¿Qué pensar de Uber?

2501

La sola mención de Uber produce apasionados debates. ¿Qué puede aportar el economista sobre ese fenómeno? Me limitaré a unas cuantas reflexiones.

En primer lugar, estemos a favor o en contra de UBER, no podemos negar la existencia de un progreso tecnológico asociado a esta aplicación. Y no se trata de un progreso extraordinario, lo que demuestra hasta qué punto la falta de competencia puede ser dañina para la innovación. ¿Cuáles son las innovaciones que ha aportado Uber? El pago automático a través de una tarjeta registrada de antemano, lo que permite no perder tiempo en pagar cuando se llega a destino; la calificación de los conductores y los clientes; el que no sea necesario llamar y esperar la respuesta de la operadora o del operador; la geolocalización, que permite seguir el itinerario del taxi antes y durante la carrera, y tener una estimación fiable del tiempo de espera; y, finalmente, y de un modo inesperado, una tarificación especial en horas punta, reflejo de la escasez de vehículos. Unas “innovaciones” casi triviales en las que, sin embargo, no había pensado o no habían querido adoptar ninguna compañía de taxis.

La más controvertida de esas innovaciones es la tarificación en horas punta; y, aunque es posible imaginar la posibilidad de abusos, esa tarificación en su conjunto está bien. De hecho, la pionera mundial en tarificación en función de horas punta-horas valle no fue otra que la compañía eléctrica francesa EDF con sus tarifas azul-blanca-roja (hoy Tempo) concebidas en 1949 por un joven ingeniero y futuro presidente de la empresa: Marcel Boiteux. Esa idea se aplica hoy a los billetes de avión y de tren, a las habitaciones de hotel o a las estaciones de esquí. Permite ocupar las habitaciones o los asientos vacíos a precios bajos en periodos de poca afluencia sin poner en peligro el equilibrio financiero de la empresa. Volviendo al transporte con conductor, en caso de escasez por horas punta, en lugar de dejar a los usuarios esperar un vehículo indefinidamente, los que pueden volver a pie o en metro, o compartir coche con amigos, optan por esas soluciones, mientras que los que no tienen otra alternativa pueden disponer de un vehículo.

Segundo, cualquier cambio tecnológico choca con las empresas ya establecidas, que no ven con buenos ojos su llegada. Defender los intereses adquiridos no es una buena guía de la política pública. En el caso particular que nos ocupa, el statu quo es muy poco satisfactorio. Los taxis son caros y escasos. Y se han sacrificado muchos empleos, incluidos los de la población menos favorecida. Es interesante señalar que France Uber permite a muchos jóvenes procedentes de la migración tener un empleo en un país en el que las instituciones del mercado laboral no les son especialmente favorables.

Tercero, se han expuesto dos argumentos en favor de los taxis. El primero es la igualdad ante la competencia; es un argumento crucial. Hay que mirar si, a igual actividad, un taxi clásico y un taxi Uber pagan la misma suma en cargas sociales y en impuestos. Lo primero que habría que haber hecho cuando se produjo el conflicto de junio de 2015 en Francia era examinar las cifras y haberse asegurado de que no había distorsión de la competencia. Es este un debate, basado únicamente en hechos, que podría haberse desarrollado con total serenidad.

El segundo argumento es el resultado de una grave metedura de pata de los poderes públicos en el pasado: conceder, a los particulares y gratuitamente, unas licencias de taxis de gran valor debido a su escasez y, después, cerrar los ojos ante su reventa. El Estado tiene una gran parte de responsabilidad en la situación actual. Algunos taxistas independientes han pagado su licencia a un precio muy elevado y ahora ven cómo la entrada de la competencia hace que se evapore una parte de su futura pensión. Eso plantea el problema de la compensación. En Dublín, el número de taxis se ha multiplicado por dos y, a modo de compensación parcial, las nuevas licencias se concedieron a los que ya poseían una. Era una buena política…, hasta la aparición del progreso tecnológico que representan las plataformas Uber o Lyft.

Nota. Este texto fue tomado de: Tirole, J. (2017). La economía del bien común. Taurus.

logo-emar-lab

¡Porque tus decisiones cuentan! ¡Inscríbete al Laboratorio de Economía Experimental del Grupo EMAR y podrás descubrir el valor que tienen tus decisiones! Contáctenos al teléfono (7) 634 4000 Ext. 1152 o al correo electrónico emarlab@uis.edu.co. Estaremos compartiendo información sobre los experimentos, juegos y talleres que organizaremos.

Formulario de inscripción

Facebook EMAR LAB

Columnas relacionadas

2468. Seminario de teoría de juegos. Juegos de negociación 2018 I

2469. Mercados prohibidos: Instrucciones

2475. Mercados prohibidos: Guía para el estudiante

 

Anuncios

¿El fin del trabajo asalariado?

2492

¿Nos dirigimos hacia una generalización del estatus del autónomo y de la desaparición del trabajo asalariado como predicen numerosos observadores? No lo sé: más bien apostaría por un desplazamiento progresivo hacia un trabajo independiente, pero en ningún caso por la desaparición de los asalariados.

El porcentaje del trabajo autónomo aumentará debido a que las nuevas tecnologías facilitaran el contacto entre los trabajadores autónomos y sus clientes. Pero más importante aún es el hecho de que generan y ponen a disposición a bajo coste las reputaciones individuales. Ayer nos fiábamos de la reputación de la compañía de taxis y de su interés en vigilar el comportamiento de sus conductores, lo mismo que teníamos un a priori favorable sobre una lavadora basándonos en la marca y no en la reputación del asalariado de la empresa que había fabricado la máquina específica que habíamos comprado.

Hoy, en el momento de pedir un coche, Uber proporciona la reputación de cada conductor y este puede rechazar la transacción. La reputación colectiva de la empresa con el control concomitante del comportamiento de sus asalariados deja paso a la reputación individual. Esta reputación individual, así como la trazabilidad digital del encargo y de la prestación, es una respuesta al problema de la confianza mencionado al principio del capítulo.

Pero la tecnología puede, en ocasiones, tener un efecto contrario y facilitar el trabajo asalariado. George Baker y Thomas Hubbard dan el ejemplo siguiente. Muchos camioneros en Estados Unidos trabajan por cuenta propia y ello genera cierto número de inconvenientes: el conductor es propietario de su camión, lo que representa una considerable inversión. Su ahorro se invierte, pues, en el mismo sector que su fuerza de trabajo, lo que hace que el camionero se exponga a un riesgo considerable: en caso de recesión temporal o estable, los ingresos del trabajo y del valor de reventa del vehículo bajan a la vez. El sentido común de que el ahorro no debe invertirse en el sector en el que se trabaja se ha pasado por alto. Por último, un trabajador autónomo debe ocuparse él mismo de las reparaciones y, eventualmente, soportar el gasto de la falta de disponibilidad momentánea de su vehículo.

¿Por qué los camioneros no son asalariados de una empresa, que se encargaría de la compra y el mantenimiento de la flota de camiones? La respuesta es que, con frecuencia, son asalariados, pero ese asalariado está limitado por el riesgo moral: al empresario le afecta que el conductor no trate bien el vehículo, mientras que el camionero independiente estará interesado en tratarlo bien. La digitalización puede, en este caso, facilitar el trabajo asalariado: la empresa de transportes por carretera puede ahora ser dueña de los camiones y vigilar el comportamiento del conductor con más facilidad gracias a la informática de a bordo.

En un sentido más amplio, hay muchos factores que explican que se instituya el trabajo asalariado. Puede ocurrir que las inversiones sean demasiado elevadas para un trabajador o incluso un grupo de trabajadores. O que sean asumibles, pero que la persona prefiera no sufrir el riesgo y el estrés correspondiente como lo demuestra el caso de los médicos o dentistas que prefieren ser asalariados de una consulta privada antes que instalarse por cuenta propia.

El fraccionamiento de las tareas entre diversos empleadores puede no ser deseable por varias razones. El secreto de fabricación u otros aspectos confidenciales ligados al trabajo son susceptibles de llevar al empleador a exigir una exclusividad del empleado. Además, cuando el trabajo se hace en equipo y no se puede medir de un modo objetivo la productividad exacta de un trabajador (a diferencia del caso del artesano), este no siempre es libre de organizar su trabajo como él lo entiende; en ese caso, tener varios empleadores puede generar importantes conflictos relativos a la asignación y el ritmo de las tareas. En resumen, la relación salarial no desaparecerá, pero se puede apostar a que su importancia disminuirá en un futuro próximo.

Nota. Este texto fue tomado de: Tirole, J. (2017). La economía del bien común. Taurus.

Seminario de teoría de juegos. Juegos de negociación 2018 I
logo-emar-lab

¡Porque tus decisiones cuentan! ¡Inscríbete al Laboratorio de Economía Experimental del Grupo EMAR y podrás descubrir el valor que tienen tus decisiones! Contáctenos al teléfono (7) 634 4000 Ext. 1152 o al correo electrónico emarlab@uis.edu.co. Estaremos compartiendo información sobre los experimentos, juegos y talleres que organizaremos.

Formulario de inscripción

Facebook EMAR LAB

Columnas relacionadas

2468. Seminario de teoría de juegos. Juegos de negociación 2018 I

2469. Mercados prohibidos: Instrucciones

2475. Mercados prohibidos: Guía para el estudiante

Mercados prohibidos: ¿Te gustaría jugar?

2491

Luis Alejandro Palacio García

El mejor ejemplo de los mercados prohibidos es el narcomenudeo, un acuerdo voluntario entre dos partes, el vendedor y el comprador de drogas ilícitas. Una particularidad fundamental de esta transacción es el no involucrar fuerza ni imposición. Esta característica implica que por encima de su connotación de ilícito, tanto el consumidor como el expendedor tienen incentivos para participar en el trato, lo cual hace que el delito se clasifique como un crimen sin víctimas. Dentro de esta visión se presentan a continuación una caracterización de los actores que participan en la transacción y el proceso que se requiere para realizarla. Debo aclarar que esto solo tiene un propósito académico.

En primer lugar, está el expendedor que cumple un papel similar al de cualquier otro intermediario de la cadena de producción y distribución de droga: comprar y transformar la sustancia para volver a venderla. La diferenciación esencial es que su cliente no es un intermediario más sino el consumidor final. Aunque para cada persona es distinto el interés por delinquir, por simplicidad se puede afirmar que la motivación para cometer este acto ilegal en el expendedor está determinada por la maximización de su ingreso.

En esta medida, un individuo, antes de decidirse por expender, cuenta con cuatro estrategias: 1) No trabajar como expendedor sino en la legalidad, 2) expender desde una casa o bien inmueble al que se le denomina olla, 3) trabajar como un jíbaro en la calle, 4) a domicilio, contactándose con sus clientes por medio de telefonía celular. Los términos olla, jíbaro y domiciliario no son categorías sujetas a consenso académico o formal, pero se presentan como expresiones que facilitan la diferenciación entre las estrategias escogidas por los expendedores.

El primer paso del expendedor es conseguir la droga, requiriendo capital inicial para comprarla, acceso a la mercancía y posibilidades de venta. En ocasiones se necesitan acuerdos con el intermediario superior en la cadena, con los grupos armados que controlen el sector, con los demás expendedores y con la policía. A causa de la imposibilidad de utilizar mecanismos explícitos para anunciar el trato que pretenden, generalmente las ollas y los jíbaros se ubican en zonas de focalización criminal donde son escudados por otros delitos relacionados con la prostitución y la delincuencia común. En estos sitios se hace claro para un consumidor que allí es posible la negociación y los vendedores se esfuerzan por cuidar su territorio.

Por el contrario, el expendio móvil lo constituyen aquellos vendedores que se desligan de una ubicación territorial siendo contactados por sus clientes a través de teléfonos celulares. En este sentido, la negociación se hace personalmente si se es jíbaro o en la olla, mientras que el domiciliario la realiza por medio de comunicación telefónica. En cuanto al acuerdo, se debe especificar el tipo de droga que se requiere, cantidad, calidad y precio de la mercancía.

Por su parte, el cliente no tiene interés en vender la sustancia y hacer dinero con la transacción, únicamente desea comprar para consumo personal. Aunque los niveles de consumo sean distintos entre las personas y sus condiciones particulares, es posible afirmar que la demanda de drogas es inelástica por la adicción que genera. Por lo tanto, la elección a la que se ve enfrentado el demandante es consumir frente a no hacerlo, y en caso que decida comprar, deberá escoger entre las tres modalidades de expendio, en una olla, a un jíbaro o llamar al domiciliario. Como se ha mencionado, las dos primeras modalidades requieren un desplazamiento del cliente hasta el lugar de expendio, mientras que la tercera permite al consumidor acordar el sitio de encuentro. Sin embargo, por motivos de seguridad el expendedor a domicilio sólo lleva a cabo transacciones con clientes conocidos, lo cual implica que cuando se compra por primera vez es necesario hacer el contacto a través de otros consumidores que lo referencian.

Es claro que el cliente siempre preferirá comprar al expendedor que le ofrezca mayor calidad. En este sentido, es importante resaltar que la calidad incluye el proceso de búsqueda y negociación de la droga, así como el efecto que produce la sustancia. En otras palabras, la valoración que hace el consumidor del producto depende del trato que reciba, la tranquilidad con que se lleva a cabo la venta, la reputación del vendedor, y por supuesto, de la cantidad, pureza y precio de la mercancía.

En resumen, el expendedor busca dinero y el cliente droga y transan intentando reducir la probabilidad de captura o castigo por ello. Cuando un cliente logra encontrar un expendedor y no se siente amenazado por ser capturado ni tampoco agredido por factores externos al intercambio, o al menos no como para sentirse disuadido, la transacción se lleva a cabo. Si no obtiene lo que desea, el consumidor puede buscar otro oferente, ya que no cuenta con los procedimientos legales para hacer cumplir el acuerdo. En este sentido, el seguimiento y control de la transacción es muy limitado y por lo general se reduce a estar alerta de no ser engañado o de terminar en una redada policial. Por lo tanto, jugar a los mercados prohibidos no es una invitación a infringir la ley ni poner en peligro la integridad física de las personas. Por medio de una simulación en los computadores los invito a jugar para que puedan sacar sus propias conclusiones.

Referencias

Muñoz-Herrera, M., & Palacio, L. (2014). Drug dealing in Bucaramanga: Case study in a drug producing country (p. 33).

Seminario de teoría de juegos. Juegos de negociación 2018 I
logo-emar-lab

¡Porque tus decisiones cuentan! ¡Inscríbete al Laboratorio de Economía Experimental del Grupo EMAR y podrás descubrir el valor que tienen tus decisiones! Contáctenos al teléfono (7) 634 4000 Ext. 1152 o al correo electrónico emarlab@uis.edu.co. Estaremos compartiendo información sobre los experimentos, juegos y talleres que organizaremos.

Formulario de inscripción

Facebook EMAR LAB

Columnas relacionadas

2468. Seminario de teoría de juegos. Juegos de negociación 2018 I

2469. Mercados prohibidos: Instrucciones

2475. Mercados prohibidos: Guía para el estudiante

Buscadores de rentas: ¿Te gustaría jugar?

2485

Bryan Snehider Díaz

El manejo y la administración de la riqueza y los recursos materiales es una cuestión que nos afecta a todos de un modo muy directo. Es muy común pensar en el manejo de recursos como una tarea que solo les interesa a los políticos, a los grandes empresarios y a los inversionistas. Esto muchas veces nos lleva a ignorar la importancia que tiene la administración de todo tipo de recursos en el acervo de decisiones que tomamos cotidianamente: ¿deberíamos pasar una hora más viendo televisión o levantarnos a trabajar? ¿Vale la pena esperar que el semáforo se ponga en rojo? ¿Deberíamos llevar sombrilla hoy? Todas estas situaciones nos obligan a sopesar entre costos y beneficios en un ambiente donde muchas veces no tenemos claros todos los escenarios o resultados posibles y a lo sumo poseemos ciertas creencias sobre lo que nuestras acciones podrían desencadenar.

Hace unos días cuando un amigo intentaba venderme un sistema de seguridad surgió un intercambio de ideas interesante. Intentaba explicarme porqué debía adquirir urgentemente una muestra de su producto. Según él, un par de días atrás una amiga muy cercana había sido víctima de un robo, adicionalmente todas las personas hablaban constantemente sobre lo mucho que la inseguridad estaba aumentando. La suerte estaba tendida y sin necesidad de un análisis demasiado profundo todo parecía indicar que mi casa necesitaba de una alarma urgentemente. Sin lugar a dudas muchos otros clientes habrán cedido ante sus argumentos y habrán adquirido el producto, pero en mi caso la respuesta fue diferente. La cuestión es que independiente de lo que yo pudiera creer, me enfrentaba a una decisión donde mis acciones, la acciones de los demás y mi capacidad de comprender el ambiente con cabeza fría para asignar así mis recursos tenían una repercusión inmediata en mi felicidad, en la de mi amigo, y en la del posible ladrón que me quisiera robar.

Es por ello que a los economistas el concepto de eficiencia en la asignación de recursos les ha interesado desde siempre. Una asignación de recursos es eficiente cuando se ha llegado a un punto donde nadie puede mejorar sin que otro empeore; es decir, los recursos están siendo tan útiles como es humanamente posible. La eficiencia no es solo una cuestión de obtener más dinero para los empresarios, la eficiencia es el modo en que, por ejemplo, si no existiera un ladrón yo no tendría que comprar nunca una alarma, mi amigo no se dedicaría a venderlas, y todo ese tiempo, esfuerzo y recursos estarían mejor utilizados en alguna otra labor. Mi amigo podría producir helados, y yo estaría más que a gusto pagando por ellos.

Los recursos pueden asignarse haciendo uso de un amplio arsenal de mecanismos. Esta parte puede ser un poco abstracta, así que intentaré valerme de un ejemplo para hacerlo lo más sencillo posible. El gobierno de un país desea subastar el derecho a la explotación de un recurso natural; para ello invita a todos los posibles interesados a hacer parte de una subasta inglesa clásica (esas donde gana el que haga la puja más alta). Dada la naturaleza de la subasta es claro que como máximo cada uno de los participantes estará dispuesto a pujar la cantidad en que valore dicho derecho, y por tanto al final la subasta la ganará quien lo valore en mayor medida, obteniéndose de paso la mayor ganancia posible para el gobierno. Es una situación eficiente donde todos han alcanzado el mayor bienestar posible con los recursos que existen.

No obstante, imaginemos que el gobierno decide asignar el derecho al azar o que, aun peor, decide que el criterio de decisión sea diferente a competir dentro de unas reglas transparentes, es decir, obtener el favor del subastador, entregando el derecho a quien mejor le parezca. Sin lugar a dudas el resultado sería muy diferente y probablemente dejaría de ser eficiente. En ese sentido podríamos definir un mecanismo como un conjunto de reglas establecidas sobre el modo en que se debe distribuir un recurso. Los mecanismos existen en una gran cantidad de ambientes: cuando se elige el beneficiario de una donación de órganos, cuando una aerolínea decide asignarnos un nuevo vuelo porque el anterior se ha retrasado, o cuando decidimos invertir nuestros ahorros siguiendo alguna simple regla de inversión. Los mecanismos son esenciales para asegurar la eficiencia en la distribución de dichos recursos.

Los recursos dentro de un mecanismo pueden ser asignados muchas veces apelando a un ambiente competitivo. Si pensamos dos veces el asunto podríamos deducir que esta es la forma en que funciona el mercado, cada empresa funciona gracias a unos recursos, donde el ingreso fluye mediante la competencia hacia aquel que mejor se ajuste a las circunstancias. Un ejemplo quizás más cercano de lo mismo sería el mecanismo de subasta, cuya utilidad depende sobre todo de su naturaleza competitiva, los participantes compiten por sus pujas hasta que tenemos finalmente un ganador, en ese sentido la competencia incentivaría a las personas a utilizar de manera eficaz los recursos de que disponen.

No obstante, el papel de la competencia podría no siempre llevar a una situación tan equilibrada como esta, incluso podría decidirse que también tiene un lado oscuro. Competir no viene sin un costo, los participantes deben incurrir muchas veces en todo tipo de inversiones inoficiosas como llenar formatos, aumentar la burocracia y adquirir nuevo capital simplemente para poder participar en las licitaciones. El problema fundamental que deberíamos plantearnos es: ¿podría llegarse a un punto donde los competidores invirtieran una mayor cantidad de recursos que el premio por el que compiten? Recordemos que todos y cada uno de los participantes muchas veces no posee la información sobre las acciones de los demás, como yo no puedo saber si un ladrón me observa en este preciso instante pensando en robar mi casa.

Es por ello que nos interesa averiguar qué sucede en esta relación entre recursos y competencia, como economistas y como personas podríamos preguntarnos si en una sociedad tan diversa y compleja, como en la que vivimos, competir con el otro es la mejor forma de obtener los mejores resultados. Aristóteles decía que entre dos hermanos la sana competencia podía servir como una relación ideal, donde gracias a esta se extrajese lo mejor del otro. Pero más de dos mil años de decisiones competitivas nos ha mostrado que sometido a suficiente presión, competir puede resultar en un baño de sangre. Los invito a jugar buscadores de rentas y averiguarlo por ustedes mismos.

Seminario de teoría de juegos. Juegos de negociación 2018 I

Buscadores de rentas: Instrucciones subasta

Formulario en línea

Buscadores de rentas: Guía para el estudiante

logo-emar-lab

¡Porque tus decisiones cuentan! ¡Inscríbete al Laboratorio de Economía Experimental del Grupo EMAR y podrás descubrir el valor que tienen tus decisiones! Contáctenos al teléfono (7) 634 4000 Ext. 1152 o al correo electrónico emarlab@uis.edu.co. Estaremos compartiendo información sobre los experimentos, juegos y talleres que organizaremos.

Formulario de inscripción

Facebook EMAR LAB

Columnas relacionadas

2408. ¿Qué son las competencias ciudadanas?

2449. Un breve análisis de la importancia de la educación

2455. Sobre fútbol y reglas sociales

 

Características del éxito y el fracaso de las organizaciones

2420

La descripción que hizo Henry Ford de la organización era equivocada. El estudio de la organización no trata de la colocación de los frutos en el árbol de la autoridad, sino de cómo se coordina y motiva a la gente para las cosas se lleven a cabo. En estos breves ejemplos históricos han empezado a emerger varias características.

Primera y fundamental, la organización y la estrategia empresarial pueden ser tan importantes como la tecnología, sus costes o la demanda, en la determinación del éxito de una empresa. A pesar de la superioridad de su tecnología, sus mayores recursos y las ventajas de escala, la Ford Motor Company, bajo la dirección de Henry Ford, perdió su batalla con la General Motors de Alfred Sloan. La Hudson’s Bay Company sufrió muchas derrotas en su competencia con la novata North West Company. En estas historias los competidores que conocieron el éxito consiguieron su ventaja en parte gracias a las estrategias adoptadas en sus mercados, pero también buena parte de aquélla provenía de sus estructuras y políticas organizativas innovadoras y especialmente de la concordancia entre sus estrategias y sus estructuras.

¿Qué aspectos de la organización tienen importancia? En estos ejemplos los incentivos constituyen un elemento importante. Los empleados de la Hudson’s Bay Company no se sentían muy inclinados a demostrar iniciativa y criterio, puesto que podían ser flagelados por sus errores sin participación alguna en los beneficios adicionales que pudieran ganar para la compañía. En 1920 en General Motors, no imputar a las divisiones el costo de mantenimiento de las existencias que acumulaban fue la causa del enorme crecimiento de estas, que condujo a una crisis financiera. Inicialmente, Salomón Brothers, con sus muchos agentes actuando independientemente, tenía unos incentivos parcialmente correctos. Sin embargo, su énfasis en la evaluación de la actuación individual no alentaba a los empleados a cooperar y a compartir la información entre ellos. Finalmente, los países comunistas, con su empeño ideológico en la igualdad económica, tenían en todo momento problemas de incentivos.

Otro rasgo común de las organizaciones con éxito en los anteriores ejemplos es la tendencia a situar la autoridad para tomar decisiones en las manos de quienes poseen la información. Salomón Brothers, con dos teléfonos y una enorme autonomía en las manos de sus agentes es un ejemplo extremo. General Motors, con su organización multidivisional situaba las decisiones sobre el producto y la comercialización en las manos de los gerentes de división. Y la North West Company consiguió una ventaja sobre su competidor de mayores dimensiones operando como una sociedad con los socios “hibernadores” situados en el campo de operaciones, tomando rápidamente decisiones basadas en información puesta al día de las condiciones de los mercados locales.

Aunque la delegación de autoridad en aquellos que poseen información necesaria para tomar decisiones correctas es una parte importante de un buen diseño organizativo, tiene escasa utilidad si quienes han de tomar las decisiones no comparten los objetivos de la organización. Ya hemos mencionado los incentivos como medio de armonizar los objetivos de los individuos con los de la organización; queremos señalar que los incentivos son importantes cuanta más iniciativa se espera de los empleados. Visto desde otro ángulo, la delegación de autoridad es mucho más valiosa cuándo quienes la reciben ya tienen incentivos dados para trabajar en pro de los objetivos de la organización.

No es un accidente que la North West Company confiara en el criterio de su personal de campo y a la vez lo hiciera socio con participación en los beneficios. Como tampoco es un accidente que los agentes de Salomon Brothers, cuyas decisiones pueden tener un efecto multimillonario en dólares sobre los activos de la compañía, dispongan a la vez de información y de incentivos para usarla bien. Por el contrario, en Europa oriental, la concesión de mayor autonomía a los directores de fábrica sin permitir también la descentralización de la propiedad no pudo resolver el problema.

En el leguaje de la economía, los incentivos y la delegación de autoridad son complementos: cada uno hace más valioso al otro. La evaluación de las complementariedades (cómo las piezas de una organización con éxito encajan entre sí y cómo lo hacen con la estrategia de la compañía) es una de las partes más provocadoras y gratificantes del análisis organizativo. En el ejemplo de la General Motors, el motivo de la estructura multidivisional era llevar a la práctica la nueva estrategia de segmentación del mercado de Sloan. Y para ello, la delegación de las decisiones en los directores de división se combinaba con una información contable de mayor precisión que ayudaba a evaluar las decisiones y con la coordinación desde la oficina central para asegurar que las partes de la organización no trabajaban con propósitos encontrados.

La elaboración de las distintas ideas que sugieren estas breves historias es la base del análisis económico de las organizaciones que hacemos en este libro. Estudiamos la coordinación: qué debe ser coordinado, cómo se consigue la coordinación mediante mercados y dentro de las empresas, cuáles son las alternativas a una coordinación estrecha entre las unidades, y cómo encajan entre si las piezas del sistema. También estudiamos los incentivos y la motivación: qué debe ser motivado, por qué se necesitan incentivos y cómo los generan los mercados y las empresas, que tipos alternativos de sistemas de incentivos son posibles y qué debe hacerse para hacer efectivos los sistemas de incentivos. En los últimos capítulos examinamos con mayor detalle por qué estos aspectos de la organización tienen importancia, cuando aplicamos los principios para realizar un estudio detallado de unas pocas funciones importantes de la empresa.

Nota: Este texto fue tomado de: Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa (p.729). Barcelona: Ariel Economía. Capítulo 1: ¿Importa la organización?
logo-emar-lab

¡Porque tus decisiones cuentan! ¡Inscríbete al Laboratorio de Economía Experimental del Grupo EMAR y podrás descubrir el valor que tienen tus decisiones! Contáctenos al teléfono (7) 634 4000 Ext. 1152 o al correo electrónico emarlab@uis.edu.co. Estaremos compartiendo información sobre los experimentos, juegos y talleres que organizaremos.

Formulario de inscripción

Facebook EMAR LAB

Columnas relacionadas

19. ¿Qué es una organización?

21. En busca de la eficiencia

2414. Columnas sobre economía, organización y gestión de la empresa

Columnas sobre economía, organización y gestión de la empresa

2414

19. ¿Qué es una organización?

21. En busca de la eficiencia

23. Coordinación y motivación

25. El análisis de costos de transacción

27. Límites del enfoque de los costos de transacción

29. El enfoque de los costos de transacción frente a puntos de vista alternativos

31. La construcción de modelos de la motivación y el comportamiento humano

35. Efectos de la contratación incompleta

37. Información privada y oportunismo precontractual

39. Costos de negociación

42. Señales, criba y autoselección

44. El concepto de propiedad

46. La relación del control con los rendimientos residuales

48. Reconsideración del teorema de Coase

50. La tragedia de los bienes comunes

52. Costos de negociación y limitaciones del teorema de Coase

83. Los costos de transacción y la asignación eficiente de los derechos de propiedad

122. Conceptos básicos en gestión de recursos humanos

126. Especificidad del activo y el problema de la retención

150. La propiedad de activos complejos

158. ¿Qué intereses son los que cuentan?

184. El concepto de riesgo moral

185. Empleo: contratos, retribuciones y carreras

237. Deuda, títulos de propiedad y quiebra

240. El control del riesgo moral

265. Contratos de incentivos explícitos

269. Hágalo usted mismo: Cambios de propiedad y rediseños organizativos

2210. Señales y discriminación en el empleo

2274. Organización del texto

2388. El presente y el futuro de la empresa

2420. Características del éxito y el fracaso de las organizaciones

2421. Organización económica y eficiencia

2432. Resumen. La coordinación de planes y acciones

2433. La estrategia moderna de fabricación

2445. Sistema de precios vs sistemas centralizados: ¿Qué sistema de coordinación es mejor para las empresas?

2490. Características del éxito y el fracaso de las organizaciones

2509. Coordinación y motivación mediante precios

2532. Resumen. Riesgo moral e incentivos al desempeño

2536. Resumen. Rentas y eficiencia

2539. La reputación

2543. Resumen. Propiedad y derechos de propiedad

 

logo-emar-lab

¡Porque tus decisiones cuentan! ¡Inscríbete al Laboratorio de Economía Experimental del Grupo EMAR y podrás descubrir el valor que tienen tus decisiones! Contáctenos al teléfono (7) 634 4000 Ext. 1152 o al correo electrónico emarlab@uis.edu.co. Estaremos compartiendo información sobre los experimentos, juegos y talleres que organizaremos.

Formulario de inscripción

Facebook EMAR LAB

Columnas relacionadas

1. Racionalidad limitada y contratación imperfecta

2. Elección racional y comportamiento guiado por reglas

3. ¿Qué es el compromiso racional?

Buscadores de rentas

2401

Bryan Snehider Díaz

El manejo y la administración de la riqueza y los recursos materiales es una cuestión que nos afecta a todos de un modo muy directo. Es muy común pensar en el manejo de recursos como una tarea que solo es importante para grandes empresarios, poseedores de capital, políticos, inversionistas, etc. Esto muchas veces nos lleva a ignorar la importancia que tiene la administración de todo tipo de recursos en el acervo de decisiones que debemos tomar todos los días: ¿deberíamos pasar una hora más viendo televisión o levantarnos a trabajar? ¿Vale la pena esperar que el semáforo se ponga en rojo? ¿Deberíamos llevar sombrilla hoy? Todas estas decisiones nos obligan a tomar decisiones y nos obligan a sopesar entre costos y beneficios en un ambiente donde muchas veces los costos y los beneficios no son claros, sino que pueden o no suceder con cierta probabilidad.

Hace unos días cuando un amigo intentaba venderme un sistema de seguridad para mi hogar, entramos en una interesante discusión. Intentaba explicarme porqué debía adquirir urgentemente su producto, según él un par de días atrás una amiga suya muy cercana había sido víctima de un robo, adicionalmente todas las personas hablaban constantemente sobre lo mucho que la inseguridad estaba aumentando; sin lugar a dudas muchos otros clientes habrán cedido ante sus argumentos y habrán adquirido el producto, pero en mi caso la respuesta fue diferente. Yo soy consciente de que las estadísticas sobre robos implican que la posibilidad de ser víctima de uno es demasiado baja, independiente de que a la amiga de mi amigo hubiese podido sucederle uno, la probabilidad objetiva de que me sucediera a mí era tan baja que los argumentos de mi amigo no surtieron ningún efecto. O como diría un aplicado estudiante de estadística: un caso aislado jamás es representativo de toda la población.

De esto pueden extraerse dos conclusiones muy interesantes: la primera es que sin darme cuenta estaba tomando una decisión con contenido económico, estaba sopesando lo que me costaría la alarma, contra la posibilidad de que efectivamente yo fuera víctima de un robo, la segunda es que muy a mi pesar mi bienestar como individuo depende de la naturaleza, del azar y de las acciones de otras personas. Mi bienestar estaba relacionado con que ningún ladrón decidiera robarme o con no contar con el infortunio de que una noche las cámaras de seguridad de mi conjunto dejaran de funcionar. La mayoría de las decisiones en la vida no pueden tomarse con la facilidad que se hacen los cálculos para irnos de compras. La sensatez de una decisión está directamente relacionada con lo que las demás personas decidan y con factores aleatorios que no podemos controlar.

Es por ello por lo que a los economistas el concepto de eficiencia en la asignación de recursos les ha interesado desde siempre. Una asignación de recursos es eficiente cuando se ha llegado a un punto donde nadie puede mejorar sin que otro empeore, es decir que los recursos están siendo tan útiles como es humanamente posible. La eficiencia no es solo una cuestión de obtener más dinero para los empresarios, la eficiencia es el modo en que por ejemplo, si no existiera un ladrón yo no tendría que comprar nunca una alarma, mi amigo no se dedicaría  a venderlas, y todo ese tiempo esfuerzo y recursos estarían mejor utilizados en alguna otra labor, mi amigo podría producir helados, y yo estaría más que a gusto pagando por ellos.

Los recursos pueden asignarse haciendo uso de un amplio arsenal de mecanismos. Esta parte puede ser un poco abstracta, así que intentaré valerme de un ejemplo para hacerlo lo más sencillo posible. El gobierno de un país desea subastar el derecho a la explotación de un recurso natural; para ello invita a todos los posibles interesados a hacer parte de una subasta inglesa clásica (esas donde gana el que haga la puja más alta). Dada la naturaleza de la subasta es claro que como máximo cada uno de los participantes estará dispuesto a pujar la cantidad en que el valore dicho derecho, y por tanto al final la subasta la ganará quien lo valore en mayor medida, generando de paso la mayor ganancia posible para el gobierno. Es una situación eficiente donde todos han alcanzado el mayor bienestar posible con los recursos que existen.

No obstante, imaginemos que el gobierno decide asignar el derecho al azar o que por el contrario decide entregar el derecho al azar o que el criterio de decisión contrario a la puja, es el favor obtenido por el subastador, es decir que el subastador puede entregar el derecho a quien mejor le parezca, sin lugar a dudas el resultado sería muy diferente y probablemente dejaría de ser eficiente. En ese sentido podríamos definir un mecanismo como un conjunto de reglas establecidas sobre el modo en que se debe distribuir un recurso, los mecanismos existen en una gran cantidad de ambientes: cuando se elige el beneficiario de una donación de órganos, cuando una aerolínea decide asignarnos un nuevo vuelo porque el anterior se ha retrasado, o cuando decidimos invertir nuestros ahorros siguiendo alguna simpe regla de inversión, los mecanismos son esenciales para asegurar la eficiencia en la distribución de dichos recursos.

Un elemento adicional pero no de menor importancia en la eficiencia a la hora de asignar recursos es la competencia. Si observamos cuidadosamente el mecanismo de subasta podremos apreciar que es útil principalmente porque es altamente competitivo, los participantes compiten por sus pujas hasta que tenemos finalmente un ganador, en ese sentido la competencia incentivaría a las personas a utilizar de manera eficaz los recursos de que disponen. Si pensamos en un conglomerado de empresas la lógica sería la misma, aquella que decida destruir irracionalmente todos los recursos de que dispone, probablemente no perdurará durante mucho tiempo.

No obstante, el papel de la competencia no será siempre el mejor, la competencia sin lugar a duda también tiene un lado oscuro. Competir no viene sin un costo, los participantes deben incurrir muchas veces en todo tipo de costos, llenar formatos, contratar nuevos empleados, adquirir nuevo capital. El problema fundamental que deberíamos plantearnos es ¿podría llegarse a un punto donde los competidores invirtieran una mayor cantidad de recursos que el premio por el que compiten? Recordemos que todos y cada uno de los participantes muchas veces no poseen la información sobre las acciones de los demás, como yo no puedo saber si un ladrón me observa en este preciso instante pensando en robar mi casa.
logo-emar-lab
¡Porque tus decisiones cuentan! ¡Inscríbete al Laboratorio de Economía Experimental del Grupo EMAR y podrás descubrir el valor que tienen tus decisiones! Contáctenos al teléfono (7) 634 4000 Ext. 1152 o al correo electrónico emarlab@uis.edu.co. Estaremos compartiendo información sobre los experimentos, juegos y talleres que organizaremos.

Formulario de inscripción

Facebook EMAR LAB

Columnas relacionadas

2308. Tecnología, el hombre jugando al futuro

2389. Juegos de negociación 2017 I

2393. Buscadores de rentas. Instrucciones lotería