Evolución de las instituciones como reglas de juego

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Jesús Manuel Sierra Parada

A medida que más y más se analiza la economía se descubre que no hay una única forma de abordarla y darle sentido. Unas veces se ha acercado a la física y a las matemáticas buscando que sus axiomas también sean fuente de su poder explicativo. Otras veces se ha sumergido en vertientes menos exactas como la psicología, la sociología o la antropología, encontrando en ellas nuevos puntos de referencia. Una de estas formas, que se sale de lo ortodoxo, es el institucionalismo, cuyos postulados se sostienen en que las instituciones permiten simplificar decisiones y limitar el caos, permitiendo la toma de la mejor decisión dentro de las posibles. En resumen, su utilidad reside en que reducen los costos de transacción.

El desarrollo del pensamiento institucionalista se da en el periodo de entreguerras y se denomina institucionalismo norteamericano. A través de sus fundadores y autores más importantes —Thorstein Veblen, John R. Commons y Wesley Mitchell— rechazan la racionalidad ilimitada de los agentes a la hora de tomar decisiones y la maximización de la utilidad individual como base del comportamiento de cada agente económico (Reis, 2007). Básicamente el interés de los institucionalistas es ampliar las variables y estructuras que constituyen y le dan forma al comportamiento económico, necesariamente estas no siempre se encuentran dentro de la base teórica de la economía tradicional, así que recurrir a otras disciplinas y a otras variables es lo que le da sentido a la formulación de la institución como fundamento para la explicación económica.

Commons (1931) define la institución como “acción colectiva que controla, libera y amplía la acción individual” (p. 191). Acciones que no se limitan al comportamiento de los precios, de tal modo que se hace oportuno entablar una relación no solo con las costumbres y hábitos para explicar el comportamiento económico sino a través de otras ciencias sociales. Todo con el objetivo de lograr construir un escenario de la vida económica más realista. Por otra parte, para Veblen (como se cita en Masera, 2014, p. 11) las instituciones tienen un carácter evolucionista que ineludiblemente acarrean cambios humanos y sociales; por tanto se deben tener presente a la hora de generar una teoría de desarrollo económico.

Ya para las décadas de la segunda mitad del siglo XX aparecen nuevos exponentes de la teoría institucionalista, denominados neoinstitucionalistas. Su principal representante, Douglas North, realiza el aporte más relevante en Instituciones, cambio institucional y desempeño económico, en el cual busca sentar las bases para la construcción de un edificio teórico, en donde se integren las instituciones en el abstracto de la teoría económica. Este aporte es importante porque lo que busca es introyectar las instituciones de manera específica en la historia global. Según North (1990), la base de su edificación teórica sería la siguiente:

Mi teoría de las instituciones esta edificada partiendo de una teoría de la conducta humana combinada con una teoría de los costos de negociación. Cuando las combinamos podemos entender por qué existen las instituciones y qué papel desempeñan en el funcionamiento de las sociedades […] Las instituciones existen y reducen las incertidumbres propias de la interacción humana […] Es suficiente decir aquí que las incertidumbres se deben a información incompleta con respecto a la conducta de otros individuos en el proceso de interacción humana […] A partir de esta capacidad considerada junto con las incertidumbres propias del desciframiento del medio, evolucionan normas y procedimientos que simplifican el proceso. El consiguiente marco institucional, como estructura de interacción humana, limita la elección que se ofrece a los actores (p. 43).

De este modo North resalta la capacidad que tienen las instituciones para hacer frente a las limitaciones e incertidumbres ocasionadas por la racionalidad limitada de los individuos, es decir, presenta las instituciones como reglas de juego (formales y no formales) que dan forma al comportamiento humano y limitan la incertidumbre, y a su vez, por ser producto del hombre y de la sociedad, estas evolucionan con el tiempo, de modo que la racionalidad ilimitada y el individualismo metodológico se quedan cortos al no poder integrar estos cambios, productos de la evolución de estas reglas.

Ahora bien, con el anterior arsenal teórico sobre las instituciones, se tratará de ilustrar una institución en particular. Aunque la libertad, la igualdad y la fraternidad fueron los valores de la revolución francesa, un logro que se tiende a pasar por alto, pero que es de suma importancia para el modo en que se desarrolla el mundo en la actualidad y que se logró a partir de dicho acontecimiento histórico, es el de la aparición de la propiedad privada como un derecho de todos los hombres.

La institución de la propiedad privada es esencial en la economía de mercado, siendo este el modelo económico que predomina a nivel mundial, donde a excepción de China, Cuba, Vietnam, y Corea Del Norte que cuentan con una economía planificada (con sus diferentes matices), los países capitalistas se rigen bajo un esquema de mercados competitivos. En este sentido “la institución de la propiedad es la más común y eficaz para proporcionar a la gente incentivos para crear, mantener y mejorar los activos” (Milgrom, 1993, p. 338).

En conclusión, tanto los primeros institucionalistas como los neoinstitucionalistas entienden que los cambios en el comportamiento humano son persistentes y tienden a evolucionar, de tal modo, el comportamiento económico como resultado de esas interacciones humanas no puede explicarse a través de modelos estáticos de precios y de utilidades marginales. Así como tampoco con la creación de más modelos cuantitativos de corte neoclásico. Bajo esta premisa, el carácter institucional es necesario para el enriquecimiento del pensamiento y teoría económica, siendo la institución de la propiedad privada un buen ejemplo de ello.

Referencias

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Madrid: Editorial Ariel, S.A.

North, Douglas (1990). Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. España. Editorial: Fondo de Cultura Económica.

Reis Mourão, Paulo. (2007). El institucionalismo Norteamericano: Orígenes y presente. Revista de Economía Institucional, Vol., 9. (16), p 315-325.

Commons, John R. (1931). Economía Institucional. Tomado de American Review (21), p 648-657. Traducción de Alberto Supelano. Revista de Economía Institucional, Vol. 5, (8), p 191.

Masera, Gustavo Alberto. (2014). La Reacción Institucionalista. Un estudio sobre la heterodoxia económica en los Estados Unidos de América. Revista de Historia Americana y Argentina, Vol. 49, (1)(2), p 11.
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