La reputación: Un puente vinculante de la incertidumbre a la confianza

2382

Sol Franshesca Mendoza Domínguez

“La reputación dijo: Si alguna vez nos separáramos, nuestra posibilidad de futuros encuentros no es más que vana; quien se aleja de mí, debe esperar alejarse para siempre, porque la reputación perdida nunca vuelve a encontrarse” [1]

La reputación y la confianza son dos elementos esenciales para cualquier negocio o interacción que aspire tener éxito en el mercado. Las personas, en general, llegan a darle cierta prioridad a la responsabilidad o “buena fama” que su agente le esté demostrando, por lo que dichos factores juegan un papel vital a la hora de interactuar y transar, debido a que la falta de ellos podría ocasionar una serie de no transacciones, que al final, como ya lo hemos visto en ocasiones anteriores, conllevan a la no eficiencia y pérdida de recursos.

Las grandes y medianas organizaciones son conscientes de lo mencionado anteriormente y por ello construyen un ambiente específico que les permita salir victoriosos en este campo de acción, como vicepresidencias, comités, juntas, entre otras. Su misión es inculcar habilidades adecuadas para que sus empleados logren el objetivo en cuestión. Estar de cara al cliente implica más que dar un buen servicio, al final resulta más importante el cómo se logró la finalización del mismo ya que, una buena experiencia, en promedio es compartida 3 veces con otra, mientras que la mala, se comparte entre 10 veces o más, por lo que lograr excelentes recomendaciones se vuelve vital a la hora de querer ganar y conservar la permanencia en el mercado.

Un vivo ejemplo de los argumentos anteriores es el comercio por redes sociales, el cual ha crecido exponencialmente. Este nuevo mercado se caracteriza por utilizar las buenas experiencias y comentarios dejados por los clientes, como el mayor de sus activos intangibles, ya que, al no tener una tienda física, la confianza disminuye y la reputación se convierte en un puente vinculante entre consumidores y vendedores. O si no, ¿por qué los conductores de Uber son personas tan amables y serviciales? O ¿por qué las tiendas virtuales nos piden fotos y opiniones de sus productos que después son posteadas? Claramente, buscan que les dejemos la más alta de las calificaciones, además del dinero por el servicio prestado.

Por otro lado, también se me hace importante mencionar la reputación desde un punto de vista mucho más formal, ya que una de las formas en que la gente realza la eficacia de un sistema de reputación es la reducción de la cantidad de personas con las que realiza negociaciones [2]. Por tal motivo, se hace importante la existencia de instituciones legales y comerciales que contribuyen a reemplazar correctamente el sistema de reputación. Un claro ejemplo de esto es el contacto que tienen las entidades financieras con Datacredito y Cifin, estas organizaciones facilitan la información comercial de las personas. Si no se tiene un buen “Score”, se toma como mala reputación, lo que garantiza un tiquete asegurado a la no vida crediticia y a una serie de no beneficios sociales, como el no tener acceso a contratos financieros, crediticios y hasta arrendatarios. Me sigue pareciendo increíble como un mal momento económico o una mala decisión financiera te puede marcar y dañar tu nombre en un sistema al cual se hace necesario acceder.

Teniendo en cuenta los argumentos ya planteados, se puede observar que la reputación puede ser un arma de doble filo, por una parte, puede servir de medio informativo, logrando que las personas disminuyan el miedo de caer en un problema de riesgo moral o selección adversa, a su vez logra que buenas personas, que transan legalmente y con productos de buena calidad logren un intercambio con alguien que desea su producto. Pero, por otro lado, puede ser una herramienta que castiga a quienes actúan de una manera ilegal e irrespetuosa.

Para finalizar, desde que el hombre es hombre siempre ha intentado obtener una ventaja sobre sus compañeros en forma de desequilibrios informativos. El individuo que tenga más información que la que tiene el resto, tiene “muchas más probabilidades de triunfar en la vida”. Por lo que el señalizarse, el esforzarse por demostrar la calidad, el tener una buena reputación, hace que se logren lazos de confianza en la sociedad y a su vez que se mejoren los intercambios, haciendo que la mayoría de incertidumbres y efectos negativos del problema precontractual de selección adversa queden, de cierta manera, contrarrestados.

Referencias

[1] LAMB Charles.  <<Love, Death and Reputation>>, Stanza IV. Citado por: Milgrom, P., & Roberts , J. (s.f.). Economía, organización y gestión empresarial. Barcelona: ARIEL S.A.

[2] Milgrom, P., & Roberts , J. (s.f.). Economía, organización y gestión empresarial. Barcelona: ARIEL S.A.
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Las tentaciones del riesgo moral

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Silvia Juliana Pabón Gamboa

Todos los seres humanos nos hemos enfrentado a situaciones en las que somos tentados a actuar oportunamente, teniendo como principio el interés individual y la idea de sacar ventaja de algo o alguien. Dichas circunstancias dan lugar a lo que se conoce como riesgo moral que tal como lo afirman Paul Milgrom y John Roberts (1993) es un problema creado por la dificultad y el costo que tienen las acciones de observar, controlar, vigilar y exigir un comportamiento adecuado. Lo anterior sirve como incentivo para que no solo las personas corruptibles actúen según sus intereses, sino que incluso las personas honradas puedan verse motivadas a hacer algo que les traiga beneficios personales, conduciéndolos de esta manera a realizar acciones ineficientes.

En la realidad encontramos muchos casos en los que hay incentivos para poner en riesgo nuestra buena conducta, casos simples que no tienen mayor repercusión y casos complejos en donde el daño causado a la sociedad es irreparable. Pensando en el primer caso, encuentro una anécdota personal que puede servir de ejemplo. Cuando estaba en once grado era necesario cumplir con cierta cantidad de horas de práctica en el área de atención al cliente. Todo iba bien hasta que en el lugar donde yo estaba realizando mis horas hubo un inconveniente y estaban sacando a todos los practicantes; al encontrarme frente a esta situación y al ver que me faltaba muy poco para cumplir con lo requerido empecé a buscar otro lugar y encontré una empresa donde puso mi comportamiento adecuado a tambalear.

Lo que sucedió fue que a pesar de que yo tenía todas las intenciones de cumplir con mis horas honestamente, la empresa me dijo que no era necesario que yo cumpliera con el trabajo, que ellos me hacían el favor de firmarme las horas que me hacían falta sin ningún problema. ¿Ante tal propuesta como podía negarme? Además, si rechazaba la oferta implicaría sacrificar parte de mis vacaciones por ponerme a trabajar. Sin embargo, hubo algo que me puso a dudar y era el hecho de que llegaran a visitarme al puesto de trabajo para verificar que efectivamente la información que yo había brindado era acertada, pero en ese momento pensé que con tantos estudiantes que tendrían que vigilar era casi imposible que se tomaran la tarea de visitar empresa por empresa para hacer el control de la información dada por cada estudiante.

Aun así, yo tome el riesgo, pero también tomé una precaución que me sirvió para salir bien librada: cuando acepté que me firmaran las horas sin mover un dedo le dije al encargado que en caso de que llegaran a visitarme dijera que estaba de descanso. Y un día cualquiera llegaron a donde se suponía yo estaba trabajando, pero afortunadamente mi “jefe” me cubrió y además me hizo quedar muy bien diciendo que yo era una muy buena practicante.

La historia anterior claramente no es perjudicial para alguien en particular, o al menos así lo vi yo en ese momento, pues lo que hice fue tomar un poco de ventaja de que podía proveerle información no del todo cierta a aquellos que se encargaban de vigilarla y controlarla; además el único riesgo que tomaba era que fuera descubierta, pero me aseguré de que eso no pasara y efectivamente, no sucedió. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, no todas las situaciones en donde tiene lugar el riesgo moral son así de inofensivos, y para esos casos Colombia tiene bastantes ejemplos que ofrecer. Sin ir lejos, tan solo miremos lo que sucedió con el antiguo alcalde de Bucaramanga que dejó prácticamente a medias las obras del tercer carril y durante su mandato no se vio un avance significativo de las mismas, dejando un caos en toda la ciudad y dejándole al alcalde actual nada más que deudas y una ciudad desbaratada.

Así las cosas, es posible afirmar que aunque existen evidencias cotidianas de que el riesgo moral es inevitable porque los incentivos que ofrece a cambio son por lo general mayores y como seres humanos somos vulnerables a eso; no es justificable que en nuestro país los que tienen el poder e influencias se dejen llevar a un nivel donde este riesgo conduce a un sendero irreparable que es la corrupción, dejando en evidencia claramente que los intereses de unos pocos han llevado a que la desigualdad se incremente y el bienestar en general de la sociedad vaya en declive cada vez más.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa. Editorial Ariel S.A.
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Los acuerdos informales

2380

Roger Díaz Villacob

Los contratos puede que sean la manera más eficiente como se realiza una transacción, esto debido principalmente a que en el contrato se trata de formalizar todos los posibles escenarios de tal manera que no exista momento de incertidumbre frente a un escenario desconocido. Llamamos formalidad a este tipo de contratos y a los acuerdos que se realizan sin necesidad de uno podemos decir que son informales.

Los acuerdos informales tienen particularidades muy interesantes, debido a que estos abarcan las típicas negociaciones de pequeña escala o que no necesitan realmente de contratos debido a la sencillez de la transacción. Pero para poder llegar a este punto en el cual el contrato es innecesario debido a que asumimos que por ejemplo estamos pagando en una tienda un esfero y podemos confiar que el esfero realmente funcionara cuando lo necesite, el tendero generalmente prueba el esfero antes de entregarlo para que corrobore que en realidad funciona. Pero no es solo el hecho de probarlo lo que convence sino el hecho de que la persona vende los esferos implica que tiene cierta reputación, y esta me permite asumir que el como tal no me venderá algo que este malo porque hacerlo tiene un precio y es que su reputación disminuya. Por tanto uno de los principales activos de los acuerdos informales es la reputación debido a que esta le otorga a las partes mayor confianza, y es una medida bastante buena ya que ambos procuraran, si realmente quieren negociar, mantener una buena reputación y esto implica que el acuerdo se realizará como se prevé.

La pregunta que me surge ante esto es: ¿Qué pasaría si se crean acuerdos informales sobre un contrato? Ejemplifico esto como los acuerdos a los que pueden llegar una secretaria y un estudiante, el cual necesita entregar una serie de papeles y la secretaria tiene el deber de hacerlo, sin embargo todos saben que para poder hacer que la secretaria realice eso mucho más rápido tiene que pagarle. ¿Qué pasaría entonces? Otro ejemplo que quizás sea más esclarecedor, supongamos una secretaria de un juzgado y un abogado, el cual lleva un caso para que sea atendido y la secretaria le exige al abogado una tarifa para poder pasarlo y que sea más rápido el trámite. Este desinformado porque no conocía eso se niega a hacerlo y alega que su deber de acuerdo al contrato es hacer el trámite, pues bien termina sucediendo que la secretaria pasa los papeles mucho más tarde de lo normal y el abogado pierde el caso porque aparte también había que pagarle al juez ya que este también cobraba una tarifa.

En conclusión lo que quiero mostrar es que si se crean acuerdos informales sobre contratos ya establecidos, esto ocurre porque existen incentivos para hacerlo. Es el momento cuando se crea la corrupción, que a pesar que el ejemplo de la secretaria y el estudiante no muestra ese mismo grado de corrupción que el del juez, efectivamente es un caso de corrupción. Las implicaciones que esto tiene es que a la larga el contrato termina siendo ineficiente porque se han establecido nuevos paradigmas, las secretarias cumplen su deber realizando el trámite, cuanto se demoren quizás no está en el contrato y ellas muy bien podrían ofrecer un servicio que no está escrito, como informal de tal manera que le sacan un beneficio a eso.

Ahora, el caso del juez es interesante, porque pasa a diario en el país, y no solo con jueces sino también con abogados, políticos y empresarios principalmente, que encuentran de alguna manera un mercado que no está regulado por los contratos, o que si bien si está regulado se pueden pasar por alto porque existen incentivos para “vender” contratos sobre vías y sacarle una buena tajada al contrato, pues bien eso es lo que considero que ocurre con la mayoría de los acuerdos informales siempre que están sobre un contrato, porque bueno si existe un contrato en el cual se indica cómo se realizan las transacciones, seguramente si existen acuerdos informales es porque hay incentivos para realizarlos.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Barcelona: Editorial Ariel, S.A.
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La ambigüedad en los contratos laborales

2379

Norida Patiño Pérez

Es muy curioso entender como la gente se pone de acuerdo para realizar determinadas actividades que en líneas generales se puede resumir en la prestación u obtención de un servicio comercial, bancario o personal y que se caracterizan por su complejidad. Esto es posible, en parte, al hecho de ser seres humanos y por ende ser seres sociales que necesitamos de nuestros semejantes para poder vivir y desarrollarnos en sociedad. Lo anterior implica que tengamos que relacionarnos y ponernos de acuerdo día tras día con personas conocidas y también con personas desconocidas. En este sentido nace el interrogante: ¿Cómo es posible lograrlo? Esta pregunta tiene su respuesta en los conocidos contratos que se basan en la vinculación y cumplimiento de obligaciones entre las personas. Sin embargo, esto no quiere decir que sean documentos en donde se expongan todas las contingencias que se puedan presentar en la realización de las obligaciones contraídas, dado a que sería costoso y además imposible de realizar. Es por ello que sus vacíos pueden ser fuente de oportunismo para cualquiera de las dos partes que lo firman.

Anteriormente lo que se observaba con mayor relevancia en la sociedad eran los conocidos contratos de palabra, respecto a ello puedo decir que mi abuelo realizaba negociaciones como la venta de animales, el préstamo de dinero, licencias de construcción de caminos, arreglos laborales (obreros), contratos de animales en compañía y participación, etc., con simples acuerdos verbales, esto no quiere decir que no existieran los contratos formales pues su origen se remontan a la época de los romanos. El sentido de lo dicho anteriormente se basa en el valor de la palabra para aquella época, pues era sinónimo de honor y reputación y bastaba para creer firmemente que se cumpliría lo pactado ya que el deshonor se cobraba con sangre y en menor medida con la pérdida de credibilidad. Otro de los factores que podía influir era el hecho de no pasar por los costos de transacción que los contratos legales acarrean.

Con el pasar del tiempo la corrupción, la mentira y el engaño se fueron intensificando y afectando en mayor proporción a la sociedad, así como también a las élites gubernamentales y con ello también se intensificó la flexibilidad de la justicia frente a los delitos que estas acciones acarrean. Dentro de este contexto es que hoy por hoy los contratos han ido evolucionando y con ello también la infructuosa necesidad de incluir en ellos todas esas situaciones o circunstancias que puedan perjudicar los intereses de las dos partes que negocian. Sin embargo la mayoría de las veces una de las partes, o las dos partes, quieren sacar ventaja de la otra dejando ver el llamado oportunismo. Según Paul Milgrom y John Roberts (1993), cuando se incumplen los contratos incompletos se presenta una variedad de problemas derivados del hecho de que no está explícita o es ambigua la información que en ellos se precisa y esto da lugar a diferentes interpretaciones.

Para demostrar de una manera clara esa imperfección presente en los contratos laborales caracterizados por ser acuerdos marco, es decir, que se establece un marco de acuerdo en el cual se desarrolla la relación sin entrar en detalles de las actividades y su remuneración. Traigo a colación un caso típico que le sucede a cualquier familiar e inclusive a nosotros mismos, esta vez, le sucedió a mí hermano mayor (Omar). El firmó un contrato que superficialmente ofrecía la información de plazo, horas laborales, función y sueldo. En este sentido era por un término de un año, laborando ocho horas diarias, su función: vendedor de mostrador en una grande ferretería y con un sueldo rodeando los novecientos.

Era un empleo nuevo para él, dado que en sus trabajos anteriores no había vendido esta clase de herramientas, sin embargo si tenía experiencia en servicio al cliente. Desde mi punto de vista la referencia que doy de mi hermano es que es una persona muy responsable y muy operativa. En un principio se encontraba muy contento con el ambiente laboral y nunca se presentó ningún inconveniente, de hecho empezó a estudiar una carrera. Pero cuando fue pasando el tiempo se fueron presentando una variedad de contingencias que no estaban estipuladas en el contrato que el conscientemente firmó. En este sentido además de ejercer la función de vendedor de mostrador tenía que hacer roscas y contra roscas para implementos de tubería, pasó a descargar herramientas, ser el domiciliario de la empresa; labores que asumió no contento pero aceptándolo por la obligación contraída. Pero la gota que rebozo el vaso fue que lo mandaron a trabajar en una obra de construcción y con ello aumentando las horas laborales, sin reconocimiento de alimentación ni transporte, y lo que es peor con el mismo sueldo. Por ello, tras frustradas conversaciones con la dueña de esta situación, tomó la decisión de renunciar y además el presentía que ella lo quería despedir.

En conclusión podemos decir que gracias a la invención de los contratos se refuerza en la sociedad los lazos de confianza que permite que las interacciones entre individuos se hagan más rápido, seguro y sin tantas complicaciones, pero aunque ello genera eficiencia en el sentido de que es preferible a la no existencia de los mismos, no se debe eludir el hecho de que al interior de los mismos están llenos de una serie de limitaciones y vacíos que muchas veces repercuten en favor o en contra de las partes que negocian y que se vuelven más complicados mientras el bien o servicio transado no se consuma o se preste con inmediatez. En el caso expuesto no sabría decir quien  perdió más; si mi hermano que sigue sin conseguir empleo, estudiando y con deudas, o la dueña que perdió un buen empleado y seguramente asumirá costos para conseguir un empleado que puede ser en su defecto mejor o peor en su desempeño laboral.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Barcelona: Editorial Ariel, S.A.
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Contratación en el ámbito laboral

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Noel Alberto Aponte Sanabria

La empresa y el trabajador pactan un contrato laboral para establecer unos lineamientos entre el servicio que prestará y la remuneración por éste. Los empleados se comprometen -dentro de ciertos límites, que difícilmente se describen con plenitud y que son sólo parcialmente comprendidos- a usar sus mentes y sus músculos para realizar las tareas que el empresario les ordene hacer y, quizá, con los métodos que éste determine (Milgrom & Roberts, 1993). En dicho contrato se trata de establecer: cargo, función principal, horario, remuneración y lo concerniente a prestaciones laborales, entre otras más. Aunque se elaboren dichos contratos, quedan vacíos en algunos aspectos a causa de la imposibilidad de hacerlos completos y perfectos. Estipular cada situación particular que pudiese llegar a ocurrir en el futuro, los diferentes problemas entre las partes y la posible renegociación son los factores que dificultan una contratación completa.

Lo anterior se debe teóricamente a que la gente real es racionalmente limitada, no es omnisciente ni perfectamente previsora, no puede resolver problemas arbitrariamente complejos exacta, gratuita e instantáneamente (Milgrom & Roberts, 1993). En el ambiente laboral dos ejemplos traídos a colación son:  el accidente del trabajador en el transcurso de su casa al trabajo y la liquidación o cierre de la organización.  No obstante, dicha contratación incompleta tendrá efectos como: el compromiso o incumplimiento sobre lo acordado y la renegociación por cualquiera de las partes.

En vista a esto, desde el derecho se ha establecido una rama denominada derecho laboral, la cual regula las relaciones entre el empleador y el empleado. Para el caso colombiano la normatividad se encuentra en la Constitución Nacional, sentencias internacionales, sentencias constitucionales nacionales y el Código Sustantivo del Trabajo. En ellos se estipulan las obligaciones de cada parte, casos de incumplimiento, razones para finalizar dicho contrato, entre otros. Para hacer más efectivo lo anterior, la utilización del contrato escrito es ahora fundamental en un mundo donde sin pruebas no hay posibilidad de defenderse.

Adicionalmente, en la selección de personal, las empresas evalúan si las cualidades y características de los postulantes son correctas para el cargo postulado, pasando por pruebas de conocimientos, pruebas psicológicas y entrevistas personales o grupales. Todo lo anterior ha convertido los procesos de selección de personal en extensos, pero ¿la información que ambas partes dan es completa? ¿Cada una conoce la información del otro? La respuesta es no, un claro ejemplo es la calidad del postulante, él puede contar con estudios sobre el trabajo a ejecutar, pero pudo haberlos conseguido ilegalmente. A esto se le llama asimetría de información, la cual se da cuando una de las partes oculta información a la otra en la negociación del contrato, es decir no se sabe si la información que brinda es verdadera y completa.

Del mismo modo, otro aspecto importante a la hora de la contratación laboral es la reputación. Las referencias laborales y personales son un gran ejemplo de ésta, pues un ex empleador dirá como fue el comportamiento del postulante y le brindará cierto nivel de confianza o desconfianza. Lo mismo pasa con la organización, un trabajador desea ser parte del talento humano de grandes empresas nacionales o transnacionales como son Apple Inc o Samsung, a causa de la buena reputación en sus salarios y trato a los trabajadores. Asimismo, la reputación lleva a cumplir adecuadamente el contrato laboral, pues el deseo de mantener buena fama para ambas partes es fundamental, debido a que afecta las posibles futuras negociaciones.

Igualmente, el salario y el tiempo del contrato son determinantes a la hora de negociar un contrato laboral. El trabajador busca entre diferentes empresas el mayor salario, pues significa mayor remuneración por su servicio. Por eso es importante que las organizaciones puedan pagar salarios de eficiencia, si un trabajador se siente complacido con su pago, éste hará su labor con mayor compromiso y dedicación. Lo mismo pasa con el tiempo a laborar, pues estar en un trabajo por un tiempo mayor a seis (6) meses significa confianza en la organización. Sin embargo, es de doble filo debido a que al contar con un tiempo fijo el trabajador puede disminuir su eficiencia y productividad.  Aquí es donde las empresas llegan a utilizar los incentivos para contrarrestar dichas acciones y mejorar el desempeño del empleado.

Por consiguiente, el contrato laboral es un acuerdo marco, pues establece límites y condiciones generales para disminuir los imprevistos. Establecido en la actualidad como un marco legal para darle delineamiento a la sociedad, mejorando las relaciones entre empleador-empleado. A priori del contrato laboral están las pruebas de selección por parte del empleador, donde la asimetría de información y la reputación toman un papel importante. El primero por la falta de información entre el empleador y el postulante, y en el segundo como medida de confianza a la hora de ingresar un desconocido a la organización.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Barcelona: Editorial Ariel, S.A.
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Los Bula, los Moreno y el riesgo moral

2377

Nelson Felipe Coy Cómbita

La delegación por parte de una persona a otra para que actúe a su nombre, bajo sus intereses y tras sus objetivos, conlleva de manera implícita riesgo moral. El riesgo moral se percibe como problemático siempre que, en primer lugar, los intereses entre estas personas sean diferentes, y en cierta medida, opuestos. En segundo lugar, siempre que exista la posibilidad de ponerse de acuerdo y cooperar encauzando la divergencia de intereses. Y por último, como consecuencia de la imposibilidad o dificultad para saber si se está cumpliendo con lo pactado en el acuerdo, o bien, cuando se sabe que no se ha hecho, pero esto no es verificable por un tercero (Milgrom & Roberts, 1993).

La democracia representativa colombiana es un escenario propicio para la aparición de riesgo moral. Las relaciones entre los políticos y los votantes es una relación en la cual los primeros actúan, supuestamente, bajo los intereses, objetivos y en representación de aquellos que los eligen. Ambos ejercen un acuerdo que se podría considerar, simplificando muchas cosas,  como el plan de gobierno (en el caso de los representantes de la rama ejecutiva), o bien, las diferentes propuestas en cuanto a legislación (por parte de los senadores). Las acciones de los representantes no deberían ser otras que seguir aquello que propusieron, y por lo cual fueron votados.

Es evidente, pues, que se cumplen las tres condiciones que hacen del riesgo moral una problemática con impactos importantes sobre la eficiencia social. Los políticos suelen tener intereses individuales opuestos a los de sus votantes, y estos se logran encauzar por la posibilidad de satisfacerlos. Pero más importante aún, es sumamente costoso para cada votante en particular dedicarse a ver si los honorables senadores están cumpliendo con la labor prometida, o, para un tercero, dilucidar los incumplimientos cuando los votantes inclusive saben que les están fallando.

Es verdad lo abrumador que resultan los casos donde los congresistas o alcaldes usan sus roles, otorgados por sus electores, para perseguir sus intereses económicos. No obstante hay actos mucho más evidentes, tal vez no tan graves, pero que corresponden a la misma causa: téngase en cuenta el exagerado salario que reciben los congresistas (en relación al resto de colombianos y sus propios pares en otros lados del mundo), y su renuencia a que estos bajen (cosa que les corresponde a ellos mismo decidir). O, por ejemplo, la absurda baja asistencia a las diferentes sesiones del congreso; que es lo mínimo que deberían hacer dado el acuerdo con la sociedad.

Los Bula, o los Samuelito e Iván Moreno, sin ninguna pretensión de exculpar su evidente y descarada falta de ética, son también consecuencia de un fallo de información, que sucede tanto en la política como en las mil y una relaciones e interacciones de nuestro mundo. Sin embargo, como solucionar las desviaciones éticas de las personas es obtuso, mejor intentar con la parte lógica del asunto y, así, reducir un poco la magnitud y profundidad del problema (téngase en cuenta las pérdidas por Odebrecht, por la 26 en Bogotá, o Reficar).

En conclusión, resulta necesario estudiar los diferentes mecanismos que podrían reducir el riesgo moral existente en estos escenarios, para así intentar ejecutarlos. Existen propuestas bastante interesantes, como la de Claudia López que, por medio del poder legislativo que conserva la sociedad independientemente del congreso, intenta hacer una consulta para reducir el salario de los senadores y diputados, hacer obligatoria su asistencia a las sesiones y, muy importante, que declaren su riqueza en el lapso en el que están en el cargo público.

Más allá de la viabilidad y el éxito de estas gestiones, es importante reconocer los intentos por solucionar los problemas de información subyacentes al problema, y estimularlos. Del mismo modo, todos podemos contribuir apoyando este tipo de controles, por ejemplo, a través de veedurías ciudadanas, que no son otra cosa que vigilancia sobre la actuación. Esta columna va dirigida, precisamente, no sólo a reconocer la importancia de ciertas propuestas en cuanto a su papel ético, o su carácter, inclusive, electoral, sino a su importancia en el ámbito técnico o teórico.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, Organización y Gestión de la Empresa. Madrid: Editorial Ariel, S.A.
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El campo sin empresas

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Lukas Francisco Muñoz Rueda

El corregimiento de San Pedro de la Tigra se encuentra ubicado a treinta minutos por carretera destapada de la cabecera municipal del Playón, Santander. A 900 metros sobre el nivel del mar, con temperaturas cálidas, esta región ofrece el clima ideal para la siembra de múltiples cultivos, además de fértiles terrenos que, divididos en fincas cuyas extensiones en su mayoría van desde dos hasta veinte hectáreas, son el sustento económico de un gran número de familias campesinas. La población que allí reside es en su mayoría oriunda de la región, y otros más que han llegado en condición de desplazados, a quienes el gobierno les ha asignado nuevas tierras productivas. También hacen parte de la comunidad personas dueñas de fincas que, provenientes de la ciudad, encuentran en el campo una buena posibilidad de inversión. Sin embargo, esta zona enfrenta los mismos problemas que se presentan en el agro a nivel nacional.

Según el censo nacional agropecuario, el país presenta un panorama nada favorable de la zona rural nacional. Un fuerte atraso respecto al crecimiento de otros sectores demuestra que el campo ha sido relegado históricamente a un segundo plano, y que en él falta mucho por hacer en materia de desarrollo social y económico. Entre los principales problemas que se evidencian están el envejecimiento de la población, síntoma en este caso de la falta de incentivos de los jóvenes a esta forma particular de vida, la falta de asistencia técnica, que no permite las innovaciones, y la existencia de un alto porcentaje de población en condición de pobreza multidimensional.

Ahora bien, la presencia de estos preocupantes fenómenos en lugares como el corregimiento mencionado, que cuenta con dotaciones ideales para la creación de una estructura productiva robusta y competitiva, demuestra la ineficiencia del campesinado, quienes no logran hacer máximo el beneficio de las actividades agrícolas. En otras palabras, a pesar de tener unos inputs iniciales muy buenos, sus outputs muestran poco valor agregado. La curiosa situación, no obstante, tiene una explicación sencilla que demuestra los fallos del mercado, los cuales pueden ser superados a través de una estructura organizacional (Milgrom y Roberts, 1993).

Entonces, si se toma como ejemplo el mejor y más representativo producto de la región, el cacao (Santander aporta el 80% de la producción nacional, según Fedecacao, 2015), se pueden apreciar con facilidad las distorsiones que el sistema de precios por sí solo no logra superar. Si bien el cacao de Colombia es considerado como fino y de aroma, y a pesar de la escasez de este bien (sólo el 8% de la producción mundial se encuentra dentro de esta categoría), los precios de venta son bastante bajos. Una fuerte explicación a la distorsión se halla en los intermediarios, quienes monopolizan la compra de la materia prima, estableciendo los precios de forma arbitraria. Así, los incentivos a innovar la forma de producir son prácticamente nulos, a que la calidad no es tenida en cuenta como un diferenciador entre el producto. En el caso analizado, este monopsonio lo tienen las compañías Nacional de Chocolates y Casa Luker, los cuales compran el 80% de la producción nacional (fedecacao).

Como solución, y basados en Milgrom y Roberts (1993), aparece la organización como método alternativo para lograr la eficiencia y maximizar el valor. Entonces, la creación de una estructura vertical, que produzca un output con alto valor agregado, llámese chocolatería fina, y que establezca precios que realmente sirvan de incentivos a la producción de calidad, además de responder a un escenario más real, diferenciando entre el cacao pobremente trabajado al cultivado con técnicas que aseguren un estándar óptimo, permitiría un desarrollo del sector rural capaz de solucionar los problemas sociales y económicos que se han presentado desde épocas remotas.

Bibliografía

Milgrom, P., & Roberts, J. (1993). Economía, organización y gestión de la empresa. Editorial Ariel S.A.
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