a costa de los recursos de los demás. A causa de ello, se hace importante abarcar con mayor detalle las ineficiencias sociales que genera la búsqueda de aquellas rentas que no permiten el desarrollo de una sociedad o país.

Antes de continuar, conviene entender el concepto de renta, como la ganancia en exceso de una cantidad mínima que le hace permanecer o aceptar a un trabajador una determinada ocupación, o  le permite la entrada de una empresa a un sector de la economía (Milgrom y Roberts, 1993). Pongamos el ejemplo, de una persona que se encuentra en la disposición de aceptar o permanecer en un trabajo donde le paguen 300 mil pesos semanales. En dado caso que la empresa le pague menos de esos 300 mil semanales, el individuo buscaría otro trabajo. Sin embargo, la actual empresa que lo contrató, le está pagando 400 mil pesos por semana, por ende, su renta es de 100 mil pesos.

Ahora bien, cuando se hace mención al término de buscadores de renta, no implica necesariamente algo positivo como el concepto de renta que se dio anteriormente. De hecho,  “El término rent seeking está diseñado para describir un comportamiento en entornos institucionales donde los esfuerzos individuales para maximizar valor, generan desgaste social más que excedente social” (Buchanan, 2008, p.56). Lo anterior alude a una situación parasitaria de los buscadores de renta en la sociedad, cuyos intereses individuales priman sobre los colectivos, afectando la eficiencia productiva por el derroche de sus recursos para fines lucrativos. Para comprender mejor el concepto de la búsqueda de rentas y algunos de sus costes sociales, pongamos en consideración algunos ejemplos donde se lleve a cabo estas actividades.

Primero el caso de un sector de una economía, que este bien organizado, como lo puede ser la industria, de tal forma que pueda influir sobre las decisiones de gobierno, ya sea de forma legítima o mediante sobornos, para que les dé un tratamiento privilegiado sobre los otros sectores, a través de subsidios y aranceles a la importación industrial, o un trato fiscal preferente en sus actividades. Lo dicho, conduce a un trato desigual que puede obstaculizar el desarrollo de otros  sectores económicos, afectando también a los consumidores que tienen que pagar a precios más altos determinados productos.

Otro ejemplo es cuando las intervención estatal tiene la capacidad de garantizar el monopolio a determinada empresa del sector privado a través de barreras comerciales, que garantice el interés propio del agente gubernamental, ya sea por participación política o por cantidades de capital que supere el coste de oportunidad. Lo anterior implica un gasto de tiempo y esfuerzo para que el agente público acepte y actué frente a la oferta que realiza la empresa, y también todos aquellos gastos que se asocian a la competencia en la que otras empresas disputan para obtener la renta de aquel acuerdo estatal (Buchanan, 1980). Incluso la vida privada de cualquier persona también se convierte en un buen ejemplo de “rent seeking”, dado que muchos suelen realizar grandes esfuerzos para obtener un estatus, reconocimiento o pertenecer a una elite, en lugar de enfocarse en actividades que sean más productivas.

Es oportuno aclarar ahora que esa visión altruista de las organizaciones e incluso del Estado y de toda la sociedad en su conjunto, la cual, al parecer tiene cierta vocación rentística por su propensión a buscar el camino más fácil que le proporcione una ganancia adicional constante, al menor esfuerzo, sin importar la cantidad de recursos que implique su consecución, se debe exclusivamente a la existencia de esas reglas de juego a las que hacía alusión en el párrafo inicial. Así que, evidentemente la raíz y la esencia del problema de la búsqueda de rentas y sus derivados oportunistas que no permiten el progreso de la sociedad es el rol de caos que el gobierno con su marco institucional ha creado y legitimado las trabas al desarrollo económico y social. En consecuencia es pertinente que el diseño de las políticas públicas estén orientadas a reducir en su máximo nivel el grado de intervención del Estado en el sector privado, para que no se de paso al desarrollo de actividades improductivas que despilfarran los recursos de la sociedad, creando ineficiencias en el sistema.

Referencias bibliográficas

Milgrom Y Roberts, (1993): Economía, organización y gestión de la empresa, Barcelona, España: Ariel S.A.

Buchanan. J., R. Tollison y G. Tullock (1980): Toward a Theory of a Rent–Seeking Society, Texas A&M University Press.

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