Ventajas y desventajas de la reputación

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Leonel Eduardo Criado Meneses

Generalmente el ser humano ha justificado sus opiniones con respecto a algo o alguien en base al tipo de percepción que ha desarrollado a lo largo de su vida. Las características de estas opiniones han variado según la cultura, las normas, los principios, los valores, entre otros factores, que son precisamente los que moldean la forma de ver las cosas para cada individuo y, por tanto, definen el comportamiento que se considera adecuado frente a determinada situación. No obstante, debido a las relaciones sociales bajo las que se desenvuelven los individuos, las opiniones que se conciben cotidianamente pueden ser similares entre los sujetos, ya que poseen una visión colectiva generada por el entorno que comparten; y por este motivo se evidencia un grado de convergencia a la hora de evaluar cierto evento. De esta forma, la confluencia de estas opiniones son las que permiten la eficiencia de mecanismos como la reputación, dado que la percepción compartida permite juicios objetivos y confiables facilitando las transacciones entre los individuos, al mismo tiempo que disminuye el costo de llevarlas a cabo.

La reputación se ha convertido en una clase de seguro que disminuye la incertidumbre que tienen las transacciones económicas, en particular las inversiones. En otras palabras, la aversión al riesgo ha sido aplacada por este mecanismo que proporciona un nivel de confianza apto para las negociaciones y se ha convertido en un elemento importante entre las personas y organizaciones que busca mantenerse en todo momento. Según Milgrom (1993), la reputación reviste un significado de honradez al respetar la confianza otorgada por la parte que toma la decisión de realizar el acuerdo, y con base al cumplimiento de la contraparte se podrán estimular un mayor número de inversiones en el futuro, que evitarán altos costos de transacción debido a que las herramientas legales no son necesarias para exigir la ejecución de los términos pactados.

Sin embargo, el comportamiento deseable por parte del receptor de la confianza no dispone de un contrato que lo obligue a cumplir con lo prometido, tal cual lo espera el inversionista. En ese caso, los conflictos se enmarcarían esencialmente en la percepción que se tenga entre las partes de lo más “justo” o “correcto” que debería guiar la realización del acuerdo, de modo que las diferencias en estos conceptos constituirían las principales consecuencias de la inestabilidad del mecanismo, lo cual influiría directamente en la efectividad del mismo. En efecto, la convergencia de opiniones que mencionaba anteriormente no siempre se da en todos los casos y en el mismo nivel de aceptación, lo cual genera diferentes percepciones entre los individuos. Asimismo la reputación nace de un proceso repetitivo de juicios basados en estas consideraciones que pueden distorsionarse conforme se construye.

A partir de esto, Milgrom (1993) plantea que la incapacidad de verificar si se ha actuado transparentemente en ambas partes se traduce en una pérdida de efectividad del sistema, pues la confianza sólo se ha basado en la reputación que posiblemente puede estar siendo alterada por las distintas percepciones y la repetición del proceso que fundamenta su soporte. En relación a este problema, las organizaciones han ideado una cultura empresarial apoyada en una serie de principios, normas, conductas y demás herramientas, con el objetivo de crear una percepción grupal bajo unos mismos estándares. En consecuencia, se ha recuperado la efectividad perdida por el mecanismo, direccionando de forma más clara la manera en la que se deben tomar las decisiones y permitiendo una calificación más objetiva ajustada a la realidad.

En conclusión, las reglas que se incorporan en una organización y en una sociedad permiten superar obstáculos ocasionados por diferencias en las percepciones, devolviéndole eficiencia y efectividad a la reputación. Sin embargo, cuando existe una gran cantidad de individuos transando en el mercado, la posibilidad de interactuar con el mismo sujeto se vuelve baja y la frecuencia en estas actividades es vital para establecer lazos de confianza que posteriormente serán los cimientos de la reputación. En el caso de los algunos pueblos con una cantidad reducida de habitantes, la reputación es más importante que las leyes que los rigen, y cuando sucede alguna disputa que pueda afectar esta señal de honradez, las partes prefieren darle solución de forma informal garantizando, según Milgrom (1993), las expectativas de ganancias en el futuro y librándose de probables costos legales. No obstante, en ciudades globales donde la cantidad de personas es mucho mayor, la reputación puede ser comprada por medio de sobornos o favores y, por ende, la señal en el mercado es distorsionada permitiendo fenómenos como la corrupción y la ruptura de incontables promesas.

Bibliografía

  1. Milgrom & J. Roberts, 1993. Economía, organización y gestión de la empresa.

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