Classroom Games: La búsqueda de rentas y la ineficiencia en las asignaciones de no mercado

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La posibilidad de obtener rentas y beneficios económicos de la coyuntura política a menudo incentiva enormemente a los agentes por su adquisición. La competencia implica la utilización de vastos recursos en el proceso, mucha de la literatura sobre el cabildeo y la búsqueda de rentas indica que la probabilidad que tiene un agente económico de obtener dichos beneficios a menudo está relacionada con la proporción del gasto en inversión realizado en obtenerlas; a tal punto que la suma de las inversiones realizadas por todos los agentes económicos, para obtener dichos beneficios, puede a la larga exceder el valor del beneficio mismo.

Una posible solución podría hacer que los costos visibles o los costos de transacción en las actividades de búsqueda de rentas fueran más bajos, no obstante esto más allá de reducir el total de inversiones realizadas por los agentes en búsqueda de rentas, podría simplemente implicar que estos aumentaran el esfuerzo individual que realizan para obtener el premio. Este documento describe un simple ejercicio en el salón de clases que ilustra el grado en que las rentas económicas pueden disiparse. El ejercicio puede utilizarse para fomentar discusiones sobre loterías, subastas, mecanismos de asignación de recursos y posibles métodos que podrían usar burócratas y administradores para reducir los costos implícitos a la búsqueda de rentas.

Los participantes deben dividirse en equipos de inversionistas, donde cada grupo competirá en múltiples rondas por un premio que represen una licitación con beneficios equivalentes  a 16.000 unidades monetarias, cada individuo recibirá una dotación inicial de 100.000 unidades monetarias; que podrá utilizar en cada una de las rondas donde cada participante podrá adquirir un cierto número de tickets de lotería que representará su participación en la misma. Cada ticket tendrá un costo equivalente a 3.000 unidades monetarias, que representa el “papeleo” que debe asumir el individuo para poder participar en la lotería. Es importante mencionar que la probabilidad de ganar la lotería depende tanto de la cantidad de tickets el participante adquiera, como de la cantidad de tickets que han adquirido los demás participantes.

Existen tres variaciones posibles a este juego: la primera variante consiste en reducir el costo del ticket de 3.000 a 1.000 unidades monetarias, esto puede explicarse como la aplicación de un mecanismo que reduce los costos de transacción a los cuales debe enfrentarse el agente económico en su participación. En teoría este cambio debería resultar en una reducción de los tickets que cada agente compra y por ende en una reducción del costo social de la búsqueda de rentas.

Una tercera variación podría ser incluir valoraciones del premio diferenciadas para cada jugador, de modo que se pueda simular el hecho de que cada agente asumirá costos diferentes a la hora de realizar el contrato que se está licitando, en caso de que efectivamente la lotería sea eficiente, el contrato debería ser asignado al sujeto con mayor valoración.  El cuarto y último tratamiento consiste en cambiar el mecanismo de elección del ganador a una subasta inglesa estándar, es decir, asignando el premio al sujeto que realice la puja más alta, donde solo el ganador se vería obligado a pagar su puja. La discusión en los beneficios netos en la ronda final serán más claras si se designa un participante, que no participaría directamente en la subasta y oficiaría como el receptor de los ingresos derivados de la misma. Las instrucciones hacen referencia a dicho sujeto como “el pobre”, la designación de recursos resultantes de la subasta debería evidenciar que las pujas no son gastos, sino transferencias de recursos.

En lo que respecta a la discusión los estudiantes desearán hablar inicialmente sobre las ganancias relativas, así que lo recomendable es preguntar que equipos terminaron con un capital superior a las 100.000 unidades monetarias al finalizar la lotería, la siguiente tarea sería formular una serie de preguntas que lleven a los estudiantes a cuestionarse sobre si las inversiones totales en la lotería superaron el valor del premio, la reflexión debe versar sobre cómo es posible que una lotería con un valor significativo pueda terminar con que uno o todos los miembros terminen en una situación peor, en algunos casos la discusión podría converger a que los costos relacionados con la lotería no necesariamente implican una perdida, dado que los “burócratas” necesitan ingresos también, en una clara alusión a la falacia de la ventana rota, esto podría servir para explicar o facilitar algunos conceptos en lo relativo a la existencia de un costo de oportunidad en dicha inversión.

La discusión en adelante debería contemplar el efecto esperado y el cambio observado de reducir los costos de los tickets, esto es que el número total de tickets adquiridos se incrementó de manera casi proporcional en tanto dichos costos se redujeron, la situación se presta para retomar y discutir de paso ciertos conceptos en lo referente a la elasticidad de la demanda. Esto sin duda puede utilizarse para que los estudiantes puedan recibir una de las lecciones más importantes que pueden extraerse de la economía: el peligro inherente que existe en extraer conclusiones apresuradas sobre el comportamiento de agentes económicos que responden a los incentivos.

Las asimetrías en los valores de las loterías pueden ilustrar otra ineficiencia, además de los efectos de la búsqueda de rentas, el premio no necesariamente será asignado al participante que más lo valore, los estudiantes sugerirán ciertos mecanismos para solucionar el problema dentro de los cuales, la subasta podría estar incluida, dado que en esta el participante con la valoración más alta podrá pujar más y por tanto el mecanismo permitirá asignar el premio a quien lo valore más, es decir asignar la licitación a quien pueda producir de manera más eficiente, además de reducir los costos subyacentes a la búsqueda de rentas, gracias a que en la subasta, las ganancias irán al jugador designado como “el pobre”.

En un principio, puede discutirse sobre las situaciones en las cuales la subasta ha sido utilizada de manera efectiva, aunque después probablemente puedan surgir cuestionamientos en lo referente a la justicia; por ejemplo si los estudiantes pudiesen pujar con dinero por el derecho de registrarse primero a clases, los estudiantes más adinerados recibirán mayores privilegios. Es recomendable mencionar situaciones donde son poco práctico, o poco ético, subastar ciertas cosas.

Se puede explicar a los estudiantes que una lotería es una buena representación de los modelos que los economistas usan para pensar en competencias basadas en esfuerzo, pero no es necesariamente es el único mecanismo existente. Se supone que existen  agentes más o menos calificados para licitar un contrato con el gobierno, y la decisión que es discrecional del gente que representa el Estado, depende de cosas como una buena presentación, papeleo extensivo o la de aplicar a tiempo, además de otros costos. Si dichos participantes invierten la misma cantidad de recursos en actividades de cabildeo, entonces todos deberían tener las mismas probabilidades de recibir el premio igual que en la lotería. Finalmente el ejercicio podría ser utilizado para calcular el equilibrio de Nash en dicho juego.

Nota. Este texto es un resumen de las ideas expuestas en:

Goeree, J., & Holt, C. (1999). Classroom games: Rent-seeking and the inefficiency of non-market allocations. Journal of Economic Perspectives, 13(3), 217–226.
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El narcomenudeo en Bucaramanga

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Edson Manuel Muñoz Herrera

Luis Alejandro Palacio García

El pensamiento económico ha desarrollado un compendio de proposiciones y supuestos que permiten considerar que las personas se comportan y eligen como agentes racionales maximizadores de su utilidad. La inclusión de los supuestos de la elección racional en el análisis de actividades de no mercado abre camino a un variado grupo de temas que anteriormente podrían parecer alejados del objeto de estudio de la economía. En este sentido, las problemáticas relacionadas con el crimen, la educación, la historia, la familia o la religión reciben cada vez más atención de parte de la teoría económica.

El enfoque que observa el comportamiento y la elección criminal se denomina Economía del Crimen. En ella el potencial delincuente realiza una comparación de su utilidad esperada dentro y fuera de la legalidad, eligiendo la que represente una mejor opción, consiente que puede ser capturado y penalizado por ello. Con esta manera de observar el crimen, se ha expuesto el caso de un individuo que busca droga para su consumo y otro que vende la sustancia por ganar dinero, los cuales realizan acuerdos para llevar a cabo el trato y maximizar sus beneficios. Esta transacción se denomina Narcomenudeo.

El Narcomenudeo se presenta como un juego, en el que un expendedor de droga y un consumidor se encuentran y crean estrategias conjuntas para lograr los intercambios de droga; pues consideran como su mejor opción la ilegalidad. La idea de dichas alianzas estratégicas es disminuir los costos de la ilegalidad (probabilidad de condena y castigo) y los costos de transacción (costos de búsqueda, de negociación y de seguimiento y control).

Las partes involucradas en la transacción efectivamente incurren en el costo de la ilegalidad cuando son condenados, pues este desaparece si evaden las limitantes que se les impone. Sin embargo, para tomar la decisión, los agentes son conscientes de la incertidumbre asociada al accionar del Estado y tienen en cuenta estas variables en su utilidad esperada. Por su parte, los costos de transacción están relacionados con la modalidad de expendio en que pueden clasificarse estos acuerdos. Para la ciudad de Bucaramanga se observan acuerdos que puede delimitarse como Narcomenudeo en la Calle, desde una Olla o a Domicilio. Los dos primeros son expendios que dependen de un lugar fijo para funcionar e intercambian cocaína, marihuana o bazuco con personas que no necesariamente conocen de antemano. El expendio a domicilio es de tipo móvil, realiza el contacto por medio de telefonía celular entre un vendedor y un consumidor, conocidos previamente, y se especializa en la venta de cocaína.

En los dos tipos de Narcomenudeo fijo se observó que el número de transacciones en la calle o desde una olla es mayor que a domicilio, porque cuentan con gran parte de la oferta de marihuana y bazuco que éste no abarca. Simplemente que dadas las funciones de utilidad, presentan una mayor probabilidad de captura y castigo, además que los costos del intercambio se hacen aún más difíciles de reducir por ser puntos ligados a un territorio designado. Adicionalmente se encuentra un determinante de tipo geográfico para las dos modalidades de expendio fijo garantizando su funcionamiento al localizarse en sectores de focalización criminal. Respecto a ello, los lugares más frecuentes donde se producen arrestos por expendio son el Centro de la ciudad, Norte- Nororiente y San Francisco. Para el caso del Narcomenudeo a domicilio, las capturas por expendio móvil se focalizan en Cabecera, Ciudadela y Centro.

La alianza entre consumidor y expendedor para intercambiar droga a domicilio representa el equilibrio de Nash para el juego del Narcomenudeo en Bucaramanga. Esto significa que es un punto de acuerdo en el cual ninguna de las partes encuentra incentivos para desviar su decisión unilateralmente. Esto se desprende de dos características muy sencillas, en primera medida la inclusión del teléfono celular como medio de negociación y en segunda instancia la especialización de la venta.

El celular es un cambio tecnológico que reduce los costos de organización espacial, desliga el almacenamiento de la distribución y genera que la modalidad a domicilio crezca. Adicionalmente se observa una segmentación en este tipo de transacción que no se representa en precios diferentes, simplemente la especialización en la venta se lleva a cabo restringiendo el número de clientes al transar únicamente con conocidos; y también en el tipo de drogas, pues se especializan en cocaína. En otras palabras, el éxito del Narcomenudeo a domicilio está sustentado en un mayor número de transacciones repetidas con clientes ya establecidos.

Dado que los intercambios son voluntarios pero ilegales, no se cuentan con mecanismos formales para incentivar o condicionar a las partes a cumplir con su palabra. Pero, al dejar de ser una transacción única para convertirse en un juego repetido, ni el cliente busca expendedores nuevos cada vez que desee consumir droga, ni el expendedor corre los riesgos de que su servicio se detenga, pues se verá desincentivado a engañar a un consumidor frecuente porque le resulta mejor ganar reputación y confianza.

El modelo de Narcomenudeo no es una representación completa de la realidad ni contiene todos los elementos posibles para analizar el acuerdo. Simplemente pretende abordar y contrastar las consideraciones que se desprenden del análisis del agente racional y permite establecer las variables determinantes para comparar los pagos. En primera instancia, se concibieron agentes neutrales al riesgo, para efectos prácticos del análisis. Cabe profundizar en posteriores investigaciones, cómo la relación de amante, neutral o adverso al riesgo en el criminal, implica una reacción distinta frente a aumentos en la probabilidad de condena y el castigo, en cada una de las modalidades de Narcomenudeo.

En segunda instancia, se observa que la incidencia que tienen los actores del juego del Narcomenudeo en Bucaramanga, sobre la probabilidad de condena está principalmente en intentar evitarla. Ninguna de las partes representa influencia directa sobre la designación o elaboración de leyes que afecten los acuerdos. Esto posiblemente puede observarse en  los participantes de intercambios más grandes como los intermediarios mayoristas. Finalmente, se concluye que el modelo de Narcomenudeo no se limita únicamente a Bucaramanga, sino que puede ser aplicado en la observación de casos en ciudades distintas y evaluarlo con otras posibles drogas, para futuras investigaciones.

Nota. Este texto fue tomado de:

Muñoz-Herrera, M., & Palacio, L. (2014). Drug dealing in Bucaramanga: Case study in a drug producing country (p. 33). Disponible en: https://mpra.ub.uni-muenchen.de/58523/
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Caracterización del narcomenudeo

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Edson Manuel Muñoz Herrera

Luis Alejandro Palacio García

Es posible entender el Narcomenudeo como la interacción entre el expendedor y el consumidor final de drogas ilícitas, y se ha utilizado este concepto con el fin de marcar las especificidades de esta actividad frente a las complejidades que se pueden presentar al considerar el problema del narcotráfico en todas sus dimensiones. En este sentido, antes de abordar el problema del Narcomenudeo es importante hacer una revisión general de los fundamentos teóricos que serán utilizados a lo largo de la investigación.

En términos generales, en economía se han estudiado las transacciones ilícitas y los determinantes de la criminalidad a partir del enfoque conceptual de la Economía del Crimen, la cual aborda este tipo de actividades de no mercado dentro de un gran conjunto de ideas conocido como Análisis Económico del Derecho. En este sentido, esta forma de entender el crimen ha creado nexos cada vez más estrechos entre derecho y economía, y a su vez, ha generado caminos que divergen de la conciencia tradicional que tanto legisladores como economistas pueden tener de la relación entre la ley y el comportamiento de las personas.

El análisis propuesto por la economía del crimen está fundamentado en el supuesto de racionalidad de los individuos, lo cual no necesariamente implica cálculos exactos ni resolución de todo tipo de problemas, sino una capacidad restringida de razonamiento conocida como racionalidad limitada. De esta forma, se considera que algunas personas perciben un costo de oportunidad por permanecer dentro de la legalidad, el cual hace parte de sus consideraciones al momento de escoger si se realiza un acto delictivo o no. En el caso del consumidor de droga, por ejemplo, puede resultarle más costoso obedecer la norma de prohibición del consumo que transgredirla. Así mismo, el potencial expendedor puede considerar como mejor opción, para alcanzar un ingreso alto, dedicarse a la actividad ilegal, en muchas ocasiones porque el salario de oportunidad tiende a cero dadas las posibilidades reales de obtener un trabajo formal.

Es claro que quienes optan por la ilegalidad asumen un costo impuesto por la legislación, el cual se materializa a través de la persecución y castigos que el Estado le puede imponer por sus acciones. De esta manera, el potencial criminal realiza una comparación proporcional y subjetiva de la probabilidad de condena y el castigo por sus actos, pero como sólo los delincuentes condenados son castigados, no siempre se incurre efectivamente en el costo de la ilegalidad. Así, el delincuente percibe el valor del castigo representado en multas, años de prisión o trabajo comunitario en caso de ser condenado, pero es claro que este castigo no se hace efectivo cuando se logra evadir a la policía. Tomando en consideración lo expuesto, se espera que el número de crímenes tienda a disminuir si se incrementa la probabilidad de captura o el castigo, al dar como resultado una reducción en la utilidad esperada del criminal. Entonces, si una persona decide no cometer un acto delictivo de acuerdo a estos postulados, se dirá que el potencial infractor fue disuadido (Shavell, 1985).

Teniendo en cuenta lo anterior, el Estado tiene la posibilidad de disuadir la producción, distribución y consumo de drogas por medio de leyes que prohíben y castigan estos actos. Además, tiene a su disposición a la policía para la observancia de la ley, intentando asegurar que sus medidas se cumplan. De esta argumentación se desprende que este enfoque rompe con la percepción jurídica tradicional de individuos que ajustan su comportamiento al patrón establecido por la norma. En otras palabras, para abordar las actividades criminales no se puede presuponer obediencia a la ley, y por ende, hay que tener en consideración los gastos, tanto públicos como privados, en que se incurre con el fin de prevenir daños y aprehender a los agresores.

En esta medida, se encuentra un contexto que busca anular el intercambio pero también individuos que se relacionan sin seguir los lineamientos legales. Para ellos, la decisión de cometer un agravio dependerá de si la utilidad esperada excede la que obtendrían empleando su tiempo y recursos en otras actividades. Por lo tanto, algunas personas se convierten en delincuentes no porque su motivación básica difiera de la de los demás, sino porque sus beneficios y costos lo hacen (Becker, 1968). Así, los individuos que deciden consumir droga y quienes intercambian con estos como expendedores realizan una transacción ilícita que, en términos generales, puede ser entendida por medio de las herramientas que ha desarrollado la economía para abordar los intercambios de mercado.

Siguiendo los planteamientos de Coase, “Para llevar a cabo transacciones de mercado es necesario descubrir con quién deseamos transar, informar a la gente que deseamos intercambiar y en qué términos, conducir negociaciones que lleven a un convenio, redactar el contrato, llevar a cabo la inspección necesaria para asegurarnos de que los términos del contrato se observan, y demás.” (Coase, 1960; 526) En este sentido, la particularidad del Narcomenudeo consiste en que la búsqueda, negociación y seguimiento deben hacerse fuera de la legalidad.

No se cuenta con un marco formal que regule la interacción, y por el contrario, en cuestiones criminales el derecho pretende anular las transacciones haciéndolas mucho más costosas. Esto lleva a que comúnmente las personas desarrollen un sistema de reglas propio, una normatividad extralegal que incluye todo tipo de alianzas entre las partes para hacer cumplir los acuerdos, algunos se apoyan en la violencia y las amenazas, pero en la medida que logran reducir la fuerza hacen que las transacciones se optimicen (Ghersi, 2001).

Referencias

BECKER, Gary S. Crimen y Castigo: Una aproximación Económica. Journal of Political Economy, vol.76, núm. 3, 1968.

COASE, Ronald. El Problema Del Costo Social. Journal of Law and Economics, vol. 3, octubre de 1960, pp. 1-44. © 1960 The University of Chicago. Traducción tomada de William Breit y Harold M. Mochman, Editorial Latinoamericana, México, 1973.

GHERSI, Enrique. El Costo De La Ilegalidad. 2002. (www.cepchile.cl)

SHAVELL, Steven. Criminal Law And The Optimal Use Of Nonmonetary Sanctions As A Deterrent. Columbia Law Review, vol. 85, 1985, p. 1232. Traducido por José Casarrubias.
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El nuevo paradigma en la ciencia económica

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Resumen elaborado por: Bryan Snehider Díaz

El papel de la información en el funcionamiento de la sociedad y de la actividad económica es tal que nos movemos constantemente sobre sus cimientos sin percatarnos.  Cuando elegimos una carrera, cuando preferimos un producto del que hemos escuchado hablar, cuando decidimos llevar la sombrilla esperando un día lluvioso, estamos haciendo uso de grandes cantidades de información, y lo que es más importante, información incompleta.

La información puede entenderse como un flujo o conjunto de datos que cambia el estado de conocimiento del sujeto que recibe el mensaje, dada esta definición es evidente que la información cumple un papel relevante en las decisiones sobre las que se fundamenta el comportamiento del mercado, a tal punto que con la aparición de la economía podemos hablar de un cambio de paradigma en la economía.

Cuando hablamos de imperfecciones en la información hablamos de conocimiento incompleto sobre el objeto de decisión, según explica la teoría económica tradicional este tipo de situaciones no son verdaderamente importantes en el funcionamiento del sistema de precios. Basta echar un vistazo a la realidad para notar que muchas veces las predicciones de la teoría económica tradicional no siempre se cumplen, las teorías muchas veces prestan poca atención a la pobreza, dicen que los mercados se equilibraban y afirman que el beneficio garantiza que no haya discriminación en los mercados. El problema es que la teoría muchas veces era incapaz de explicar la aparición de instituciones ineficientes. Para enfrentarse a esta clase de incongruencias era necesario evaluar por completo el modo en que los modelos convencionales podrían tratar los problemas relacionados con las imperfecciones en la información.

En un intento por modificar los modelos para adecuarlos a esta nueva realidad, algunos teóricos optaron por incorporar la información al modelo estándar del mismo modo en que se analizaban los demás factores productivos. Una vez se conozcan los costos reales de la información podrían incorporarse en la oferta y la demanda como un costo de transacción, sin modificar el equilibrio de una manera importante. Por lo que el sistema de precios seguiría arrojando asignaciones eficientes en el sentido de Pareto, salvo ciertas excepciones poco probables conocidas como fallas del mercado. Según afirma Stiglitz los fallos no son la excepción sino la regla; en presencia de fallas en la información incluso pequeñas asimetrías podrían conducir a grandes cambios con respecto al resultado óptimo.

Tomando como ejemplo el mercado de trabajo Keniano de los años setenta, Stiglitz nos explica el modo en que la información hace parte de la relación empleador-empleado. La lógica es la siguiente: un empleador ha de tener incentivos para conocer el verdadero rendimiento de las personas a las que va a contratar, el problema es que una vez dicho rendimiento es revelado cualquier empleador podrá sacar ventaja y ofrecer salarios más altos al empleado; es decir la información se comportaría como un bien público. En este sentido el empleador solo tendrá incentivos para invertir en conocer el desempeño de sus empleados si tiene un monopolio sobre el uso de dicha información. En ese sentido el sistema de precios debe elegir entre dos fallos distintos, las asimetrías en la información o la competencia imperfecta.

Otro aspecto de vital importancia en funcionamiento del sistema de precios con información imperfecta es que en muchos casos puede evitar o imposibilitar el surgimiento de cierto tipo de transacciones o hacerlas más costosas, como es el caso de la contratación. Como sabemos, los contratos están diseñados para formalizar un acuerdo entre dos partes, y permitir claridad en el compromiso; en la práctica los contratos son imperfectos. Esto quiere decir que es imposible contener todos aquellos aspectos de la realidad que sería importante definir dentro de la realización del contrato. Con información perfecta las empresas firman un contrato y cada quien hace lo que le corresponde, pero en la vida real los gerentes deben coordinar, motivar y regular a sus empleados en las tareas que la empresa requiere y aumentar en lo posible su nivel de eficiencia.

Dichas imperfecciones no solo pueden hacer más costosas las transacciones sino que también pueden imposibilitar la creación de cierto tipo de mercados. Pensemos por ejemplo en mercados donde para el comprador sea imposible conocer la calidad del producto que va adquirir, es claro que los vendedores tendrán incentivos para aprovechar estas falencias en la información para estafar a los potenciales compradores ofreciéndoles productos muy por debajo de la calidad estándar, dado que el vendedor mismo no se vería afectado por dicha conducta. Evidentemente los compradores empezarían a ser reticentes y probablemente el nivel de demanda del producto reduciría haciendo que aquellos productos de buena calidad deban venderse a un menor precio. Es precisamente por esto que los productos de mala calidad terminarían por desplazar a los de buena calidad y en últimas destruyendo por completo dicho mercado.

Lo interesante es que la mayoría de los mercados están caracterizados así; es decir que los vendedores a menudo están mejor informados sobre el producto; lo que nos deja un interrogante: ¿Cómo logran mantenerse sin colapsar tal y como lo predice la teoría en dichas circunstancias? La respuesta también viene de la mano con la economía de la información, las acciones y decisiones tomadas en el mercado pueden transmitir información. Por eso es que las empresas pueden desear ofrecer garantías sobre sus bienes, o una empresa puede desear pagar un precio distinto por el trabajo de un individuo, en últimas el impacto de esto es evidente: hacer que el mercado funcione de una manera totalmente distinta a como lo haría si no existieran asimetrías.

En resumen el nuevo paradigma de la información socavaba las bases más importantes de “las leyes básicas de la economía”. La existencia de información imperfecta es capaz de modificar el comportamiento de una gran variedad de mercados, haciendo que la oferta no coincida con la demanda, o imposibilitando su funcionamiento de raíz, modificando el modo en que los grandes ejecutivos asumen riesgos, el modo en que las personas eligen los bienes de consumo primario o la adquisición de un seguro de vida. La información no solo importa para permitir que la academia pueda explicar el funcionamiento del mundo real, sino que también juega un papel indispensable en el desarrollo de un mundo con flujos de información cada vez mayores.

Nota. Esta columna es un resumen de las ideas expuestas en: Stiglitz, J. (2002). La información y el cambio en el paradigma de la ciencia económica. Revista Asturiana de Economía, 25, 95–164.
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Utilidad, niveles de aspiraciones y riesgo en las decisiones educativas

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Jisselle Paola Santander Celis

En la teoría económica la educación deriva su valor de su atributo de bien público, que tiene un mercado propio y se encuentra bajo la influencia de las leyes económicas de oferta y la demanda y, dependiendo de los fines del estudio, puede presentar varias acepciones. De esta forma, se considera un bien de consumo si el interés del individuo por elevar su nivel de escolaridad atiende al gusto por aprender y aumentar sus conocimientos; mientras que si sus motivaciones son mejorar su nivel de ingreso y calidad de vida, constituye un bien de inversión.

El análisis de las decisiones educativas basado en la teoría económica estándar asume que, dado que los individuos son racionales, cuando se enfrentan ante la elección entre diferentes alternativas, escogerán aquella que maximice su utilidad esperada, generalmente asociada a la opción con mayores rendimientos monetarios. De este modo, cuando los estudiantes se encuentran en la situación de escoger qué carrera universitaria estudiar, elegirán aquella que maximice los rendimientos esperados de su inversión en capital humano, dado su nivel de habilidades. Aunque este marco analítico arroja luces sobre el tema de las decisiones educativas, sin embargo no explica por qué en la práctica hay estudiantes que, incluso teniendo conocimiento de los menores salarios que ofrecen ciertas profesiones, eligen esas carreras. Además, deja de lado la influencia de los niveles de aspiraciones de los estudiantes y el riesgo que implica la toma de decisiones bajo incertidumbre en este contexto.

La aproximación teórica que sirve como marco de referencia para realizar un análisis de las diferencias de las elecciones educativas de acuerdo al género se deriva de la corriente de la elegibilidad, considerada como una “tentativa de integrar la dimensión bien de consumo de la educación en el modelo de la demanda” (Eicher, 1988). Este modelo, propuesto por Lévy-Garboua (1976) propone que la educación, como bien de consumo, tiene la particularidad de ser capaz de proporcionar a las personas cierta satisfacción y beneficios que pueden ser medidos a través del concepto de la función de utilidad. Así, dado que la función de utilidad de los estudiantes está relacionada con las ventajas que éste obtiene en el tiempo presente y el futuro y, que además estos dos elementos se pueden descomponer cada uno en su utilidad relacionada con la parte monetaria derivada de su paso por la universidad, otra con la utilidad de los bienes que podría adquirir en su vida de estudiante gracias a su familia o trabajo y otra con la no monetaria no individual.

Esta teoría ofrece un soporte teórico que podría explicar por qué algunos estudiantes eligen ciertas profesiones aun cuando tienen conocimiento de que los salarios que se pagan por estas son inferiores a otras. En el momento de escoger el programa académico a cursar y, que posteriormente, determinará su nivel de ingresos, hay quienes otorgan mayor importancia a la satisfacción personal por seguir sus preferencias que al componente monetario que implica tal elección. En este caso, los estudiantes que decidieran tomar estudios de larga duración se encontrarían a gusto con carreras económicamente no muy rentables pero que les significarían un mayor disfrute personal. No así sucedería con aquellos que concedieran mayor peso al componente económico de la decisión de carrera universitaria; estos estudiantes evaluarán las opciones y tomarán la decisión de cursar programas académicos que redunden en mayores ingresos monetarios en su vida profesional.

Ahora bien, dado que el modelo de elegibilidad no toma en cuenta la influencia en la toma de decisiones del riesgo en los niveles de aspiraciones de los estudiantes es necesario incorporar el análisis propuesto por Lionel Page (2005) a partir de la teoría de la Prospectiva (Kahneman y Tversky, 1979). Este análisis parte de una observación hecha por el sociólogo Raymond Boudon (1973) que contradice las predicciones del capital humano cuando señala que estudiantes con iguales aptitudes académicas eligen sistemáticamente diferentes niveles de estudios superiores atendiendo a su clase social.

Tanto el principio de aversión a la pérdida como el de la sensibilidad marginal decreciente en torno al punto de referencia de la teoría de la prospectiva permiten explicar el fenómeno de las desigualdades sociales en las decisiones educativas. Si los estudiantes con diferentes antecedentes sociales tienen distintos niveles de aspiraciones como Boudon asume, entonces ellos tomarán diferentes decisiones cuando se enfrenten a una decisión de riesgo acerca de continuar con una educación de largo plazo u optando por una trayectoria profesional más segura. La diferencia en la elección surge del hecho de que no todos los estudiantes atribuyen la misma ponderación al riesgo de seguir una carrera universitaria y esto se debe a la diferencia de la curvatura en la función de valor, que es cóncava para las ganancias y convexa para las pérdidas, lo que automáticamente implica una diferencia en la actitud frente al riesgo.

Generalmente los programas académicos que ofrecen mejores tasas de rendimientos implican mayor dificultad y, en igualdad de condiciones, los estudiantes prefieren aquellas carreras universitarias en las cuales su probabilidad de éxito es mayor o tienen menor riesgo de fracasar teniendo en cuenta sus antecedentes escolares al momento de tomar su decisión. En este orden de ideas, el estudiante de origen modesto sobrevalorará el riesgo por varias razones: El mercado de capitales es imperfecto por lo cual el costo de los estudios es mayor para quienes tienen pocos o nulos recursos y tienen que pedir prestado, que para aquellos cuyas familias subsidian el costo de la carga educativa. Además, el mismo costo no tiene las mismas consecuencias para quien debe pedir prestado y, por lo general los estudiantes de niveles socioeconómicos más altos tienen mejores logros escolares.

En la teoría de la prospectiva, los niveles de aspiraciones en los individuos están representados por los puntos de referencia, que podrían reflejar los logros académicos o profesionales de los padres ajustados por los cambios intergeneracionales de las condiciones económicas y las capacidades de los hijos. En este sentido, ante la elección de programa de estudios superiores o duración de los mismos, aunque la elección a la cual se enfrentan los estudiantes de alto y bajo nivel socioeconómico es objetivamente idéntica, sus aspiraciones subjetivas son muy diferentes. Para el estudiante de condición modesta, tener estudios de bachillerato se percibe como un logro positivo; pero permanecer allí sería visto como un fracaso para aquel de origen más alto, quien teniendo como referente los logros de su entorno social, aspiraría a obtener un grado universitario.

Por lo tanto, la teoría de la prospectiva predice que en tal situación el estudiante de origen modesto será averso al riesgo y se sentirá satisfecho si consigue asegurar un salario decente evitando el riesgo de no poder conseguir el título universitario. Mientras que por su parte, el estudiante de origen más alto, será más arriesgado pues no será feliz de conseguir alguna otra cosa que el salario más alto a pesar del riesgo de fracaso.

Este análisis también resulta pertinente para las diferencias en las elecciones de carrera universitaria en otra gran categoría social como es la del género, pues está ampliamente documentado en la literatura empírica (Croson y Gneezy, 2009; Gneezy et al., 2003; Booth y Nolen, 2011) que atributos como la aversión al riesgo, la escasa competitividad y la dependencia son rasgos que caracterizan al género femenino, lo cual ubicaría a las mujeres en el mismo nivel del análisis de las decisiones educativas de los estudiantes de origen socioeconómico más bajo. Dados estos atributos del género femenino podrían explicarse las diferencias entre hombres y mujeres en las elecciones de carrera y duración de la misma.

Referencias

Booth, A. y Nolen, P. (2011). Choosing to compete: How different are girls and boys?. Journal of Economic Behavior and Organization. 81 (2012). 542-555.

Boudon, R. (1973) L’inégalité des Chances: la Mobilité Sociale dans les Sociétés

Industrielles. Paris, Armand Colin.

Croson, R., Gneezy, U., (2009). Gender difference in preferences. Journal of Economic Literature 47, 1–27.

Eicher J.C., (1988). Treinta años de Economía de la Educación. Ekonomiaz. 12 (1998) 11-38

Gneezy, U., Niederle, M., Rustichini, A., (2003). Performance in competitive environments: gender differences. Quarterly Journal of Economics, 1049–1074.

Kahneman, D. and Tversky, A. (1979) “Prospect Theory: an analysis of decisions Uunder risk”. Econometrica, 47.  263–291.

Lévy-Garboua L. (1976). Les demandes de l’étudiant ou les contradictions de l’université de masse. Revue française de sociologie, (17) 1. 53-80.

Page, L. (2004). Des inégalités sociales aux inégalités scolaires: Choix éducatifs et Prospect Theory. Revue économique – (56) 3, 615-624.
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¿Es mi yo sombrío mi camino a la felicidad?

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Yesica Tatiana Rodríguez Torres

Sin duda alguna se puede decir que, la diferencia entre el ser humano y los animales es la racionalidad, que nos permite actuar de manera correcta y lógica en la vida social. Pero, si fuéramos totalmente racionales, ¿sería necesario el establecimiento de normas de conducta? Claramente no, esa parte que nos convierte en seres humanos, en “seres superiores” está sujeta a supuestos y situaciones. En cierto punto se puede considerar que nos podemos dejar llevar por instintos naturales que para nosotros son las emociones, para lograr sentirnos plenos y felices. Sin embargo, para la economía y ciertas ciencias sociales, la racionalidad y la felicidad están relacionadas directamente. Para Aristóteles, por ejemplo, la felicidad perfecta consistía en la actividad racional, dado que la razón es lo más valioso para los humanos y es lo que proporciona esta felicidad perfecta (Martínez, 2002). Sin embargo, esta noción se pone en duda, en vista de que el ser humano no es sabio por naturaleza, le cuesta razonar y de vez en cuando hasta le molesta hacerlo.

De tal manera que la felicidad no depende para el ser humano únicamente de ser sabio, sino también de que sea agradable para él serlo. Según Ariely (2008) “cada uno de nosotros alberga un yo sombrío, un , un bruto que puede arrebatarle el control al super-yo de manera imprevisible”. Pero si dejarse llevar por ese yo sombrío nos hace felices: ¿Sería eso entonces ser irracional? Aunque, el autor se refiere a la manera cómo actúa el ser humano en momentos en los cuales predomina la pasión y las emociones, ese yo sombrío también se puede convertir en el que nos lleve por el camino no muy correcto hacia la felicidad, que según entiendo es relativa.

En palabras más claras, dejarse llevar por las emociones y no comportarse de acorde a las normas sociales, para algunos puede ser su felicidad perfecta. Consideremos entonces un individuo que se comporta de acorde a las leyes, es totalmente racional en su actuar, pero, sus sentimientos y condiciones de vida no le permiten tener la felicidad absoluta, si bien en cierto que, “todos nos quedamos cortos a la hora de predecir hasta qué punto dejarnos llevar por las pasiones niega completamente nuestro super-yo” (Ariely, 2008). Negar ese super-yo  sería irracional, pero nos daría felicidad en ciertas ocasiones o puede que sea racional para mi comportarme acorde a mis emociones. En dichos casos como la felicidad es relativa ¿la racionalidad también es relativa? No creo que esto sea posible, ya que la racionalidad responde a un proceso lógico, un comportamiento adecuado que nos diferencia de los animales y que es aprobado por la sociedad, llevándonos a que pueda triunfar nuestro super-yo.

En ese sentido, la felicidad estaría sujeta a lo que perciba las demás personas de mí actuar, de mi correcto razonar, es decir, en cómo me vea el mundo. Me sustento entonces en la idea de que somos seres sociales que nos importa la concepción que tiene la sociedad sobre nosotros, para decir que nuestra felicidad puede estar directamente relacionada con la racionalidad, en vista de que nuestra conducta acorde y correcta regida por las normas sociales, es la que nos hace ver ser admitidos dentro de la sociedad y poder actuar de esta manera solo es posible si somos racionales. En últimas, puedo decir que para Ariely, como para Aristóteles, la razón es determinante en la vida del hombre, para el primero logra que se comporte adecuadamente y para el segundo es la causa de su felicidad, de manera que no veo errónea la idea de interpretar los dos conceptos como la vía que puede llevarnos al objetivo final de la vida humana, la felicidad.

Sin embargo, existe la condición de que todos queramos ser parte de esa sociedad y nos afecte la percepción de los demás sobre nuestro actuar. ¿Qué pasa entonces si esto no es así? Si actuamos de manera egoísta y vamos simplemente siendo unos locos por la vida, haciendo lo que nos plazca y nos haga felices. Es claro que este tipo de conducta es castigado y puede traer graves repercusiones sobre quienes la practican, pero si estamos lo suficientemente dementes, esto es lo último que nos importa, creo yo. En ese contexto, estaríamos actuando irracionalmente, porque nos dejamos llevar por nuestras emociones, pero puede que logremos nuestra felicidad perfecta liberando ese yo sombrío y retando al super-yo.

Referencias

Ariely, D. (2008). Las trampas del deseo. Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error. Barcelona: Ariel

Martínez, P. (2002). La limitada racionalidad humana. Revista Interdisciplinar de Filosofía, 7, p. 101-114. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/792829.pdf
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La especulación inmobiliaria en Colombia: el juego que nunca ganaremos

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Yeni Katerine Mariño Pabón

“Todo hombre [y mujer]… vive de intercambio, o se convierte en cierta medida en mercader, y la propia sociedad se desarrolla para llegar a ser lo que es propiamente una sociedad comercial” Adam Smith

Dan Ariely es un profesor de la Universidad de Duke comprometido académicamente con la economía conductual. En su libro, Las Trampas del Deseo, increpa a los lectores a la pregunta: ¿Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error? Surge una reflexión, ¿Todos los impulsos irracionales siempre llevan a un error? ¿Las reacciones irracionales el cuerpo humano está en la capacidad de controlarlas? La pregunta que aquí se formula es nada más ni nada menos el fundamento de las decisiones humanas.

Al nacer, se crece con la idea de valorar lo poco o mucho que se tiene; en tanto a bienes materiales como a los seres queridos que nos rodean, esto heredado por las costumbres familiares que tienen origen en la religión. A su vez, estos hábitos que traspasan generaciones nos imparten la idea de valorar o comprar un techo en dónde vivir, aquel lugar que lleve a la tranquilidad y seguridad que por derecho fundamental consagra la Constitución Política de Colombia. Es ahí, cuando los colombianos por satisfacer esta necesidad y por generar un activo para la familia empiezan la tarea de buscar un lugar por habitar y en donde vivirá las experiencias que enriquecerá su vida o porque también desea buscar independencia familiar o desea salir del hacinamiento que vive su hogar.

En Colombia, el mercado inmobiliario atraviesa por lo que algunos economistas han denominado “la especulación inmobiliaria”, que se explica en la preocupación latente del comprador, ya que es un fenómeno que se refleja en un aumento continuo en los precios de vivienda nueva y en una mayor oferta que se percibe en la zona urbana. El 12,4% de los hogares vive en condiciones de hacinamiento. De estos, según el Dane, una quinta parte presenta déficit de vivienda, de los cuales 7,5% (773 mil hogares) corresponden a déficit cuantitativo y 11,7% (1,2 millones de hogares) a déficit cualitativo. Es decir, para la población de los estratos bajos su restricción presupuestaría no les alcanzaría ni para los bultos de cemento, pues todo esto hace parte de una cadena de valor que se aleja de la canasta de bienes de los pobres.

Ariely en la sección 7 de su libro: “El alto precio de la propiedad” habla de esta problemática y sostendría que los propietarios crean una fuerte relación material y sentimental con su área, y en consecuencia se observa los altos precios de la vivienda. Esta afirmación se queda corta ante la realidad. La burbuja inmobiliaria es un incremento excesivo e injustificado de los bienes raíces en este caso, provocado por la especulación. ¿Pero quién hace la especulación? ¿Las personas mayores de 70 años que se aferran a los recuerdos que no volverán o el sistema financiero internacional? Las actividades financieras que se realizan en las bolsas de valores del mundo son en su mayoría transacciones especulativas, es decir provienen de actividades no productivas. Cuando no hay crisis y caída de precios los inversionistas de bolsa, encuentran en la especulación el medio más rentable. Los dineros exorbitantes encuentran asilo en el suelo, debido a que el comportamiento de los precios de la tierra es contrario al resto de la economía. Al introducir los mercados de capitales, se aumenta la demanda y por eso mismo el precio de la vivienda, es así como el comprador se encuentra en la situación que su terreno vale más que en la ocasión que lo compro, consigue ganancias sin costos de producción.

El negocio consiste en comprar un terreno a muy bajo costo, que en muchos casos no es un terreno si no áreas estratégicas de la ciudad, se convierten en monopolios de la región, designan un precio que aumente exageradamente su capital y se aprovechan de la escasez del suelo para que el comprador que necesita una vivienda no le quede más remedio que comprarla, en cadena con altas tasas de interés de los préstamos de los bancos, amigos o muchas veces los que compraron los terrenos en el territorio.

No está mal que se gane dinero por la venta de vivienda, pues corresponde a una actividad económica. Lo que me parece perverso es que se niegue el acceso a los colombianos a poseer una vivienda digna, a que se eleve el precio del arriendo, a que se pierdan casas por culpa de las enormes deudas con los bancos comerciales y sobre todo aumentar la pobreza de los ciudadanos por un fenómeno llamado especulación de pleno siglo XXI, que ha generado la pérdida de activos de la clase alta, media y baja como en el caso de Interbolsa, sin una institución que regule, intervenga y asista a estas empresas. Los dueños de nuestros suelos, a diferencia de lo que sostiene Ariely, no se relacionan sentimentalmente con él; por el contrario, establecen una relación plenamente comercial que el mismo autor estaría de acuerdo pues son los dueños del juego, ponen las reglas, no generan información completa, ni muchos menos simultaneidad. No obstante, decidimos jugarlo donde se desconoce que los mayores pagos siempre lo obtendrán ellos y no poseemos incentivos para desviarnos.

Bibliografía

Ariely, D. (2008). Las trampas del deseo. Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error (p. 282). Barcelona: Ariel.
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