Las tentaciones del riesgo moral

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Silvia Juliana Pabón Gamboa

Todos los seres humanos nos hemos enfrentado a situaciones en las que somos tentados a actuar oportunamente, teniendo como principio el interés individual y la idea de sacar ventaja de algo o alguien. Dichas circunstancias dan lugar a lo que se conoce como riesgo moral que tal como lo afirman Paul Milgrom y John Roberts (1993) es un problema creado por la dificultad y el costo que tienen las acciones de observar, controlar, vigilar y exigir un comportamiento adecuado. Lo anterior sirve como incentivo para que no solo las personas corruptibles actúen según sus intereses, sino que incluso las personas honradas puedan verse motivadas a hacer algo que les traiga beneficios personales, conduciéndolos de esta manera a realizar acciones ineficientes.

En la realidad encontramos muchos casos en los que hay incentivos para poner en riesgo nuestra buena conducta, casos simples que no tienen mayor repercusión y casos complejos en donde el daño causado a la sociedad es irreparable. Pensando en el primer caso, encuentro una anécdota personal que puede servir de ejemplo. Cuando estaba en once grado era necesario cumplir con cierta cantidad de horas de práctica en el área de atención al cliente. Todo iba bien hasta que en el lugar donde yo estaba realizando mis horas hubo un inconveniente y estaban sacando a todos los practicantes; al encontrarme frente a esta situación y al ver que me faltaba muy poco para cumplir con lo requerido empecé a buscar otro lugar y encontré una empresa donde puso mi comportamiento adecuado a tambalear.

Lo que sucedió fue que a pesar de que yo tenía todas las intenciones de cumplir con mis horas honestamente, la empresa me dijo que no era necesario que yo cumpliera con el trabajo, que ellos me hacían el favor de firmarme las horas que me hacían falta sin ningún problema. ¿Ante tal propuesta como podía negarme? Además, si rechazaba la oferta implicaría sacrificar parte de mis vacaciones por ponerme a trabajar. Sin embargo, hubo algo que me puso a dudar y era el hecho de que llegaran a visitarme al puesto de trabajo para verificar que efectivamente la información que yo había brindado era acertada, pero en ese momento pensé que con tantos estudiantes que tendrían que vigilar era casi imposible que se tomaran la tarea de visitar empresa por empresa para hacer el control de la información dada por cada estudiante.

Aun así, yo tome el riesgo, pero también tomé una precaución que me sirvió para salir bien librada: cuando acepté que me firmaran las horas sin mover un dedo le dije al encargado que en caso de que llegaran a visitarme dijera que estaba de descanso. Y un día cualquiera llegaron a donde se suponía yo estaba trabajando, pero afortunadamente mi “jefe” me cubrió y además me hizo quedar muy bien diciendo que yo era una muy buena practicante.

La historia anterior claramente no es perjudicial para alguien en particular, o al menos así lo vi yo en ese momento, pues lo que hice fue tomar un poco de ventaja de que podía proveerle información no del todo cierta a aquellos que se encargaban de vigilarla y controlarla; además el único riesgo que tomaba era que fuera descubierta, pero me aseguré de que eso no pasara y efectivamente, no sucedió. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, no todas las situaciones en donde tiene lugar el riesgo moral son así de inofensivos, y para esos casos Colombia tiene bastantes ejemplos que ofrecer. Sin ir lejos, tan solo miremos lo que sucedió con el antiguo alcalde de Bucaramanga que dejó prácticamente a medias las obras del tercer carril y durante su mandato no se vio un avance significativo de las mismas, dejando un caos en toda la ciudad y dejándole al alcalde actual nada más que deudas y una ciudad desbaratada.

Así las cosas, es posible afirmar que aunque existen evidencias cotidianas de que el riesgo moral es inevitable porque los incentivos que ofrece a cambio son por lo general mayores y como seres humanos somos vulnerables a eso; no es justificable que en nuestro país los que tienen el poder e influencias se dejen llevar a un nivel donde este riesgo conduce a un sendero irreparable que es la corrupción, dejando en evidencia claramente que los intereses de unos pocos han llevado a que la desigualdad se incremente y el bienestar en general de la sociedad vaya en declive cada vez más.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa. Editorial Ariel S.A.
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