Riesgo compartido

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Cristian Norberto Gil Ayala

Administrar no es una tarea fácil, motivar a que los empleados cumplan satisfactoriamente con sus metas y logren ir más allá es una tarea aún más compleja.  Cuando se tiene empleados bajo su cargo se debe ser muy astuto para mantener una adecuada provisión de incentivos, ya que al hacer responsable al empleado del desempeño de la empresa, este se verá obligado a hacerlo lo mejor posible porque están corriendo cierto riesgo con sus ingresos futuros. Es por eso que un adecuado contrato no es una tarea fácil, “Los contratos eficientes equilibran los costes de soportar el riesgo con las ganancias de los incentivos que resultan de ello” (Milgrom, 1993).

Hacer al empleado responsable de gran parte del éxito de la empresa es algo que, a pesar de ser un incentivo para que se desempeñe mejor, puede jugar en contra ya que no se sabe si este actúe de la mejor manera dado que raramente se encuentran medidas exactas del comportamiento. Además de que hay factores que inciden sobre el rendimiento de una empresa, que se escapan a la capacidad de los empleados, incluso a las del gerente. Es por esto que no es siempre lo más justo es asignar salarios variables a los empleados puesto que existe una aleatoriedad incontrolable en los resultados obtenidos.

Pero irse al otro extremo de que un empleado tenga un salario fijo, independiente de los resultados, es un grave problema y es lo que se puede palpar en muchos de los servicios que usamos día a día, especialmente en los servicios estatales. Es cierto que hay una serie de trabajadores que son los que dan la cara ante las personas del común, pero en últimas si se esfuerzan para agilizar un trámite o no, van a obtener el mismo salario, por lo que sin incentivos, un trabajador siempre va a hacer la medida de los justo para considerar un trabajador básico. Es ahí cuando Milgrom lanza un salvavidas al hablar de que “Los contratos eficaces establecen un equilibrio entre las ventajas de la provisión de incentivos y los costes de forzar a los empleados a aceptar los riesgos”.

La solución que se plantea es la de compartir riesgos, ya que por ejemplo en el caso de los abogados, estos reciben incentivos para esforzarse a favor de su cliente, pero los ingresos de ambos son inciertos, puesto que el resultado del juicio no está completamente bajo control de los litigantes, pero a pesar de esto, el cliente ha depositado la responsabilidad en su abogado, por lo cual el resultado será producto de sus acciones y soportará un riesgo mayor del deseable. Este caso sencillo donde se identifica las ventajas que puede tener compartir un riesgo, en pro de las ganancias que se puedan obtener.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Barcelona: Editorial Ariel, S.A.
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