Los Bula, los Moreno y el riesgo moral

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Nelson Felipe Coy Cómbita

La delegación por parte de una persona a otra para que actúe a su nombre, bajo sus intereses y tras sus objetivos, conlleva de manera implícita riesgo moral. El riesgo moral se percibe como problemático siempre que, en primer lugar, los intereses entre estas personas sean diferentes, y en cierta medida, opuestos. En segundo lugar, siempre que exista la posibilidad de ponerse de acuerdo y cooperar encauzando la divergencia de intereses. Y por último, como consecuencia de la imposibilidad o dificultad para saber si se está cumpliendo con lo pactado en el acuerdo, o bien, cuando se sabe que no se ha hecho, pero esto no es verificable por un tercero (Milgrom & Roberts, 1993).

La democracia representativa colombiana es un escenario propicio para la aparición de riesgo moral. Las relaciones entre los políticos y los votantes es una relación en la cual los primeros actúan, supuestamente, bajo los intereses, objetivos y en representación de aquellos que los eligen. Ambos ejercen un acuerdo que se podría considerar, simplificando muchas cosas,  como el plan de gobierno (en el caso de los representantes de la rama ejecutiva), o bien, las diferentes propuestas en cuanto a legislación (por parte de los senadores). Las acciones de los representantes no deberían ser otras que seguir aquello que propusieron, y por lo cual fueron votados.

Es evidente, pues, que se cumplen las tres condiciones que hacen del riesgo moral una problemática con impactos importantes sobre la eficiencia social. Los políticos suelen tener intereses individuales opuestos a los de sus votantes, y estos se logran encauzar por la posibilidad de satisfacerlos. Pero más importante aún, es sumamente costoso para cada votante en particular dedicarse a ver si los honorables senadores están cumpliendo con la labor prometida, o, para un tercero, dilucidar los incumplimientos cuando los votantes inclusive saben que les están fallando.

Es verdad lo abrumador que resultan los casos donde los congresistas o alcaldes usan sus roles, otorgados por sus electores, para perseguir sus intereses económicos. No obstante hay actos mucho más evidentes, tal vez no tan graves, pero que corresponden a la misma causa: téngase en cuenta el exagerado salario que reciben los congresistas (en relación al resto de colombianos y sus propios pares en otros lados del mundo), y su renuencia a que estos bajen (cosa que les corresponde a ellos mismo decidir). O, por ejemplo, la absurda baja asistencia a las diferentes sesiones del congreso; que es lo mínimo que deberían hacer dado el acuerdo con la sociedad.

Los Bula, o los Samuelito e Iván Moreno, sin ninguna pretensión de exculpar su evidente y descarada falta de ética, son también consecuencia de un fallo de información, que sucede tanto en la política como en las mil y una relaciones e interacciones de nuestro mundo. Sin embargo, como solucionar las desviaciones éticas de las personas es obtuso, mejor intentar con la parte lógica del asunto y, así, reducir un poco la magnitud y profundidad del problema (téngase en cuenta las pérdidas por Odebrecht, por la 26 en Bogotá, o Reficar).

En conclusión, resulta necesario estudiar los diferentes mecanismos que podrían reducir el riesgo moral existente en estos escenarios, para así intentar ejecutarlos. Existen propuestas bastante interesantes, como la de Claudia López que, por medio del poder legislativo que conserva la sociedad independientemente del congreso, intenta hacer una consulta para reducir el salario de los senadores y diputados, hacer obligatoria su asistencia a las sesiones y, muy importante, que declaren su riqueza en el lapso en el que están en el cargo público.

Más allá de la viabilidad y el éxito de estas gestiones, es importante reconocer los intentos por solucionar los problemas de información subyacentes al problema, y estimularlos. Del mismo modo, todos podemos contribuir apoyando este tipo de controles, por ejemplo, a través de veedurías ciudadanas, que no son otra cosa que vigilancia sobre la actuación. Esta columna va dirigida, precisamente, no sólo a reconocer la importancia de ciertas propuestas en cuanto a su papel ético, o su carácter, inclusive, electoral, sino a su importancia en el ámbito técnico o teórico.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Madrid: Editorial Ariel, S.A.
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