Reseña: Armonizar ley moral y cultura

2569

Bryan Snehider Díaz

El artículo consiste en sistematizar la experiencia de la alcaldía mayor de Bogotá (1995-1997) en cuanto a acciones y resultados de prevención y control de la violencia, bajo la hipótesis del divorcio entre ley, moral y cultura y la manera en que la decisión de hacer “cultura ciudadana” como la principal prioridad de la ciudad se conecta con dicha hipótesis. Luego presenta la experiencia de la alcaldía, acciones y resultados, para ejemplificar mejoras de comportamiento que armonizan ley, cultura y moral.

El programa cultura ciudadana partió del reconocimiento de un divorcio entre tres sistemas reguladores del comportamiento: ley, moral y cultura. Buscó tener en cuenta la autonomía y la fuerza de la regulación cultural frente a la regulación jurídica y a la regulación moral individual. Esto tal vez sirva para mostrar que: la modificación consciente, socialmente visible y aceptada de hábitos y creencias colectivas puede volverse un componente crucial en la gestión pública y de la agenda común del gobierno y la sociedad civil.

El programa de cultura ciudadana parte de dos principios fundamentales: la diferenciación entre regulación jurídica (legal), regulación cultural (colectiva) y regulación moral (individual) que permite formular la hipótesis de divorcio entre ley, moral y cultura. Adicionalmente este divorcio puede reducirse mediante la interacción intensificada entre sujetos. Para clarificar los conceptos, una regla remite a un universo de comportamientos, donde esta establece un criterio para clasificar los mismos, en la realidad es posible identificar la coexistencia de distintos sistemas de reglas donde hasta lo que va contra las reglas adopta sus propias reglas. Parte de la modernidad se caracteriza por una clara invitación a construir sistemas de reglas propios que doten al sujeto de autonomía moral.

Para la modernidad, mientras un sujeto cumpla la ley, gota de una gran autonomía individual (moral), para Rawls, la solidez de las democracias contemporáneas depende del hecho de que tradiciones culturales apoyen por razones distintas unas mismas leyes. El criterio diferenciador entre las tres básicamente existe en función de su vigencia, fuente de autoridad, tipo de gratificación, sanciones aplicadas etc, para revisar cada uno de estos elementos en profundidad sugiero revisar el artículo original. Es claro por tanto que dentro de una sociedad contemporánea que presupone que el estado garantiza el cumplimiento de las leyes y que favorece la coexistencia de una pluralidad de morales y tradiciones

La unidad y el dominio de la ley pueden ser interpretadas como condiciones favorables al pluralismo moral y cultural, donde pluralismo moral y cultural no significan necesariamente ausencia de regulación moral y cultural. La fundamentación de las reglas, especialmente de las morales y culturales, no obstante deben ser compatibles con la existencia del pluralismo moral y cultural. Es propio de la democracia la construcción de reglas comunes atacadas por personas moral y culturalmente diferentes. Pluralismo cultural y moral se vuelven viables gracias a lo que hemos llamado congruencia entre ley cultura y moral, en una sociedad democrática ideal los tres sistemas de regulación tienden a ser congruentes, es decir todos los comportamientos moralmente válidos a la luz de la moral individual, suelen ser culturalmente aceptados, y a su vez lo culturalmente aceptado cabe dentro de lo legalmente permitido, el imperativo fundamental es que: la cultura exige más que la ley, y la moral más que la cultura.

Para el autor la falta de congruencia entre la regulación cultural del comportamiento y las regulaciones morales se expresa en Colombia como auge de la violencia, de la delincuencia y la corrupción, como ilegitimidad de las instituciones, como debilitamiento del poder y de muchas de las tradiciones culturales y como crisis de la moral individual. El dinamismo de la sociedad colombiana depende altamente de la regulación cultural que a veces no encaja dentro de la ley y lleva a las personas a actuar en contra de su convicción moral. En este el ejercicio sistemático de la violencia o el ejercicio de la corrupción crecen y se consolidan precisamente porque llegan a ser comportamientos culturalmente aceptados en ciertos contextos, tolerándose comportamientos ilegales y moralmente censurables.

Una de las tesis del artículo es que la comunicación y la interacción intensificada ayuda a reducir el divorcio entre ley, moral y cultura, donde el conflicto ha estado agravado por las limitaciones de la comunicación. Si la comunicación se intensifica, los interlocutores pretenden validez en lo que dicen, con más frecuencia y estas son aceptadas o problematizadas, la crítica y la justificación adquieren más espacio, donde hay más ocasiones para aceptar el reto de evaluar los argumentos propios o de la contra parte y las reglas pasan a evaluarse en términos de razones y resultados.

La comunicación facilita la puesta en relación de derechos con deberes, su racionalización y la virtud de animar a la sociedad a adherir la ley por propio interés. También ayuda a comprender cómo mis derechos se relacionan con los derechos de los demás y cómo su respeto se articula al complimiento de los deberes tanto propios como ajenos, entendiendo una sociedad como un sistema complejo donde las acciones tienen resultados que van más allá del primer momento. Una comunicación intensificada permite un fogueo más explícito y sincero de las propias convicciones y una crítica de lo visto como aceptable o normal, si la interacción estratégica se intensifica con la comunicación hay ocasiones para que las diferencias de intereses se manifiesten, los conflictos aparezcan a tiempo y que por tanto se teja un continuum entre la argumentación moral, la argumentación ante el otro y la argumentación jurídica.

El ejercicio se basó en reconocer que “de leyes y moral estamos bien, debemos transformar algunos hábitos, algunas costumbres”. La regulación cultural y su congruencia con la regulación moral ayudan mucho a entender cómo funciona lo sano, lo no violento, lo no corrupto. La coordinación entre instituciones y la comprensión social del proceso, dependieron de la apropiación social e institucional de la idea misma de “Cultura Ciudadana”. La noción de cultura ciudadana buscaba impulsar ante todo la regulación interpersonal, y cultural a veces entre desconocidos, en el plan de desarrollo se definieron objetivos correspondientes a cultura ciudadana con prioridad en: aumentar el cumplimiento de las normas, aumentar la capacidad para que los ciudadanos lleven a otros al cumplimiento pacífico de las normas, aumentar la capacidad de concertación y solución pacífica de conflictos y aumentar la comunicación de los ciudadanos a través del arte, la cultura, la recreación y el deporte.

En términos de las hipótesis se verificó que efectivamente la comunicación y la apertura, así como la aceptación de una interacción más intensa, podían en efecto reducir la violencia y la distancia entre regulación cultural y regulación jurídica. Se vio la cultura ciudadana como un común denominador que facilita el desarrollo del carácter pluricultural y abierto, libre, propio de las grandes ciudades. En este un elemento absolutamente crucial para multiplicar el efecto de las acciones fue su altísima visibilidad, lograda en buena parte por vía de los medios de comunicación, sin presupuesto y con formas novedosas de alto impacto visual o psicológico. Cuanto más oportuna, sincera, franca fue la comunicación más resultados favorables se alcanzaron, en ese sentido se contó con indicadores actualizados que permitían una evaluación frecuente de las acciones acometidas. En resumen, la estrategia buscó fortalecer la regulación cultural y moral, aumentar la congruencia y eficacia de estas regulaciones entre sí con la ley y debilitar la legitimidad de acciones contrarias a la ley.

La idea básica fue convertir los problemas de seguridad en un capítulo de los problemas de convivencia y propiciar la visión de los problemas de convivencia como un tema de congruencia entre regulación jurídica moral y cultural. Esta aproximación en vez de estigmatizar al delincuente construye una aproximación incluyente con grados diversos de tolerancia. Los planes se desarrollaban en torno a temáticas que respondían a problemas de violencia, legitimidad institucional o proyectos de cultura ciudadana, dando una mirada a los problemas de seguridad sin convertirlos en la principal prioridad y sin darle un tratamiento básicamente sectorial. El documento original documenta todas y cada una de las estrategias aplicadas con una revisión de su impacto, para tener una idea más profunda al respecto se recomienda una lectura detenida del mismo.

Nota. Este texto es un resumen de las ideas expuestas en Alcides, H., Cuartas, K., & Tarazona, G. (2010). LA BRECHA DIGITAL EN COLOMBIA: UN ANALISIS DE LAS POLITICAS GUBERNAMENTALES PARA SU DISMINUCIÓN, 59–71.

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Reseña: Los dilemas morales: Una estrategia didáctica para la formación del sujeto moral en el ámbito universitario

2568

Bryan Snehider Díaz

Se define el dilema como una breve historia en la cual un personaje enfrenta una situación difícil y tiene que tomar una decisión sobre el curso de acción que debe seguir, la decisión debe tomarse entre alternativas que tienen aspectos negativos y positivos. Un dilema está conformado por: 1) eje del dilema, 2) personaje central, 3) posibilidad real de escoger, 4) pregunta central, 5) conflicto moral y 6) análisis del dilema. En este se le solicita a los sujetos una solución razonada del conflicto y un análisis de la solución elegida en donde no existe una respuesta obvia al problema, donde para resolver el dilema es importante identificar las obligaciones morales que tiene la persona y analizar los impactos que tendrán las acciones, donde en algunas ocasiones dicho dilema enfrentará lo correcto con lo conveniente.

Los dilemas pueden clasificarse del siguiente modo: 1) cuando un agente sabe que hay que hacer y lo hace, 2) un agente debe hacer algo y parece estar bajo la obligación de hacerlo, 3) un agente ha de hacer algo y no hacerlo al mismo tiempo, 4) son los dilemas que comprometen el carácter moral de un agente. Son de tal magnitud que cualquiera que sea la decisión se está haciendo algo incorrecto, esta decisión cambiará el horizonte moral del sujeto y es precisamente la adopción de nuevos horizontes lo que evidencia que un agente se ha enfrentado a un dilema, 5) un agente tiene que tomar una decisión que compromete su horizonte moral y no se encuentra preparado para crear uno nuevo. El aspecto más interesante es que si se resuelve esto lleva a que el sujeto desarrolle una nueva moralidad que envuelve en su consecución el deseo de ser fiel consigo mismo.

El autor propone cinco fases para trabajar con dilemas. 1) Se introduce el estudiante al dilema, donde se busca que este se ponga en contacto con la situación, clarificarla e identificar los argumentos iniciales, 2) se da el primer debate, en el cual se ponen los argumentos existentes para analizar el tema, identificar los componentes morales, etc. 3) fase de profundización, en la cual se complejiza el problema para ir agregando todas las facetas inherentes al mismo, añadiendo información que amplíe el problema original. En esta fase se debe trabajar sobre el foco, aclarando los puntos que lo hacen más o menos válido. Para esto debe quedar claro cada postura, cuál es su impacto y pensar que pasaría si nos sucediera a nosotros. Con lo anterior se desestabiliza el juicio moral, pensando un nivel más arriba del sujeto, jalonando el grupo para que piense en situaciones diversas a las que está acostumbrado.

Los dilemas tienen varios efectos. 1) Ayudan a reconocer e integrar su emocionalidad con su racionalidad, 2) comunicarse con otros aún en un estado ansiógeno y bajo circunstancias hostiles, 3) distinguir la calidad de los argumentos, 4) apreciar el valor del razonamiento y las críticas del oponente, 5) reconocer los valores morales que entran en juego, 6) diferenciar los conflictos morales de situaciones problemáticas que necesitan una solución técnica, 7) diferenciar entre principios morales y valores humanos no universales, 8) usar la razón expresada en procesos racionales e ideas razonables como medio para resolver conflictos y por demás a deslegitimar el uso de la imposición verbal o física, 9) a usar el dialogo para resolver conflictos y a apreciar el discurso racional con oponentes para mantener y desarrollar el orden social. Todo esto puede dejar la impresión de que sus efectos son meramente “racionalistas”, no obstante el ser humano es una unidad en la que convergen dinamismos propios del intelecto, el sentimiento y la voluntad, por tanto el trabajo con dilemas morales será más efectivos en la medida que influya cada uno de esos dinamismos

El autor afirma que dada la naturaleza del ejercicio con dilemas, la discusión puede convertirse en una sesión terapéutica, donde aparecen testimonios personales y se abren espacios de consejería. Frente a esto se recomienda tener claro que la discusión con dilemas no es una técnica terapéutica, por lo tanto el foco de interés no debe estar relacionado con sanar heridas. En contra parte se debe privilegiar el proceso de juicio moral que le permita a los sujetos llegar a razonamientos morales, para esto es necesario que queden claras las alternativas planteadas, el personaje principal y las opciones, con una construcción clara y univoca, asegurando la comprensión del dilema por el grupo. Por tanto se recomienda tener preguntas exploratorias que aseguren la comprensión de cada uno de sus elementos. El autor recomienda que se destine un tiempo para exponer las bases conceptuales aunque no sea de manera exhaustiva, como también de un tiempo suficiente para la aplicación de la estrategia de modo tal que sea posible la existencia de un salto cualitativo suficiente (como mínimo un semestre, con dos horas semanales).

El análisis econométrico no es explicitado en el texto, para este los autores recomiendan leer un informe completo que contiene todos los elementos relevantes. En este se utilizó la prueba Definning Issues Test para medir el nivel de desarrollo moral, antes y después de la intervención. Experimentalmente se tomaron dos grupos de control y dos grupos de tratamiento, definidos en función de una variable bloqueo: si tenían o no tenían formación en humanidades. El objetivo de esta metodología es bloquear por esta variable ya que podría sesgar el resultado. Las conclusiones a las que se llegó sucintamente es que la formación en humanidades es importante para explicar los niveles de formación moral de los sujetos, mientras que por otro lado el efecto de los dilemas morales es pequeño, pero significativo, según los autores, sobre todo de cara al breve tiempo que fueron expuestos. Los autores hacen un análisis descriptivo pero para analizar a profundidad las regresiones planteadas, valdría la pena revisar el informe estadístico completo citado debidamente en el documento original.

Nota. Este texto es un resumen de las ideas expuestas en: Meza, L. (2008). Los dilemas morales: Una estrategia didáctica para la formación del sujeto moral en el ámbito universitario. Revista Actualidades Pedagógicas, (52), 13–23.

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Informe de gestión sobre política TIC: Un breve análisis a la luz de la teoría económica y el plan de desarrollo

2567

Bryan Snehider Díaz

La importancia de las tecnologías de la información y comunicación ha escalado hasta convertirse en paradigma dentro de la construcción de políticas públicas, la literatura que abarca su estudio es tan basta que se ha convertido en una realidad en los planes de desarrollo, y en sentido común para los ciudadanos. El presente escrito tiene como objetivo explicar brevemente los ejes fundamentales de la política TIC en el plan de desarrollo de la ciudad de Bucaramanga, sus ejes y los desarrollos teóricos que acompañan la visión propuesta, enmarcado en el informe de gestión presentado por la oficina de asesoría TIC para el primer trimestre del año 2018. Este gira en torno a tres líneas principales: 1) Gobernanza democrática, 2) sostenibilidad ambiental y 3) infraestructura y conectividad, que corresponden a tres de las seis líneas construidas en el plan de desarrollo de la ciudad.

El plan de desarrollo fue construido bajo la guía de la primera evaluación para la prosperidad en las ciudades de Bucaramanga, desarrollado por ONU-Habitat. Este permite evaluar el estado de las ciudades de Colombia en distintas dimensiones, comparándolas unas con otras. La evaluación sitúa a la ciudad de Bucaramanga como punto de referencia en cuestiones como productividad o equidad, no obstante esta ocupa el cuarto lugar en infraestructura, conectividad y en calidad de vida, y ocupa el puesto 13 en desarrollo ambiental, siendo esta última el área más débil a juicio de la evaluación. Dicho informe marca la pauta sobre la que la alcaldía municipal establecería sus objetivos de desarrollo, en un plan ambicioso y multidimensional que está estructurado alrededor de 6 líneas, divididas a su vez en componentes. En ese sentido el informe de gestión en tecnologías de la información tiene relación con tres de las seis líneas mencionadas, y está desagregado en los componentes de cada línea a los que pretende dar cumplimiento.

El informe de gestión sobre el avance en materia TIC está jerarquizado para cumplir con metas y componentes del plan de desarrollo de manera clara, a cada meta le corresponde uno o varios indicadores, y luego en base a la cantidad de indicadores se puede ponderar el cumplimiento de las metas, de los componentes y de las líneas subyacentes. Si se analiza detenidamente el informe es posible resaltar que en ciertas ocasiones la presentación de resultados es incoherente y no queda claro el modo en que las ponderaciones de los indicadores aportan para entender el nivel total de cumplimiento de cada línea. Por otro lado, en algunos casos los componentes se establecen teniendo en cuenta los objetivos del plan mientras que en otro, se trabaja en función de programas cuyo funcionamiento u objetivos solo aparece indicado. El objetivo principal es dar informe del cumplimiento de cada una de estas líneas, no obstante las razones epistemológicas y teóricas de cada línea y su análisis solo pueden ser identificados directamente en el plan de desarrollo. A continuación pasamos a analizar cada una de las líneas y su nivel de cumplimiento.

La línea de gobernanza democrática nos habla de la comprensión del gobierno como el motor de una democracia renovada, más participativa, abierta, profunda y permanente; vale la pena recordar que según Munévar (2010) la gobernanza es la realización de relaciones políticas entre diversos actores involucrados en el proceso de decidir, ejecutar y evaluar decisiones sobre asuntos de interés público. La relación entre gobernanza democrática y tecnologías de la información y comunicación por tanto está en sintonía con la facilidad que tienen las tecnologías de la información y comunicación para irrumpir en el contexto socio político marcado por la insatisfacción con el funcionamiento de la democracia representativa y apuntar a una reivindicación de una democracia fuerte (Barber, 1984), esta línea destaca por ser el eje fundamental del plan con un nivel de cumplimiento declarado en el informe del 100%

La segunda línea denominada como sostenibilidad ambiental se concentra en el cumplimiento del componente de ruralidad con equidad que busca cerrar la brecha existente entre la zona rural y urbana del municipio de Bucaramanga. La oficina TIC propicia acciones en conjunto con los actores del ecosistema TIC que permita el acceso a herramientas tecnológicas e informáticas. En la práctica la línea se concentra sustancialmente en la obtención de plataformas para la comercialización y la construcción de comercio electrónico, de paquetes tecnológicos de agro industria y la generación de infraestructura para que las empresas prestadoras de servicios de internet puedan acceder a los corregimientos, el nivel de cumplimiento de esta línea es del 20%, mostrando el rendimiento más bajo de las tres.

La última línea a la que apunta el componente TIC es la línea de infraestructura y conectividad, que tiene como objetivo generar iniciativas alrededor de la temática de ciudades inteligentes, mediante el uso de tecnologías como internet y convenios con el sector privado. En estas se persigue el cumplimiento de metas tales como la generación de redes de carpooling (carro compartido), modelos de tele trabajo y modelos de seguridad ciudadana desarrollados en general. El objetivo de esta línea por lo general es genérico y registra un cumplimiento del 60%. La línea de infraestructura puede resaltarse debido a su importancia orgánica en el cumplimiento de los demás objetivos sustancialmente porque según datos ofrecidos por la revista Semana solo cerca del 64% de la población posee acceso a internet, mientras que según Alcides et al (2010) el problema fundamental de la brecha digital se ha agravado en los recientes años.

Del informe se pueden extraer varias conclusiones. Los sectores que mostraron mayor debilidad en la evaluación propuesta por la ONU son a su vez los mismos sectores que muestran mayor debilidad en el informe presentado por la gestión TIC. Con un agravante especial en el caso de infraestructura y sobre todo en el caso rural, que se convierte en un objetivo transversal para el sector público. No obstante, respecto al informe destaca la cuidadosa sistematización de información y contextualización a un marco analítico fuerte como es el provisto por los informes de las naciones unidas para el desarrollo, el sector de tecnologías de la información destaca por un sector que a la luz de la teoría económica permite reducir los costos de transacción; es decir permitir que las personas logren y mantengan acuerdos con facilidad. En ese sentido las soluciones tangibles requieren de instrumentos y sistemas de medición claros y específicos que permitan una evolución orgánica y cuidadosa de la plataforma TIC en la ciudad. Los resultados presentados en el informe hablan por sí solos y permiten observar las áreas que deben ser afrontadas por las siguientes administraciones de modo acuciante.

Referencias

Munévar, V. (2010.). ¿Qué es la gobernanza y para qué sirve ? 2010, 219–235.

BARBER, B. R. (1984): Strong democracy: Participatory politics for a new age.

Berkeley, University of California Press.

Alcaldía de Bucaramanga. (2016). Plan de Desarrollo.

Colombia, O.-H. (2015). Reporte del estado de las ciudades de colombia: Camino hacia la prosperidad urbana.

Alcides, H., Cuartas, K., & Tarazona, G. (2010). LA BRECHA DIGITAL EN COLOMBIA: UN ANALISIS DE LAS POLITICAS GUBERNAMENTALES PARA SU DISMINUCIÓN, 59–71.

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Artículo reseñado: Procesos cognitivos y emocionales predictores de la conducta prosocial y agresiva: La empatía como factor modulador

2566

Nelson Felipe Coy Cómbita

El objetivo del actual artículo es determinar en qué medida la empatía funciona como un mecanismo regulador, favoreciendo la conducta prosocial e inhibiendo la agresividad. Está enmarcada en los jóvenes debido a los problemas derivados de la agresión de estos y los infantes, y a la posibilidad de que un razonamiento que está en construcción sea fomentado por la formación empática y tenga algún impacto futuro en la reducción de acciones antisociales.

Partiendo de investigaciones recientes, se ha asociado la conducta agresiva y la conducta prosocial con la empatía, mediante la existencia de dos elementos importantes de esta: Por un lado, la preocupación que surge de lo que pueda sentir el otro -preocupación empática- y, por el otro, la capacidad de comprender su punto de vista -toma de perspectiva-; esto favorece la sensibilidad emocional con el sufrimiento ajeno y el entendimiento de las consecuencias negativas que podrían derivar de un acto agresivo. De este modo, hay una relación negativa de la conducta agresiva con la empatía, y una positiva con la conducta prosocial.

Además, la capacidad para regular las emociones, y la reducción del malestar personal estimula la empatía: personas con bajo autocontrol, irritables e impulsivas son propensos a realizar actividades antisociales, mediante la externalización de sus conflictos internos. La regulación implica no sólo el razonamiento moral o la habilidad para un razonamiento abstracto, requiere la existencia de una sensibilidad empática que disminuya la posibilidad de agresión y aumente la de una conducta altruista. Sin embargo, que suceda la conducta altruista o no, depende de otras variables como el costo potencial de la acción, la disponibilidad de habilidades y recursos, las características de la víctima, etc.

Los investigadores estipulan tres hipótesis: i) La empatía facilita la conducta prosocial e inhibe la agresiva, ii) Las mujeres son más empáticas que los hombres y iii) La emocionalidad egoísta se correlaciona con formas de agresividad, mientras que el autocontrol, se relaciona con conductas prosociales. De acuerdo con la realización de un cuestionario, se construyeron dos variables, conducta agresiva y conducta prosocial, sobre las cuales se agruparon los individuos de acuerdo a su puntuación en el cuestionario.

Se utilizan distintos instrumentos de evaluación para analizar a los individuos: 1) Prosocial Reasoning Objetive Measure (PROM) evalúa el razonamiento que el sujeto lleva a cabo ante una necesidad o un problema ajeno, 2) The interpersonal Reactivity Index (IRI), que permite evaluar la disposición empática a través de cuatro factores, dos cognitivos y dos emocionales, 3) Prosocial Behavior Scale (CP), en una escala de 15 ítems evalúa la conducta de ayuda, confianza y simpatía a través de tres alternativas de respuesta, 4) Physical and Verbal Agression Scale (AFV), se trata de una escala de 20 ítems que evalúa la conducta de   hacer daño a otros verbal y físicamente, 5) Emotional Instability Scale (IE), que describe la conducta que indica una falta de autocontrol en situaciones sociales como resultado de la escasa capacidad para frenar la impulsividad y la emocionalidad; y 6) Ira Estado-Rasgo, que evalúa la ira como estado -estoy enfadado- y rasgo -tengo un carácter fuerte-, y la evaluación del autocontrol de situaciones que estimulan su aparición.

Las variables en las cuales se agruparon los grupos de acuerdo a si tienen a actividades prosociales o agresivas (en un nivel alto o bajo), se relacionan con los criterios de evaluación de los anteriores instrumentos para observar el grado en el cual se correlacionan. Se confirma una asociación positiva significativa entre elementos empáticos con las conductas prosociales, y una relación negativa con conductas agresivas. Del mismo modo, la diferencia de género se muestra significativa, confirmándose la hipótesis de que las mujeres son más empáticas. Existe una relación negativa entre la ira como rasgo y estado y con la ausencia de autocontrol con conductas prosociales, y una relación positiva y de mayor magnitud con la tendencia a ser agresivo.

Además, se utiliza un análisis discriminante para identificar las variables de mayor relevancia para predecir un comportamiento agresivo o prosocial, y las que, por ende, tienen un mayor sustento a la hora de diferenciar las conductas. Las variables con mayor poder diferenciador entre alta y baja agresividad son la inestabilidad emocional, la externalización de la ira, y el autocontrol -ausencia. Son entonces los factores afectivos de la ira los más relevantes a la hora de predecir una actitud agresiva, teniendo los procesos cognitivos de razonamiento y perspectiva poco poder discriminador. En cuanto a la conducta prosocial es la preocupación empática, y la toma de perspectiva los de mayor poder diferenciador, por lo cual los componentes centrales de la empatía -ponerse en el lugar del otro- tienen mayor incidencia que en la discriminación de las conductas agresivas.

Nota. Este texto es un resumen de las ideas expuestas en: Mestre, V., Samper, P., & Frías, M. (2002). Procesos cognitivos y emocionales predictores de la conducta prosocial y agresiva: La empatía como factor modulador. Psicothema, 14(2), 227–232.
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Reseña. La neuropsicología del juicio moral: Sobre las causas de respuestas contraintuitivas a los dilemas morales

2565

Bryan Snehider Díaz

El papel de las emociones en el juicio moral ha sido objeto de un largo debate sobre si las emociones son constitutivas del juicio moral, efectos o medios de que se sirve el juicio para motivar al sujeto. Algunas evidencias han mostrado que durante la toma de decisiones morales la zona cerebral debida a las emociones se activa, y que aquellas personas con fallos en dicha zona mostraban dificultades para realizar razonamientos morales deontológicos. Esto nos permitiría pensar en principio y en consonancia con lo planteado por el neurocientífico Antonio Damasio, que las emociones cumplen un papel en la toma de decisiones y en los juicios morales, en un marcado contraste con la visión propuesta por Kant, donde el juicio moral es eminentemente un resultado de la razón pura.

Otro debate importante planteado dentro de esta lógica es el de la posible existencia de dos mecanismos morales, uno utilitarista y otro deontológico, a la hora de juzgar dilemas morales personales (DMP), en los que se debe decidir si dañar a una persona para salvar a otras tantas. Para el autor esta idea podría ser comprobada mediante el estudio de la activación de zonas neuronales y de las reacciones de una persona con daños concretos en ciertos módulos (sub estructuras cerebrales dedicadas a una función específica) ante ciertos estímulos. Para el autor estas categorías morales corresponden a ciertas taxonomías culturales que en vez de representar zonas físicas palpables son intentos filosóficos por reconstruir la toma de decisiones, donde el proceso de toma de decisiones seguramente se alimente un poco de ambos espectros.

La evidencia experimental parecen corroborar dicha posición donde la dicotomía entre uno u otro paradigma estaría más en relación con cierta disfunción empática en el individuo. Se ha demostrado que ante la presentación de dilemas de este tipo los psicópatas y las personas denominadas como antisociales suelen exhibir una tendencia especial ante el comportamiento utilitarista. Según la hipótesis modular, este comportamiento debería estar explicado por ciertas deficiencias en el módulo deontológico, donde las respuestas utilitaristas son resultado de un proceso evolutivo que lleva a hacer primar la lógica racional por encima de las emociones. Para comprobar cuál de las dos hipótesis es cierta, se diseñó un test que buscaba medir las respuestas a un grupo de dilemas en ciertos sujetos y lo que se encontró es que efectivamente la empatía explicaba el comportamiento, donde el único módulo que pareció experimentar mayor activación fue la corteza cingulada (principal responsable de la empatía) sin ninguna evidencia a favor de una mayor deliberación crítica o razonada por parte de sujetos más tendentes a dar una respuesta utilitarista.

El autor define en contra posición a Kant, que la filosofía de Hume, donde se sitúan las emociones de aprobación y desaprobación en el núcleo del juicio moral, es la corriente correcta para explicar de cara a los resultados más recientes la naturaleza cerebral del mismo. Donde curiosamente la diferencia entre ciertas acciones de tipo moral (por ejemplo la intensidad de un crimen) está explicada por la intensidad emocional que produjo la acción. Esto también explicaría la tendencia a abordar una problemática desde una perspectiva deontológica o utilitarista, no tanto en función de la activación modular sino de la intensidad emocional derivada. En dilemas como el clásico dilema del tranvía, la emoción de empujar a alguien a la muerte es más fuerte que la emoción de salvar la vida de ciertas personas: es decir la regla que prescribe “no mates” se basa en una emoción fuerte mientras que la otra no. No se trata de un proceso de dualismo entre emoción y sentimiento, sino un duelo entre emociones y su importancia relativa para el sujeto.

El utilitarismo y la deontología son sistemas normativos que pretenden formalizar lo que sucede en nuestra mente cuando emitimos juicios morales. De hecho es posible que un juicio moral pueda contener un poco de ambas cosas, y que no esté necesariamente relacionada con una sola de estas lógicas y donde incluso en profundidad denominar a un juicio como utilitarista no necesariamente contiene en el todos los elementos de la filosofía utilitarista del corte Jonh Stuart Mill sino que más bien se le llama de esta manera por la tendencia del sujeto a colocar la utilidad en un espacio relevante. En ese sentido el problema de un análisis modular es que uno podría por ejemplo identificar que las personas normales podrían decantarse por una opción utilitarista (por ejemplo cuando la cantidad de muertos de otro modo sería mayor), mientras que un psicópata sería inflexible a este hecho, siendo patente que la idea de utilitarismo es solo una etiqueta dada a una acción y no corresponde la construcción de todo un sistema formal de razonamientos.

Una de las ideas puntuales del autor es que definir y relacionar la falta de empatía siempre con juicios utilitaristas no es acertado, debido a que esta etiqueta fue asignada a una amplia batería de dilemas morales que poseen muchas variables particulares que impiden dicho análisis. Los análisis fueron basados en una batería de dilemas denominados como dilemas morales de Greene, que contiene una amplia gama de dilemas no morales y morales, tanto personales como impersonales. Para que un dilema sea considerado personal debe cumplir las siguientes características: 1) La persona que toma la decisión de victimizar no se beneficia de esa acción directamente, 2) la víctima no es responsable o culpable de la amenaza que se cierne sobre los otros, 3) la víctima inocente no debe estar en una situación sin salida en la que morirá de todas formas. Los autores terminan con un análisis de los dilemas de Greene (una muestra de 21 dilemas) de cara a estas categorías propuestas y al modo en que pueden entenderse y clasificarse. Para consultar esta se recomienda consultar el documento original así como el artículo escrito por Greene cuya cita puede ser encontrada en el artículo.

Nota. Este artículo es un resumen de las ideas expuestas en: Rosas, A., Arciniegas, M., Cavides, E., & Arciniegas, M. (2014). La neuropsicología del juicio moral: Sobre las causas de respuestas contraintuitivas a los dilemas morales. Praxis Filosófica, (38), 89–106.
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Artículo reseñado: Neurociencias, educación y entorno sociocultural

2564

Nelson Felipe Coy Cómbita

Objetivo: Revisión de literatura concerniente a las emociones, especialmente, a su relación con la enseñanza.

Las emociones resultan claves en cualquier proceso de comunicación, incluyendo la enseñanza, en tanto que son una afección que influye directamente sobre el individuo. No obstante, si bien todos los seres sintientes perciben en su cotidianidad la importancia de la emoción, definirla resulta problemático. A pesar de ello, la teoría de la sensación y las teorías cognitivistas han interpretado las emociones desde dos perspectivas distintas.

En primer lugar, la teoría de la sensación no atribuye un componente mental a la emoción: esta es descrita como aquellas sensaciones que surgen cuando se es consciente de los cambios corpóreos producto de un hecho desencadenante. De este modo, si desaparecieran los cambios corpóreos, desaparecería la emoción, siendo la emoción un acto consciente.  Ahora bien, más allá de que los sentimientos o sensaciones son percibidos de manera consciente, la interpretación que hacemos de ellas puede ser errónea en tanto que están sujetas a concepciones de las cuales no somos conscientes.

Sin embargo, son las teorías cognitivas y evaluativas las que han predominado como paradigma interpretativo de las emociones desde la segunda mitad del siglo XX. La primera de ellas añade y refrenda la importancia del componente mental. Si bien la emoción presenta unos cambios corpóreos producto de un hecho desencadenante, lo que hace que subsista esta no es otra cosa que la existencia de una idea o creencia sujeta al hecho que acontece, y que lo resalta como algo temible o digno de atención.

En cuanto a las teorías evaluativas, el autor distingue dos perspectivas distintas. Ambas conciben la emoción como instrumentos al individuo para la toma de decisiones, pero en función de una finalidad distinta. Algunos autores ven en las emociones una raíz evolucionista, donde estas están a merced de conseguir la supervivencia del individuo. Otros, por el contrario, afirman que las emociones sirven como instrumento evaluador hacía la consecución de un esquema de fines y objetivos particular que genera bienestar al individuo.

En consonancia con estas perspectivas, se presenta a los lectores el término de marcador somático. Este incluye el componente mental y corporal de las emociones, para servir de insumo al proceso de toma de decisiones del individuo: ante una circunstancia determinada donde hay múltiples alternativas, las emociones reducen su cantidad al descartar aquellas que despiertan y estimulan emociones negativas. De este modo, contrario a visiones racionalistas, las emociones son necesarias para la razón.

Ahora bien, ¿por qué resultan importantes las emociones en la enseñanza? Existen diversos trabajos los cuales son considerados como emocionales, en tanto que cumplan con tres condiciones: 1) Contacto cara a cara con el público, 2) Producen en la otra persona un estado emocional y 3) Toleran la supervisión o control de sus actividades emocionales. Observamos que en la enseñanza los profesores tienen una relación cara a cara con estudiantes y padres de familia, y del mismo modo usan sus emociones para crear determinadas emociones en ellos. Sin embargo, la tercera condición resulta difícil de cumplir en tanto que en la labor educativa no existen muchas acciones de control respecto a las emociones del docente. A pesar de ello, se pueden identificar normas implícitas que son evaluadas desde la organización, al menos informalmente; por ejemplo, cuidar a los estudiantes y demostrarles entusiasmo, tratar de evitar emociones extremas, y tener buen humor y disposición para resolver sus propios errores y los de sus estudiantes.

Ya que la enseñanza es un trabajo emocional, se pueden distinguir efectos que son consecuencia de esta naturaleza. Muchos de estos son positivos y concernientes a la satisfacción que produce enseñar cuando es un acto voluntario. No obstante, dentro de los efectos negativos, sobresale el burnout el cual se presenta cuando existe un desgaste profesional que produce estrés, distanciamiento con los clientes, ausencia de realización profesional y sensación de incompetencia y culpa. Estos efectos surgen de la incoherencia entre las emociones que se muestran y las que realmente se sienten.

Además, como en todo trabajo de prestación de servicios, por lo regular los profesionales invierten una fuerte cantidad de esfuerzo emocional para alcanzar mayor cercanía o distancia de sus clientes. Se distinguen distancias o cercanías socioculturales, morales, profesionales, políticas y corpóreas. Por ejemplo, se suele afirmar que los profesores consiguen una mayor retribución emocional y relaciones más sólidas por fuera del aula de clase, en tanto que se reducen las distancias políticas que sostienen la jerarquía docente-estudiante al interior del aula.

Nota. Este texto es un resumen de las ideas expuestas en: Henao, J. F., Vanegas, J. H., & Marín, A. E. (2017). La enseñanza en vilo de las emociones: una perspectiva emocional de la educación. Educación y Educadores, 451-465.
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Reseña. Procesos cognitivos predictores de la conducta prosocial y agresiva: La empatía como factor modulador

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Bryan Snehider Díaz

La psicología cognitiva ha desarrollado un interés creciente por demostrar una relación positiva de la conducta prosocial con la empatía y una relación negativa con el malestar personal. Así la empatía con el sufrimiento ajeno favorece los actos altruistas y limita la agresión personal. Algunos estudios han concluido que los individuos empáticos son menos agresivos por su sensibilidad emocional y sus capacidades para comprender las consecuencias negativas de sus actos tanto para el mismo, como para los demás. Algunos estudios hablan sobre diferencias de género en la empatía que pueden estar a su vez relacionados con niveles más bajos de agresividad.

Se ha afirmado que para estudiar el desarrollo moral es importante estudiar la regulación emocional y la empatía ya que la regulación emocional y el comportamiento empático están directamente relacionados. En ese sentido un amplio cuerpo de trabajos parecen relacionar de manera muy directa la regulación emocional y los rasgos de personalidad con todo tipo de comportamientos de corte social. La activación emocional empática es uno de los factores que influyen en el tipo de respuesta que con mayor probabilidad dará el sujeto ante las reacciones emocionales de los demás, se trata de un factor afectivo que interactuará con reguladores cognitivos y variables situacionales y sociales. De cara a los problemas que está provocando la agresividad juvenil es importante conocer en qué medida dicha agresividad está apoyada por una ausencia de empatía y en qué medida en los procesos de razonamiento.

Los investigadores plantearon 3 hipótesis principales: 1) que la empatía modula la conducta pro social y agresiva, 2) que la empatía tiene valores diferenciados entre sexos y 3) que las dimensiones de emocionalidad egoístas correlacionan con formas de agresividad y no de conducta pro social. Estas hipótesis fueron comprobadas mediante la aplicación de los siguientes instrumentos.

  • Prosocial Reasoning Objective Measure (PROM): un instrumento que evalúa el razonamiento que el sujeto lleva acabo ante un problema o un una necesidad de una persona.
  • The Interpersonal Reactivity Index (IRI): un instrumento que evalúa la disposición empática a través de cuatro factores.
  • Prosocial Behavior Scale (CP): es una escala de 15 items que evalúa la conducta de ayuda, de confianza y simpatía.
  • Physical and Verbal Agression Scale (AFV): se trata de una escala de 20 items que evalúa la conducta de hacer daños a otros física y verbalmente.
  • Emotional Instability Scale: describe la conducta que indica una falta de autocontrol en situaciones sociales como resultado de la escasa capacidad para frenar la impulsividad y la emocionalidad.
  • Ira estado Rasgo: Evalúa la ira como estado, como rasgo, y el nivel de autocontrol y mecanismos de afrontamiento.

Los resultados mostraron que las correlaciones esperadas entre los factores empáticos y al mismo tiempo entre estos eran del modo planteado por las hipótesis, dotando de coherencia y validez los resultados. A su vez el análisis de varianza dejó claro que existe diferencias en los niveles de empatía entre hombres y mujeres, donde los hombres experimentan un nivel de empatía generalmente menor. Con respecto a la tercera hipótesis se constata la relación entre emocionalidad y regulación con la conducta pro social y la conducta agresiva, el análisis indica que la inestabilidad emocional y la ira están correlacionadas negativamente con la conducta pro social. Estos resultados permiten concluir que los mecanismos de autocontrol e inhibición de la ira en situaciones que la provocan correlacionan positivamente con la conducta pro social y negativamente con la conducta agresiva.

Probadas las hipótesis anteriores se ha establecido la potencia de cada variable para discriminar los criterios: Agresividad alta/baja y Conducta pro social alta/baja (es decir para explicar el nivel de agresividad/prosocialidad de un individuo en la dicotomía alta-baja). Para ello se utilizó la metodología de análisis discriminante ya que el objetivo es estudiar el comportamiento de las variables predictoras utilizadas en el estudio con relación a los criterios de agresividad y conducta prosocial: alta (más una desviación estándar) y baja (menos una desviación estándar). Los resultados del análisis discriminante arrojan que la función obtenida permite diferenciar a los dos grupos de agresividad con una correlación canónica de 0.8, reduciendo a nueve variables las que poseen fuerza para discriminar objetivamente entre individuos en el documento original puede consultarse aquellas variables que fueron consideradas de mayor importancia para explicar los resultados obtenidos.

Nota. Este texto es un resumen de las ideas expuestas en: Mestre, V., Samper, P., & Frías, M. (2002). Procesos cognitivos y emocionales predictores de la conducta prosocial y agresiva: La empatía como factor modulador. Psicothema, 14(2), 227–232.
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