El proceso de la contratación pública: Una visión a la ley

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Bryan Snehider Díaz

El diseño de las estructuras jurídicas es de vital importancia para el desarrollo de la vida económica. Las instituciones y los derechos de propiedad definen la capacidad que tienen los mercados y las organizaciones humanas para cumplir eficazmente con su tarea de asignar los recursos escasos. Por eso es que la racionalización y simplificación del ordenamiento jurídico es una de las principales herramientas para asegurar la eficiencia económica y social del sistema legal y para afianzar la seguridad jurídica, de la relación entre el estado y las personas a las que gobierna. En el presente texto pretendo explorar los principales elementos y requisitos contemplados por la ley colombiana en lo que respecta al proceso de contratación pública, las restricciones, los procedimientos y los mecanismos económicos subyacentes.

Para entender el proceso de contratación pública es necesario enfocarse primero en los organismos e instituciones que la ley ha erigido para regularla. En primera estancia, gracias al decreto de ley 4170 el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, en reconocimiento de la importancia de la compra y contratación pública decide crear Colombia Compra Eficiente (CCE), en función de la necesidad de crear políticas guía para la administración y compras y tener una entidad rectora que provea un soporte adecuado a los planes de desarrollo. CCE está adscrita al Departamento Nacional de Planeación (DNP), un departamento administrativo que pertenece a la rama ejecutiva y que como entidad técnica impulsa la planeación de una visión estratégica del país.

Según este mismo decreto de ley los participantes del sistema de compras y licitación pública son grosso modo: las entidades estatales que adelantan procesos de contratación, CCE, los oferentes, contratistas, supervisores e interventores. Estos interactúan al interior del plan nacional de adquisiciones, un documento que debe contener la lista de bienes, obras y servicios que los organismos públicos pretenden adquirir durante el año, según el Decreto 1510 del 2013. Este plan no es vinculante en tanto que las entidades pueden modificar sus compras según las necesidades, y el cambio en las circunstancias. Lo que la ley si obliga es a publicitar dicho presupuesto en la plataforma virtual: SECOP.

La participación en el proceso de licitación  pública está regulada por el registro único de proponentes (RUP), tal y como lo contempla el decreto 1082 del 2015, en esta las personas jurídicas, naturales, nacionales o extranjeras interesadas en participar en procesos de contratación deben registrarse, cumpliendo un listado de requisitos, descrita en una considerable cantidad de documentos que varían si se trata de una persona natural o una persona jurídica; donde se contemplan cosas como los bienes, obras y servicios que pretende ofrecer al estado, certificados de experiencia,  capacidad jurídica, estados financieros,  y demás contratos privados  o públicos de los que haga parte el sujeto de derecho.

Las cámaras de comercio posteriormente verificarán la validez de la información contenida y expedirán el formulario, y los requisitos habilitantes para permitir la participación de los sujetos en los procesos de contratación. Además el interesado en celebrar contratos debe acreditar su capacidad residual o de contratación, en relación con los contratos suscritos con entidades estatales o privadas, y el balance general auditado del año inmediatamente anterior. Para poder participar, el proponente debe acreditar una capacidad residual superior o igual a la capacidad residual establecida en los documentos del proceso, en conformidad con lo citado en los dos anteriores decretos.

El primer paso en el proceso de creación de un contrato de licitación es el análisis del sector económico en cuestión por parte de las entidades estatales. En este la entidad estatal primero está obligada a realizar una etapa de planeación y el análisis necesario para conocer el sector relativo, objeto del proceso, desde una enorme multiplicidad de perspectivas. Hecho esto, la entidad estatal debe determinar los requisitos habilitantes, que contiene grosso modo en el riesgo inherente al proceso de contratación, el valor del contrato, el análisis anteriormente realizado y el conocimiento de los  posibles oferentes.

Una vez realizado y sobre la base de planeación y evaluación económica del sector, se pasa a la elaboración del proyecto de pliegos y los pliegos de condiciones del contrato, que tiene su base en las necesidades y restricciones identificadas durante el proceso de evaluación económica. Los pliegos de condiciones representan como tal, un documento contractual, en el cual se establecen las cláusulas que se aceptan en un contrato de obras o servicios, una concesión administrativa o una subasta.

Una vez hecho esto se abre el aviso de convocatoria, donde los interesados en participar en el proceso, que se encuentren acreditados por el RUP, deben manifestar su interés en el proceso, según el aviso de convocatoria publicado en el organismo en cuestión. En el aviso de convocatoria se publicará también la primera versión de los pliegos de condiciones que deben contener la descripción técnica y detallada del contrato, la modalidad del proceso, las condiciones de costo y/o calidad que el estado desea obtener, las reglas y los mecanismos de selección, el valor y los riesgos asociados al contrato, los términos de supervisión y el cronograma. Los participantes podrán entonces hacer observaciones en un periodo determinado de días según la modalidad de selección y el estado podrá realizar modificaciones a los pliegos de condiciones, hasta que se cierre oficialmente el plazo de realización de las ofertas.

Una vez se han cerrado las ofertas da inicio al periodo de selección. La entidad estatal debe determinar la oferta más favorable teniendo en cuenta las normas aplicables a cada modalidad de selección del contratista, teniendo en cuenta factores como las condiciones técnicas y económicas mínimas de la oferta, tanto mínimas como ideales y el valor en dinero que la entidad estatal asigna a cada ofrecimiento técnico o económico adicional.

La entidad designará un comité evaluador, conformado por servidores públicos, para evaluar las ofertas y las manifestaciones de interés de cada uno. Para evitar la colusión entre oferentes, el estado podrá exigir explicaciones de los oferentes que considere han pujado con un valor artificialmente bajo. Una vez seleccionado un ganador y celebrado el contrato, el contratista debe suscribir un contrato de fiducia mercantil para crear un patrimonio autónomo con una sociedad fiduciaria autorizada para ese fin por la superintendencia financiera, contrato que estará contemplado claramente en los pliegos de condiciones anteriormente mencionados.

Bibliografía

North, D. C. (1995). Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. (F. de C. Económica., Ed.). México D.F.

Decreto 1082 del 26 de mayo del 2015.

Decreto 1510 del 17 de julio del 2013.

Ley 80 de octubre 28 de 1993
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¿La economía como una ciencia experimental?

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Bryan Snehider Díaz

Según el diccionario de la real academia de la lengua española, la ciencia es un sistema ordenado de conocimientos que se obtienen por medio de la observación y la experimentación, donde a partir de los mismos se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes haciendo uso de un método científico. La experimentación juega un papel fundamental en la obtención de conocimiento científico, esta consiste en estudiar un fenómeno en un ambiente controlado, aislando todas las variables que puedan incidir en él para poder deducir la causa o causalidad del fenómeno en cuestión.

La naturaleza y complejidad de los fenómenos que pueden ser observados es difuso, pero más allá de los fenómenos físicos, y químicos, más allá de electrones, sistemas de ecuaciones cuánticos y variables complejas, en el umbral de lo difuso y de lo complejo se encuentra el hombre. Es por ello que muchas ciencias sociales han tenido que conformarse con la elaboración de teorías basadas llanamente en la observación y en la creación de estructuras lógicas de difícil contrastación, que han limitado poderosamente la capacidad de estas a la hora de ofrecer respuestas confiables en la tarea de entender la conducta y la naturaleza humana.

A pesar de todo esto, algunas ramas  del las ciencias sociales, dentro de las cuales se incluye la economía, han incursionado en la experimentación, intentando bajo ciertos protocolos procedimentales reproducir en un ambiente controlado situaciones interesantes en términos científicos, con objetivo de capturar de la manera más exacta posible la naturaleza de la respuesta humana en ciertos ambientes. Dentro de estos intentos es posible localizar a la economía experimental que en el espectro de la teoría ha intentado reproducir situaciones con contenido económico al interior de un laboratorio con el objetivo de explicar y contrastar las teorías propuestas; para esto fue indispensable la construcción de todo un sistema epistemológico con el cual entender la racionalidad humana que hasta entonces había sido abordada por la economía de una manera ciertamente rígida e inapropiada.

La mayor parte de las ciencias evolucionaron al amparo de la ilustración, un movimiento intelectual que creía firmemente en el progreso basado en el uso de la lógica y en el descubrimiento de leyes universales, cuya comprensión permitiría la construcción de un orden científico, social y económico sin precedentes. Este movimiento tiene su raíz en una variada ramificación de corrientes filosóficas, entre las cuales podemos identificar el racionalismo filosófico, ideado inicialmente por René Descartes. La lógica de Descartes, que describe muy bien la naturaleza de la ilustración, es que todas las construcciones sociales y científicas relevantes eran el resultado de un ejercicio consciente de la lógica, esta es la naturaleza del afamado racionalismo constructivista.

Con este espíritu las grandes ciencias, al amparo de un grupo selecto de mentes iluminadas, lograron extender sus raíces y tejerlas cuidadosamente al interior de los círculos sociales y políticos más importantes de la sociedad moderna. Pronto dicha curiosidad se extendió más allá de los fenómenos propios de las ciencias naturales y se dirigió a la conducta, pensamiento, y racionalidad del ser humano, cuyo primer gran exponente, en lo que a economía respecta, fue el filósofo escoces Adam Smith, que en un esfuerzo increíble logró utilizar una dialéctica impecable para  explicar  lo que a su parecer era la naturaleza económica y moral del ser humano.

Pero más allá de eso existe al interior de los seres humanos otro orden racional, que los científicos sociales hasta hace poco no habían sido capaces de entender, un orden que puede observarse y sentirse al caminar al interior de un suburbio a media noche donde dealers y prostitutas caminan de una acera a otra intentando resguardarse del frío, cuyas raíces pueden seguirse hasta días negros y sombríos como el afamado jueves negro, cuando el sonido que indicaba el cierre de la bolsa dejaba, sin razón lógica aparente, a miles de personas en la quiebra, y que puede incluso olfatearse y sentirse cuando un maestro del piano interpreta su más perfecta y apreciada pieza musical. La lógica sobre la que hemos erigido nuestra civilización, lo que Vernon Smith (2005) denominó racionalidad ecológica.

Para entender correctamente a lo que Smith hace referencia con racionalidad ecológica hay que dar un par de pasos atrás y enfocarnos primero en lo dicho por el economista e historiador norteamericano Douglass North. Para North los intercambios económicos se fundamentan en más que la racionalidad, los intereses y la escasez relativa de los bienes, sino que además su eficiencia dependía de los acuerdos sociales que las personas idean para poder llevarlos a cabo, es decir en las instituciones. En un inicio la lógica de North (1995) puede parecernos demasiado abstracta, porque en últimas aquello que podemos observar al interior de un mercado son personas, mercancías y precios, pero si nos detenemos a observar cuidadosamente cada elemento presente en una transacción no tardaremos en identificar estos arreglos a los que la literatura económica ha denominado como instituciones.

Si analizamos detenidamente, una persona que asiste a un mercado a intercambiar mercancías, lo primero que podremos identificar es que esta intercambiará un fajo de papeles sellados sin utilidad aparente por mercancías útiles para la supervivencia en el sentido primitivo de la palabra, tales como alimentos, víveres, herramientas, etc. Lo segundo que podremos identificar es que dicha persona sabía que si quería adquirir dichas mercancías debería dirigirse al lugar en cuestión y no a otro, además de esto la persona ha decidido llevar dichos papeles, en vez de entrar con un arma en las manos y obligar al tendero a darle lo que necesita, todo esto surge gracias a un acuerdo tácito al que han llegado las personas a la hora de intercambiar mercancías y cuya naturaleza define también la naturaleza de la actividad económica.

Estos intercambios son dinámicos y evolucionan a lo largo del tiempo, es decir su funcionamiento tiende a adaptarse cuidadosamente a las necesidades del medio. Por ejemplo, el acuerdo a la hora de intercambiar solía ser entregar mercancías por mercancías, después metales por mercancías y al sol de hoy, solemos entrar a un mercado y no entregar nada a cambio, solo una promesa de pago. Una institución puede surgir según Vernom Smith de una situación en la cual algunas personas encuentran más fácil solucionar conflictos por medio de normas de buena comunidad, que acudiendo a los tribunales, pagando abogados y asumiendo el costo de un largo proceso judicial.

Un sistema ecológico por ende es un sistema no planeado que consta de determinados procesos evolutivos, tales como normas, tradiciones y “moralidad”, dicho sistema se caracteriza por prescindir en mayor o menor medida del razonamiento constructivista, pero no necesariamente por ello es menos eficiente, esto deja una gran lección, y es que las personas haciendo uso de la retrospección y de la experiencia, pueden realizar tareas de manera más eficiente, economizando tiempo y esfuerzo, como por ejemplo un malabarista al interpretar un truco, o un experto de la guitarra componiendo una nueva pieza. La racionalidad ecológica hace referencia al uso de todo el arsenal científico disponible para observar, identificar y comprender estos arreglos e incluir en los modelos teóricos la naturaleza evolutiva de los arreglos sociales que amplían el rango explicativo y predictivo de la teoría formal.

Allí es donde puede apreciarse a cabalidad  la importancia del laboratorio experimental que permite, por medio de ciertos procesos metodológicos, comprender el impacto y el comportamiento de los individuos sometidos a un grupo determinado de reglas e instituciones, además de permitirnos una comprensión más cercana de la manera en que estas surgen y del modo en que las personas responden a dichos incentivos. Esto nos lleva a identificar ciertos patrones de conducta en los individuos y por tanto a incorporar en nuestros modelos constructivistas factores que los acerquen más a una certera predicción de la realidad. Además dota a la economía de la capacidad de realizar experimentos que permitan, controlando ciertas variables, entender de una manera más exacta ciertos fenómenos económicos.

El paradigma de investigación al interior de las ciencias económicas se ha venido transformando a lo largo del tiempo, la cuestión no es ocultar los enormes éxitos predictivos de los modelos tradicionales, olvidándonos que estos dieron la base para que otras metodologías pudieran ser exploradas en tanto encontrábamos fallos importantes en sus predicciones, sino enfocarnos en explotar estas nuevas metodologías para dotar a la investigación en economía de herramientas más precisas y mejor adecuadas a la nueva realidad y a las respuestas que esta exige.

Bibliografía

Siegel, S. y Fouraker, L. E. (1960): Bargaining and group decision making: Experiments in bilateral monopoly, McGraw-Hill, Nueva York.

North, D. C. (1995). Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. (F. de C. Económica., Ed.). México D.F.

Smith, V. L. (2005). Racionalidad constructivista y ecológica en economía (*), 197–273.
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La instrumentalización del paramilitarismo en el marco del estudio: La evolución estratégica del conflicto armado en Colombia

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Luis Rangel

Indudablemente el conflicto en Colombia se desarrolla en la actualidad bajo patrones muy diferentes a los que se mostraban ya desde la violencia de los 60s o la explosión del catalizador llamado Narcotráfico en los 80s. La actual visión del conflicto y la importancia que cobra plantea trascender las maneras periodísticas de estudio y requiere aplicar a la información sobre el conflicto herramientas analíticas acordes a su complejidad. Los recientes aportes sobre crimen organizado y carteles de las drogas en agencias de protección y la teoría de la decisión interdependiente (Gambetta, Nozick, Schelling) brindan un marco propicio según Estrada (2009) para tal trascendencia. Veremos en La evolución estratégica del conflicto armado en Colombia (Estrada. 2009) cómo opera el cambio estratégico en torno a las posibles alianzas entre rivales, concretamente paramilitares y estado colombiano.

Las partes en el conflicto armado se han valido de la posibilidad que ofrece y ha ofrecido el estado al limitar su presencia a ciertas regiones centrales o caracterizándola solo como presencia militar. Un estado que no atiende necesidades en su territorio nacional, sino a las propias por medio de la fuerza pública, sumado a una desigual y polarizada distribución de la riqueza, fueron caldo de cultivo para grupos paraestatales que desde hace décadas cambian, mutan y se acomodan para sobrevivir en cada contexto. Ante las necesidades ignoradas por el estado la actividad económica y las interacciones en estos territorios seguían requiriendo una garantía que pudiera mantener la percepción de seguridad frente a la propiedad y los intereses de los individuos. Aquí es donde la protección se configura como un servicio que presta la organización que ejerce control, que posee las capacidades militares, económicas y administrativas para brindar tal servicio y articularlo con su propia actividad económica.

Muy a pesar de lo que delirantemente se difundía tras el periodo del presidente Uribe, el conflicto Colombiano no termino. Esta aireada y apresurada afirmación tenía eco a partir del desarrollo de los programas de reinserción de dicho gobierno y la “terminación” de las estructuras paramilitares sumado a una insurgencia opacada por los éxitos militares de sus contendientes. Este episodio, confuso si se quiere, marca una pauta en términos estratégicos alrededor del conflicto Colombiano, pues redefine estrategias en un escenario ad portas de lo que parecía ser un cambio sustancial en tanto consolidación del poder hegemónico se refiere.

Una estrategia, una decisión que se toma determinada por la decisión, o la creencia en la decisión, que tomara el contendiente, siempre se rige por la racionalidad de los participantes. En Colombia, a pesar de que esta racionalidad pudiera llegar a tener dudosa existencia para algunos individuos inmersos en la guerra si ha definido las actuaciones del estado y los grupos paraestatales entendiéndolos como organizaciones. Es como dicha racionalidad permitió a tales grupos establecer alianzas que pudieran asegurar la continuación, después de su desmovilización, de sus servicios de protección y de sus actividades económicas, que después del estallido del fenómeno del narcotráfico tendieron a relacionarse con éste dados los dividendos que representaba.

Esta lucrativa actividad ilícita, para su expansión y llegada a mercados amplios y prometedores, requirió de convenciones y acuerdos sobre los territorios que tenían que ver con alguna fase del proceso de extracción, procesamiento o transporte y que incluían cualquier autoridad que pudiera incidir, políticos, instituciones, empresas; tal fenómeno derivo debido a su influencia en la inversión de ciertos valores en la población y una nueva matriz cultural tolerante al narcotráfico. El estado perdió la confianza al ser minado de intereses narcotraficantes en sus modos y sus acciones, más claramente aun con las relaciones de gobernantes, capos del narcotráfico y poderes mafiosos en conocimiento de la población. Una amalgama entre lo legal y lo ilegal compone las maneras por las que las agencias de protección, grupos paraestatales, ejercen en los territorios. Coaliciones de las que se sirven organizaciones paraestatales y la elite colombiana definen el aparato estatal desde afuera y desde adentro.

“Las redes de información tienen una expansión progresiva de naturaleza no lineal, que opera en una secuencia de relaciones causales que se dispersa conforme las creencias individuales y colectivas. La relación entre información y denuncia pasa en primera instancia por el rumor, comunicar un “dicen que”” (Estrada, 2009). Esta Información circulante cruzada con una red de intereses individuales y colectivos, derivan en ajuste de cuentas, retaliaciones, o motivos para hacer circular una amenaza o un incentivo a quien transmitió la información.

La información circulante en mayores cantidades llego a promulgar el final del conflicto, y reordeno sus “rezagos de la insurgencia” contra las “nuevas bandas emergentes”. Es en este preciso instante donde las estrategias en la partida comienzan a redefinirse. Estas últimas agrupaciones llegaron a copar territorios que fueron controlados antiguamente por la insurgencia o sus progenitores, los paramilitares. Contando con la criticable visión del autor que no manifiesta la relación umbilical estado-paramilitares, se afirma que el estado había “encontrado” un aliado en los grupos paramilitares con objetivos afines, ya no tenía por qué seguir concediéndoles tal beneficio, pues se vitoreaba la falacia del fin del conflicto y este contenía la zona positiva de negociación, o intereses comunes de gobierno y paramilitares. Sin la existencia de tal campo para el encuentro, el estado no tendría por qué reconocer a los grupos paramilitares fuera de los programas de reinserción, inclusive a los paramilitares que al cabo de los programas de reinserción volvían a sus antiguas zonas de actividad armada.

A diferencia de las insurgencias, que son herederas de fenómenos violentos del siglo XIX, los grupos paramilitares no contaron con un sostén histórico-social para su estrategia, por lo que su retórica no tenía calado a pesar de las ayudas y asesorías de académicos colombianos y argentinos. Su argumento ejercía vigilancia y protección para la propiedad en los territorios, mas su estrategia al estar relacionada (y definida diría prematuramente) directamente con el objetivo estatal del mantenimiento del status quo en manos conocidas, no podría basarse nuevamente en la red de coherencia empleada por el estado para decidir sobre su coalición, en donde un punto nodal era, por lo menos ante el público, la existencia de grupos armados de oposición de corte narcotraficante y bandolero.

Sin esta necesidad compartida que representaba una insurgencia moribunda, la estrategia paramilitar dejaba una vacante. Quedaba sin una estrategia clara pero respondiendo a un mercado de los servicios de la protección y la vigilancia, más aun cuando capitales de los comandantes, socios y agrupaciones que representaban se encontraron determinadas por la continuidad de sus negocios, coaliciones regionales, y rutas controladas. Otra manera de ver el aliciente para la creación del nicho que vio renacer el paramilitarismo en bandas emergentes tuvo que ver con el capital de respaldo que lograron obtener gracias al préstamo de sus servicios, que mantuvo sus actividades económicas seguras inclusive bajo los ojos de la ley, esto definido nuevamente por los riesgos que tomaría una elite social y aliada si cambiara esta situación.

La reputación de esta elite como gobernantes, mantuvo esta condición anterior, y logró al mismo tiempo que luego de la deriva estratégica sufrida por los paramilitares posterior a la desmovilización, el estado no pusiera más en juego la estabilidad de su estatus quo y tuviera que, de dientes para afuera, atacar, mostrando resultados públicos, a su nuevo enemigo, las bandas emergentes. En esta necesidad gubernamental de mostrar efectividad frente a su “nuevo enemigo” se encuentra el marco causal para el lamentable fenómeno de los falsos positivos.

La estrategia paramilitar cambio heterogéneamente, del mismo modo en que se distribuían los poderes conforme mandos, financiación de los grupos y participación en el territorio. Tomó un carácter regional mientras se constituían cuerpos orgánicos con estructura de decisiones. La estrategia para estos grupos se consolido en el narcotráfico y mercados ilegales rentables como el contrabando. Esto definió nuevos criterios para la formación de alianzas, conservando estructuras económicas se pudieron flexibilizar sin el agravante estratégico compartido, ya no comprometidos con el estado en sus fines conservaron redes de información, capital de respaldo, alianzas y sociedades con grandes propietarios, empresarios y gobernantes. La estrategia ya no tendría que tener implicaciones políticas. Otra generación venía a cosechar, socios antiguos y nuevos departían con gusto, el festín alcanzaba para todos.

Vemos como la instrumentalización estratégica de los paramilitares por parte del estado Colombiano y/o una elite política, configurada regionalmente en muchos casos, no victimizó a ninguna de las dos partes sino que más bien abrió mercados para acuciosos y rapaces inversionistas nacionales y extranjeros, que luego del cambio estratégico de su perro de guerra paraestatal, vieron las fuerzas de su enemigo común, la insurgencia, menguadas a un límite razonable para tomar los riesgos y vieron sus necesidades de protección y seguridad satisfechas hasta el horizonte de sus inversiones.

Sin lugar a dudas las categorías desarrolladas a partir de la teoría de agencias de seguridad tiene aplicabilidad en nuestro contexto conflictual, más aun cuando interviene el análisis del fenómeno del narcotráfico en sus justas y abrumadoras proporciones. Sin embargo, tales análisis, tal y como proceden en la Evolución estratégica del conflicto se ven en mi lectura más cómodos cuando se habla de organizaciones paramilitares en específico, pues como se veía en los desarrollos anteriores las redes de coherencia que sostienen las estrategias de los grupos armados contienen diferentes criterios entre los que se destacan para algunos el mantenimiento de un capital de respaldo social e ideológico de tradición histórica en ciertas regiones del país, así como lo afirma el autor al referir el origen de organizaciones subversivas a guerras del siglo XIX, que si bien pueden cumplir en la actualidad con las condiciones para considerarlas agencias de protección conviene distinguir contando con los conflictos estratégicos inherentes. De allí que el procedimiento se dé con soltura cuando se habla de paramilitares, pero carezca de información para incluir a las insurgencias.

Referencias

Estrada. F. 2009. Evolución estratégica del conflicto armado en Colombia. En: Munich Personal RePEc Archive. http://mpra.ub.uni-muenchen.de/20075/.
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Bryan Snehider Diaz

El equilibrio de Nash ha sido sin lugar a dudas uno de los aportes más brillantes que se ha hecho al campo de la teoría económica. De una manera sencilla, y matemáticamente precisa, Nash nos demuestra que en un ambiente donde las personas utilizan sus mejores estrategias es posible llegar a un resultado indeseable, donde como si fuera poco, ninguno de los participantes tendrá ninguna motivación para cambiar de parecer. Las conclusiones del equilibrio de Nash parecían sombrías, las personas en uso de sus facultades racionales podrían llegar con mucha facilidad a arreglos como: guerras mundiales, crisis políticas y financieras, destrucción de valor, odio, rencor y xenofobia; aunque si lo miramos con cierta renuencia, nos recordará sin duda la historia universal de la raza dominante en la tierra.

Pero como es evidente en el equilibrio de Nash, el rompe cabezas no está completo, y esto es especialmente evidente cuando observamos los arreglos sociales que las personas realizan en el diario vivir, no solo las leyes que nos gobiernan, sino también las instituciones financieras, las transacciones virtuales, la existencia de organismos internacionales e incluso la conciencia de que si mañana queremos comprar fruta es la plaza el lugar donde debemos acudir, son ejemplos de que de algún modo los seres humanos encuentran muchas veces la forma de establecer relaciones de mutuo beneficio, más allá de lo que un maximizador neto haría. En conclusión el conflicto y la cooperación pueden ser caras distintas de la misma moneda, es decir, personas respondiendo a los incentivos.

Esto es a lo que Jack Hirshleifer (2005) llama, el camino Coase y el camino Maquiavelo, en resumidas cuentas, Ronald Coase profería que las personas no dejarían escapar la oportunidad de asumir empresas de mutuo beneficio; mientras que Maquiavelo consideraba que nadie dejará pasar una oportunidad de obtener ventaja  a costa de los demás. La relación entre la racionalidad y las instituciones nos dejan claro que ambas cosas interactúan y existen en la realidad económica y material de las personas, pero sobre todo nos permiten concluir lo que es una de las ideas principales de este escrito: Es posible que los seres humanos en búsqueda de sus mayores beneficios lleguen a acuerdos socialmente indeseables.

Ejemplo de esto es el sistema político. La eficiencia del sistema político es de especial interés para la economía en general, sustancialmente porque es el ente que a grosso modo diseña la estructura institucional sobre la cual se generará la vida económica, la actividad política en sus múltiples dimensiones puede permitirnos entender a la perfección las diferencias y similitudes entre el camino Coase y el camino Maquiavelo. Por un lado es posible afirmar que la existencia y evolución de los sistemas políticos desde la esclavitud hasta las modernas democracias se debe en gran medida a la tendencia colectiva a encontrar maneras eficientes de realizar diversas actividades, mientras que a su vez también es posible encontrar casos tan desproporcionados de corrupción y conflicto, que no sería difícil considerar el camino de Maquiavelo como la conducta humana universal.

Se puede pensar por ejemplo en la literatura sobre el afamado fenómeno de la búsqueda de rentas, cuyas raíces se hunden profundas en la teoría económica, donde un individuo intenta obtener beneficios, explotando y utilizando a su favor el entorno político y económico. Como es obvio esta actividad genera un enorme costo social, en primera estancia porque las influencias ejercidas en el aparato político pueden llevar al nepotismo, al clientelismo, y a la asignación ineficiente de los recursos, además de que los entes privados que ejercen las actividades de influencia deben a su vez asumir un costo por estas. Por ejemplo, si al asignar una licitación los empresarios que van a competir por ella deben además del costo de llevar acabo el contrato, realizar actividades de influencia que representan al menos una proporción X del contrato que van a realizar, el costo inherente de realizar dicha actividad será más alto de lo que sería de no existir la búsqueda de rentas.

En los fenómenos ineficientes, como el fenómeno de la búsqueda de rentas es posible identificar la existencia de soluciones ineficientes que dependen en buena medida de las instituciones que rijan la asignación de recursos al interior de los mercados política, alejándonos del camino de Coase y originando una orgía de destrucción de recursos y bienestar sin precedentes. Esto nos lleva a la observancia de la enorme importancia que poseen las instituciones, si son diseñadas correctamente para evitar ineficiencias de mercado, conductas inmorales, y conductas nocivas para la estructura económica en general. No obstante diseñar las reglas de juego adecuadas es todo un arte, sobre el cual la economía experimental tiene mucho que decir, porque la segunda gran conclusión es que cuando se trata de personas, difícilmente  se puede llegar a soluciones satisfactorias fácilmente.

Bibliografia.

Krueger, Anne (1974). «The Political Economy of the Rent-Seeking Society». American Economic Review 64 (3): 291-303.

Hirshleifer, J. (2005). El lado oscuro de la fuerza.

Goeree, J. K., & Holt, C. A. (1999). Classroom Games Rent-Seeking and the Inefficiency of Non-Market Allocations, 13(3), 217–226.

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Bryan Snehider Díaz

Una de las bases fundamentales de la actividad económica son las transacciones, definidas como el intercambio de bienes entre dos sujetos. Como es evidente las transacciones dependen de una gran cantidad de variables, tales como los costos, los precios, las preferencias, y el nivel de información que los sujetos posean sobre dicha transacción. Esta última variable suele poseer una lógica menos intuitiva que las demás, pero no por ello es menos importante. La lógica subyacente es que las personas realizarán una transacción o no, según el conocimiento que posean sobre el objeto de la misma y sobre las circunstancias de dicho mercado; pero a su vez dicha información está esparcida por la totalidad de la economía y es imposible poseerla toda.

Si las personas poseen toda la información necesaria, podrán negociar hasta llegar a una transacción mutuamente beneficiosa y eficiente; es decir donde ninguno de ellos pueda mejorar sin que el otro empeore, el problema es que cuando la información está distribuida asimétricamente (es decir uno de los dos sujetos está mejor informado que el otro) el mercado puede arrojar asignaciones ineficientes. En esta situación el sujeto mejor informado no tiene ningún interés con respecto a compartir la información que posee sobre la transacción, es por ello que puede ser conveniente establecer reglas e incentivos contractuales que influyan sobre el comportamiento de los individuos para guiar sus interacciones.

El diseño de mecanismos aborda esta cuestión. En el contexto de la teoría  principal agente, donde un sujeto a quien denominamos principal contrata uno o varios agentes que estarán mejor informados que él durante la realización del contrato; el diseño de mecanismos estudia las medidas que debe tomar un principal para evitar que los agentes se comporten de manera oportunista y asegurar la consecución de resultados que se hayan establecido previamente y que sean deseables desde el punto de vista social.

Una forma sencilla de pensar en un mecanismo es concebirlo como un conjunto de instituciones formales (leyes, normas, códigos, reglamentos, instrucciones, procedimientos, etc.) que pueden interponerse en la interacción de una relación contractual con el fin de conseguir un resultado determinado de antemano. En otras palabras, busca compatibilizar los incentivos de los agentes con los del principal. De acuerdo con la teoría del diseño de mecanismos puede considerarse como la parte “ingenieril” de la teoría económica, dado que permite determinar un resultado factible y socialmente óptimo en ambientes de información asimétrica y, a partir del mismo, modelar un marco institucional que alinee los objetivos particulares con el interés colectivo.

La pregunta es si el papel de las instituciones se puede aprehender mediante herramientas analíticas apropiadas e incorporar en modelos económicos –metafóricamente, si las instituciones pueden ser introducidas en los modelos como variables aunque sean desconocidas, en vez de como partes fijas del paisaje (como es, por ejemplo la competencia perfecta en tantos modelos de la corriente dominante). Si podemos construir tales modelos entonces también podemos considerar la incorporación de dispositivos de implementación con sus posibilidades y limitaciones.

En términos teóricos, la teoría del diseño de mecanismos puede entenderse como el dual de la teoría de juegos. Cuando se considera un juego se parte de las estrategias disponibles para los participantes y luego, se calcula el equilibrio al que llegarán tras su interacción y los pagos que obtendrá cada uno. Esto implica que se estima el resultado económico o social que generarán las instituciones. En el diseño de mecanismos por su parte sucede todo lo contrario. El ente planificador define el conjunto de reglas a las que estarán supeditados los individuos, asegurándose de que estas les proporcionen los incentivos necesarios y suficientes para que se comporten como él lo ha previsto y alcancen un resultado predeterminado. Por esta razón el mecanismo debe inducir a cada parte a que revele su información puesto que esta es la única manera de garantizar la correspondencia de sus objetivos.

Teniendo en cuenta las preferencias de los agentes, el planificador deberá diseñar el mecanismo socialmente aceptable a través del cual interactuarán los agentes, para que el equilibrio que se alcance, de modo tal, que el concepto de solución escogido coincida con el resultado previamente establecido. Es decir, consiste en establecer reglas de modo tal que a un agente racional le resulte conveniente comportarse del modo en que el principal desea llegando a la conclusión establecida por este. En tal situación se dice que el resultado de equilibrio, que produce el concepto de solución en dicho juego es único y eficiente, se dice que el mecanismo puede implementarse y, por tanto, podrá ser puesto en práctica.

No está de más aclarar que dichos mecanismos cuentan con ciertas restricciones en lo referente a su implementación. Maskin menciona que es posible que un equilibrio de Nash, no se cumple por sí mismo, es decir que los agentes disponen de un arsenal de estrategias legales e ilegales, dado los incentivos los agentes podrían decantarse por el uso de estrategias ilegales, haciendo que el equilibrio de Nash no se cumpla. Maskin se preguntó por la posibilidad de diseñar mecanismos en los que todos sus equilibrios fuesen óptimos para los agentes, pero que a un tiempo, el resultado de cada equilibrio coincidiera con el resultado Pareto eficiente en cada estado de la naturaleza, siguiendo un criterio de optimización social.

La primera propiedad para que esto pueda cumplirse es que las regla de elección social usada por el agente debe ser monótona, esto quiere decir que si en una RES el resultado a es óptimo en relación con algún perfil de preferencias de cada agente en el estado de la naturaleza 0, y el perfil de preferencias cambia, entonces el resultado no debe descender en el orden de preferencias de los agentes, por lo que seguirá siendo óptimo en el nuevo estado de la naturaleza 0’.  Adicionalmente si en el mecanismo interactúan al menos 3 agentes, la monotonicidad por sí sola no bastará para garantizar la implementación, por lo que será necesario imponer la ausencia de poder de veto como una condición suficiente.

Referencias

Estrada, I., Palacio, L. A., & Meneses, C. P. (2015). Diseño de mecanismos como herramienta para alcanzar objetivos socialmente deseables. Epistemología de Las Ciencias Sociales.

Hurwicz, L. (2009). ¿ Y QUIÉN VIGILARÁ A LOS VIGILANTES ?*, (1), 7–20.
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El nuevo paradigma en la ciencia económica

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Resumen elaborado por: Bryan Snehider Díaz

El papel de la información en el funcionamiento de la sociedad y de la actividad económica es tal que nos movemos constantemente sobre sus cimientos sin percatarnos.  Cuando elegimos una carrera, cuando preferimos un producto del que hemos escuchado hablar, cuando decidimos llevar la sombrilla esperando un día lluvioso, estamos haciendo uso de grandes cantidades de información, y lo que es más importante, información incompleta.

La información puede entenderse como un flujo o conjunto de datos que cambia el estado de conocimiento del sujeto que recibe el mensaje, dada esta definición es evidente que la información cumple un papel relevante en las decisiones sobre las que se fundamenta el comportamiento del mercado, a tal punto que con la aparición de la economía podemos hablar de un cambio de paradigma en la economía.

Cuando hablamos de imperfecciones en la información hablamos de conocimiento incompleto sobre el objeto de decisión, según explica la teoría económica tradicional este tipo de situaciones no son verdaderamente importantes en el funcionamiento del sistema de precios. Basta echar un vistazo a la realidad para notar que muchas veces las predicciones de la teoría económica tradicional no siempre se cumplen, las teorías muchas veces prestan poca atención a la pobreza, dicen que los mercados se equilibraban y afirman que el beneficio garantiza que no haya discriminación en los mercados. El problema es que la teoría muchas veces era incapaz de explicar la aparición de instituciones ineficientes. Para enfrentarse a esta clase de incongruencias era necesario evaluar por completo el modo en que los modelos convencionales podrían tratar los problemas relacionados con las imperfecciones en la información.

En un intento por modificar los modelos para adecuarlos a esta nueva realidad, algunos teóricos optaron por incorporar la información al modelo estándar del mismo modo en que se analizaban los demás factores productivos. Una vez se conozcan los costos reales de la información podrían incorporarse en la oferta y la demanda como un costo de transacción, sin modificar el equilibrio de una manera importante. Por lo que el sistema de precios seguiría arrojando asignaciones eficientes en el sentido de Pareto, salvo ciertas excepciones poco probables conocidas como fallas del mercado. Según afirma Stiglitz los fallos no son la excepción sino la regla; en presencia de fallas en la información incluso pequeñas asimetrías podrían conducir a grandes cambios con respecto al resultado óptimo.

Tomando como ejemplo el mercado de trabajo Keniano de los años setenta, Stiglitz nos explica el modo en que la información hace parte de la relación empleador-empleado. La lógica es la siguiente: un empleador ha de tener incentivos para conocer el verdadero rendimiento de las personas a las que va a contratar, el problema es que una vez dicho rendimiento es revelado cualquier empleador podrá sacar ventaja y ofrecer salarios más altos al empleado; es decir la información se comportaría como un bien público. En este sentido el empleador solo tendrá incentivos para invertir en conocer el desempeño de sus empleados si tiene un monopolio sobre el uso de dicha información. En ese sentido el sistema de precios debe elegir entre dos fallos distintos, las asimetrías en la información o la competencia imperfecta.

Otro aspecto de vital importancia en funcionamiento del sistema de precios con información imperfecta es que en muchos casos puede evitar o imposibilitar el surgimiento de cierto tipo de transacciones o hacerlas más costosas, como es el caso de la contratación. Como sabemos, los contratos están diseñados para formalizar un acuerdo entre dos partes, y permitir claridad en el compromiso; en la práctica los contratos son imperfectos. Esto quiere decir que es imposible contener todos aquellos aspectos de la realidad que sería importante definir dentro de la realización del contrato. Con información perfecta las empresas firman un contrato y cada quien hace lo que le corresponde, pero en la vida real los gerentes deben coordinar, motivar y regular a sus empleados en las tareas que la empresa requiere y aumentar en lo posible su nivel de eficiencia.

Dichas imperfecciones no solo pueden hacer más costosas las transacciones sino que también pueden imposibilitar la creación de cierto tipo de mercados. Pensemos por ejemplo en mercados donde para el comprador sea imposible conocer la calidad del producto que va adquirir, es claro que los vendedores tendrán incentivos para aprovechar estas falencias en la información para estafar a los potenciales compradores ofreciéndoles productos muy por debajo de la calidad estándar, dado que el vendedor mismo no se vería afectado por dicha conducta. Evidentemente los compradores empezarían a ser reticentes y probablemente el nivel de demanda del producto reduciría haciendo que aquellos productos de buena calidad deban venderse a un menor precio. Es precisamente por esto que los productos de mala calidad terminarían por desplazar a los de buena calidad y en últimas destruyendo por completo dicho mercado.

Lo interesante es que la mayoría de los mercados están caracterizados así; es decir que los vendedores a menudo están mejor informados sobre el producto; lo que nos deja un interrogante: ¿Cómo logran mantenerse sin colapsar tal y como lo predice la teoría en dichas circunstancias? La respuesta también viene de la mano con la economía de la información, las acciones y decisiones tomadas en el mercado pueden transmitir información. Por eso es que las empresas pueden desear ofrecer garantías sobre sus bienes, o una empresa puede desear pagar un precio distinto por el trabajo de un individuo, en últimas el impacto de esto es evidente: hacer que el mercado funcione de una manera totalmente distinta a como lo haría si no existieran asimetrías.

En resumen el nuevo paradigma de la información socavaba las bases más importantes de “las leyes básicas de la economía”. La existencia de información imperfecta es capaz de modificar el comportamiento de una gran variedad de mercados, haciendo que la oferta no coincida con la demanda, o imposibilitando su funcionamiento de raíz, modificando el modo en que los grandes ejecutivos asumen riesgos, el modo en que las personas eligen los bienes de consumo primario o la adquisición de un seguro de vida. La información no solo importa para permitir que la academia pueda explicar el funcionamiento del mundo real, sino que también juega un papel indispensable en el desarrollo de un mundo con flujos de información cada vez mayores.

Nota. Esta columna es un resumen de las ideas expuestas en: Stiglitz, J. (2002). La información y el cambio en el paradigma de la ciencia económica. Revista Asturiana de Economía, 25, 95–164.
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¿Qué es la economía política?

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Myriam Edith Monsalve Rondón

En está ocasión les hablaré sobre el concepto de economía política, métodos y clases de la misma. El término economía política fue introducido por primera vez por Antoine de Montchrestien en 1615, y se utilizó para el estudio de relaciones de producción, especialmente entre las tres clases principales de la sociedad burguesa: Los capitalistas, los proletarios y los terratenientes, precisamente cuando la burguesía se empeñaba en tomar el poder en el período de su lucha contra el feudalismo y en el primer período de su dominación los ideólogos burgueses crearon ciertos elementos de la economía política.

La economía política, o ciencia económica, la cual no es exacta, es una ciencia social e histórica, por tanto se puede considerar como aquella que estudia la producción y distribución de los bienes necesarios para satisfacer necesidades históricamente determinadas, de hecho es valedero acotar que la económica política no es neutral ya que tiene beneficiarios y perjudicados.

La economía política ve la actividad económica como el resultado de las necesidades de supervivencia y reproducción del ser humano articuladas a una comunidad y a sus determinaciones legales, técnicos científicas y culturales. Así entonces se pueden determinar entre los fines de la economía política los siguientes:

  • La satisfacción de las necesidades humanas, para realizar de esta manera el progreso de los pueblos, procurando su bienestar general.
  • Enriquecer al pueblo y al soberano.
  • Forjar el poderío económico de los Estados.
  • Mejorar la situación de las clases trabajadoras.
  • Favorecer la recuperación económica.
  • Determinar las leyes o uniformidades que se verifican en el campo de los fenómenos económicos.

Con base en lo anterior podemos citar que para llevar a cabo el desarrollo de la Economía Política es valedero clasificarla en: Macroeconomía, la cual se encarga de estudiar variables tales como el producto, el consumo, la inversión y el comercio exterior; y de otro lado la microeconomía estudia los agentes económicos y las dimensiones particulares de la economía de mercado en lo que corresponde a costos de las empresas, preferencias de los consumidores y formación de precios, ambos enfoques son necesarios y complementarios.

Por tanto la visión Macro de la economía Política recoge en buena parte la peripecia de los agentes económicos que es lo que corresponde a la actividad micro; y a su vez la actividad micro requiere una visión macro para pretender tener resultados positivos, aplicándose lo dicho por la Escuela de Pensamiento Neoclásica en lo que corresponde a la Macro económica la cual tiene como objetivos:  Crecimiento económico sostenido, pleno empleo, mantener un nivel estable de precios, un uso eficiente de los recursos, y una distribución del ingreso justo entre la población.

De acuerdo a lo anterior, a continuación vemos los métodos utilizados en la economía política para llegar al conocimiento verdadero de los fenómenos económicos:

Método inductivo, el cual consiste en el análisis de los casos o hechos particulares para luego con base a los resultados formular un principio o ley general.  Dicho proceso se puede realizar a través de tres etapas: 1. Análisis y comparación de los hechos, 2. formulación de la hipótesis y 3. Comprobación de la hipótesis.

Método deductivo, el cual consiste en partir de un principio o ley general para llegar después al estudio de los casos o hechos particulares. El cual también se lleva a cabo por etapas: 1. Formulación de un principio o ley general. 2. Estudio comparativo de los casos particulares.  3. Comprobación del principio enunciado.

De otro lado veamos las clases de economía política:

Economía política pura: Es un conjunto de conocimientos netamente teóricos a través de los cuales se estudia las relaciones económicas espontáneas de los seres humanos.

Economía política aplicada: Corresponde a la aplicación de los principios teóricos de la Economía Política, su finalidad es señalar los medios más adecuados para lograr el bienestar social.

Economía Política Social: En la cual se trata de las relaciones voluntarias de los seres humanos teniendo en cuenta el mejorar sus condiciones de vida.

Para finalizar es de suma importancia tener en cuenta la economía política y el desarrollo económico del estado ya que desempeña un papel en la organización social del trabajo, como también en la manera de percibir la riqueza y la porción que se recibe de la misma; siendo el estado así el reflejo de las necesidades económicas de la clase que gobierna la producción.  Un ejemplo claro es el caso de la clase capitalista que se vale en vasta manera del Estado para proteger las relaciones capitalistas de producción y consolidar sus propias posiciones económicas.

En síntesis, la economía política consiste en observar el comportamiento del hombre ante el problema de la satisfacción de las necesidades individuales en condiciones de escases de recursos, con llevando al análisis bien sea desde el punto de vista inductivo o deductivo.

Bibliografía

Borísov, Zhamin y Makárova.  Diccionario de economía política.

GARCIA, Valeriano F.  Para entender la economía política (Y la política económica)

MENGER, Carl. Principios de Economía política.
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