La ambigüedad en los contratos laborales

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Norida Patiño Pérez

Es muy curioso entender como la gente se pone de acuerdo para realizar determinadas actividades que en líneas generales se puede resumir en la prestación u obtención de un servicio comercial, bancario o personal y que se caracterizan por su complejidad. Esto es posible, en parte, al hecho de ser seres humanos y por ende ser seres sociales que necesitamos de nuestros semejantes para poder vivir y desarrollarnos en sociedad. Lo anterior implica que tengamos que relacionarnos y ponernos de acuerdo día tras día con personas conocidas y también con personas desconocidas. En este sentido nace el interrogante: ¿Cómo es posible lograrlo? Esta pregunta tiene su respuesta en los conocidos contratos que se basan en la vinculación y cumplimiento de obligaciones entre las personas. Sin embargo, esto no quiere decir que sean documentos en donde se expongan todas las contingencias que se puedan presentar en la realización de las obligaciones contraídas, dado a que sería costoso y además imposible de realizar. Es por ello que sus vacíos pueden ser fuente de oportunismo para cualquiera de las dos partes que lo firman.

Anteriormente lo que se observaba con mayor relevancia en la sociedad eran los conocidos contratos de palabra, respecto a ello puedo decir que mi abuelo realizaba negociaciones como la venta de animales, el préstamo de dinero, licencias de construcción de caminos, arreglos laborales (obreros), contratos de animales en compañía y participación, etc., con simples acuerdos verbales, esto no quiere decir que no existieran los contratos formales pues su origen se remontan a la época de los romanos. El sentido de lo dicho anteriormente se basa en el valor de la palabra para aquella época, pues era sinónimo de honor y reputación y bastaba para creer firmemente que se cumpliría lo pactado ya que el deshonor se cobraba con sangre y en menor medida con la pérdida de credibilidad. Otro de los factores que podía influir era el hecho de no pasar por los costos de transacción que los contratos legales acarrean.

Con el pasar del tiempo la corrupción, la mentira y el engaño se fueron intensificando y afectando en mayor proporción a la sociedad, así como también a las élites gubernamentales y con ello también se intensificó la flexibilidad de la justicia frente a los delitos que estas acciones acarrean. Dentro de este contexto es que hoy por hoy los contratos han ido evolucionando y con ello también la infructuosa necesidad de incluir en ellos todas esas situaciones o circunstancias que puedan perjudicar los intereses de las dos partes que negocian. Sin embargo la mayoría de las veces una de las partes, o las dos partes, quieren sacar ventaja de la otra dejando ver el llamado oportunismo. Según Paul Milgrom y John Roberts (1993), cuando se incumplen los contratos incompletos se presenta una variedad de problemas derivados del hecho de que no está explícita o es ambigua la información que en ellos se precisa y esto da lugar a diferentes interpretaciones.

Para demostrar de una manera clara esa imperfección presente en los contratos laborales caracterizados por ser acuerdos marco, es decir, que se establece un marco de acuerdo en el cual se desarrolla la relación sin entrar en detalles de las actividades y su remuneración. Traigo a colación un caso típico que le sucede a cualquier familiar e inclusive a nosotros mismos, esta vez, le sucedió a mí hermano mayor (Omar). El firmó un contrato que superficialmente ofrecía la información de plazo, horas laborales, función y sueldo. En este sentido era por un término de un año, laborando ocho horas diarias, su función: vendedor de mostrador en una grande ferretería y con un sueldo rodeando los novecientos.

Era un empleo nuevo para él, dado que en sus trabajos anteriores no había vendido esta clase de herramientas, sin embargo si tenía experiencia en servicio al cliente. Desde mi punto de vista la referencia que doy de mi hermano es que es una persona muy responsable y muy operativa. En un principio se encontraba muy contento con el ambiente laboral y nunca se presentó ningún inconveniente, de hecho empezó a estudiar una carrera. Pero cuando fue pasando el tiempo se fueron presentando una variedad de contingencias que no estaban estipuladas en el contrato que el conscientemente firmó. En este sentido además de ejercer la función de vendedor de mostrador tenía que hacer roscas y contra roscas para implementos de tubería, pasó a descargar herramientas, ser el domiciliario de la empresa; labores que asumió no contento pero aceptándolo por la obligación contraída. Pero la gota que rebozo el vaso fue que lo mandaron a trabajar en una obra de construcción y con ello aumentando las horas laborales, sin reconocimiento de alimentación ni transporte, y lo que es peor con el mismo sueldo. Por ello, tras frustradas conversaciones con la dueña de esta situación, tomó la decisión de renunciar y además el presentía que ella lo quería despedir.

En conclusión podemos decir que gracias a la invención de los contratos se refuerza en la sociedad los lazos de confianza que permite que las interacciones entre individuos se hagan más rápido, seguro y sin tantas complicaciones, pero aunque ello genera eficiencia en el sentido de que es preferible a la no existencia de los mismos, no se debe eludir el hecho de que al interior de los mismos están llenos de una serie de limitaciones y vacíos que muchas veces repercuten en favor o en contra de las partes que negocian y que se vuelven más complicados mientras el bien o servicio transado no se consuma o se preste con inmediatez. En el caso expuesto no sabría decir quien  perdió más; si mi hermano que sigue sin conseguir empleo, estudiando y con deudas, o la dueña que perdió un buen empleado y seguramente asumirá costos para conseguir un empleado que puede ser en su defecto mejor o peor en su desempeño laboral.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Barcelona: Editorial Ariel, S.A.
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